Economía

Brasil: del sueño de potencia a la pesadilla de la crisis

Inflación y caída de la actividad se conjugan con una creciente pelea política por el caso Petrobrás. Cómo afectan el ajuste y la devaluación del real a la economía argentina.

Domingo 29 de Marzo de 2015

Hay aroma de fin de fiesta en Brasil. Las luces brillantes que acompañaban la gran performance del emergente del vecindario comenzaron a empañarse ya durante el primer gobierno de la actual presidenta Dilma Rousseff, para apagarse por completo durante los tres primeros meses de este año, durante los cuales se conjugaron problemas económicos como recesión y suba de la inflación, con otros de corte político encabezados por el mega escándalo de corrupción que sacude a Petrobrás, la multilatina estatal mimada de las gestiones del Partido de los Trabajadores.

   Las cifras de crecimiento récord de los dos mandatos del carismático Lula da Silva, cuando el país acumuló tasas de crecimiento de 4% en promedio entre 2003 y 2010 (con un pico de 7,5 por ciento en 2010) apoyado en el aumento del consumo interno y las exportaciones de commodities parecen algo del pasado.

   La nueva clase media, esos casi 40 millones de personas que gracias a la creación de empleo y los subsidios estatales lograron salir de la pobreza y acceder por primera vez a vacaciones pagas, hoy sufre el aumento en los precios de los alimentos, el transporte y las tarifas de electricidad.

   Traducido a cifras, el PIB de Brasil pasó de crecer un 7,5% en 2010 a estancarse en 2014, con una previsión para 2015 de una caída del 0,5%, según las estimaciones del Banco Mundial.

   La inflación, un fantasma colectivo que pesa en la memoria reciente de los brasileños, trepó al 6,2% anual en 2014, el mayor ritmo de los últimos tres años, y en febrero pasado llegó al 7,7%, muy por encima de las metas oficiales establecidas en el Presupuesto.

   Por último, la acelerada devaluación del real respecto al dólar, que acumula una caída del 35% en el primer tramo de este año —la moneda cotizaba la semana pasada 3,18 unidades por billete estadounidense, contra 2,65 a finales de 2014— busca relanzar los niveles de competitividad externa con un costo interno inevitable que es la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados de ese país.

   En este escenario, agravado por el escándalo político que significan las sospechas por corrupción a altísimo nivel en Petrobrás, el Brasil del PT comenzó la era del recorte con un volantazo económico drástico: recortes en el gasto, suba de impuestos y de las tasas de interés (que frenan el consumo y contienen la inflación), e incrementos en combustibles y tarifas.

   Todo de la mano de la gestión del flamante ministro de Hacienda Joaquim Levy, un cuadro surgido de la escuela ortodoxa cuyo desempeño en las gestiones trabajistas no hubiera podido ser imaginadas hasta hace un tiempo.

Tensiones políticas.En la opinión de Dante Sica, de la consultora Abeceb.com, el derrumbe del “milagro brasileño” se explica porque durante la primera gestión de Dilma comenzaron a abandonarse los “fundamentals” de la política macroeconómica puestos en marcha por Fernando Henrique Cardoso, y continuados por Lula da Silva.

   “Con Dilma comenzó la inconsistencia monetaria y fiscal, subieron el déficit y la inflación, y todo eso generó la desconfianza de los mercados, que a su vez hizo perder fuerza al consumo y a la inversión”.

   En la actualidad, con un dólar fuerte por la desaparición de los incentivos en Estados Unidos, Dilma decide pone en marcha una política que permita el regreso de la consistencia económica, “a contramano de lo que prometió hace pocos meses atrás”.

   Para Sica, el principal problema de Brasil es político, y hoy tiene su núcleo duro en el tema de la corrupción en Petrobras que golpea directo en la mandíbula al gobierno.

   “Eso genera ruido en un proceso de ajuste que no está muy aceptado por varios actores económicos, y que incluso es resistido por parte del propio gobierno del PT”, explicó el economista.

   A modo de ejemplo, recordó que hace pocos días el Congreso —incluído algunos supuestos aliados de la presidenta— rechazó el plan de ajuste elaborado desde el Ejecutivo, lo que genera todavía más incertidumbre en un mercado que viene golpeado.

   “No creo que se profundice la devaluación, me parece que la depreciación del real se encuentra atada al fortalecimiento del dólar a nivel mundial, y que no ayuda un frente interno complejo perjudicado por las denuncias en Petrobras”.

   La petrolera estatal está pagando caro su megaescándalo de corrupción, con desvíos de fondos públicos de millones de reales que provocaron una caída estrepitosa de sus acciones bursátiles.

   A finales del mes de enero, la agencia de riesgo Moody’s bajó de categoría a la petrolera, que pasó de tener grado de inversión segura a especulativa. “Existe un gran problema político, con Petrobrás como elemento fundamental, que toca fuerte a la alianza en el poder, el ambiente está muy convulsionado”, sostiene el analista, quien recordó que el gobierno “hace apenas cinco meses que ganó las elecciones” y hoy debe incluso escuchar hablar de un empeachement. “Dilma sale a aclarar todo el tiempo que no hay una tercera vuelta”.

   Por eso, el foco de la crisis “es político”, lo que obliga al gobierno a buscar la manera de salir de esto y solucionar los chispazos internos “para poder darle consistencia política al ajuste”.

   “Esto también es consecuencia de que hubo cambios en la política interna entre los gobiernos de Lula y de Dilma, que abandonó los fundamentals macroeconómicos y generó una caída de la inversión”, sintetizó.

Competitividad. Brasil es uno de los emergentes que más sufre la fortaleza del dólar a nivel internacional, algo que se explica por las modificaciones en la política monetaria que lleva adelante la Reserva Federal en ese país.

   Este dato, que en realidad afecta a todas las monedas del mundo (el euro, por ejemplo), toca con mayor intensidad al gigante del Mercosur, que se había visto muy beneficiado por la llegada de capitales financieros durante los años del dólar barato.

   Las últimas medidas tomadas por Rousseff le agregan mayor presión cambiaria a Argentina para los próximos meses y auguran una caída en las ventas a Brasil.

   Sin embargo, para Sica no habrá una invasión de productos brasileños producto de la depreciación del real ya que el gobierno argentino “tiene una administración casi total de su comercio exterior”.

   Lo que sí está claro es que, de mantenerse este escenario en el tiempo “aumentará la brecha competitiva entre los productos argentinos y los brasileños, lo que podría impactar sobre el entramado local en el futuro”.

   “Eso será trabajo para el que venga, el gobierno no va a cambiar la política cambiaria antes de las elecciones, por lo que los temas de competitividad le quedarán por resolver al próximo gobierno”, explicó.

   “La mirada real dice que lo que más se verá afectado son las exportaciones hacia Brasil de la producción local, este año le venderemos menos que el año pasado, y eso lo sentirá más que nada el sector automotriz”, dijo.

   Como explicó Juan Pablo Ronderos, también de la consultora Abeceb.com, para Argentina las turbulencias que atraviesa la economía de su mayor socio comercial significan “menos dólares comerciales, menos actividad para sectores que ya vienen golpeados como la industria, más riesgos sobre el empleo y más presiones domésticas para acelerar la devaluación del peso”.

   Un combo poco deseado en un año eleccionario, y con la propia economía en permanente estado de revisión.

 

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