Domingo 29 de Mayo de 2022
La sustentabilidad como salida de la crisis es un planteo base del partido socialista y un estandarte que encuentra en la provincia innumerables casos que confirman que la bioeconomía aplicada a partir de la articulación de ciencia, tecnología, innovación, sector público y privado, entre otros actores y factores, es la forma de lograr mayor producción, agregado de valor y por ende, más empleo y riqueza. Su traducción en acciones concretas y transformadoras es el objetivo para la construcción de ese modelo de desarrollo con inclusión social y cuidado ambiental.
“Hace largo tiempo que en Argentina venimos discutiendo la macro desde la variable financiera, de la deuda pública, el deficit fiscal, la emisión monetaria, el tipo de cambio, la tasa de interés. Obviamente hay que discutirlo, pero no vamos a resolver ninguno de esos problemas de la variable macro si no producimos más”, expresó Gonzalo Saglione, economista y ex ministro de Economía de Miguel Lifschitz, en cuyo homenaje se editó y presentó esta semana el libro Bioeconomía, una compilación de diez encuentros virtuales con especialistas y referentes de la temática, organizados por la Usina Social (ver aparte).
En ese sentido, Saglione aseguró que “no vamos a resolver la pobreza bajando la inflación o modificando el tipo de cambio mágicamente: Vamos a resolver la pobreza produciendo más, sentando en una misma mesa a diferentes actores, como se hizo en este ciclo (de charlas de la Usina Social), abordando las problemáticas reales de cada uno de ellos y generando una agenda que permita ir resolviéndolas, aportando cada uno su parte”, dijo, en alusión al Estado por una parte, y al sector privado, por otra.
Para el economista “gastamos mucha energía si los temas de la agenda mediática continúan siendo otros, desde hace largos años. Tal vez estas discusiones de fondo respecto de cómo producir más, son menos atractivas para dar en discusiones públicas, pero son las que nos van a permitir resolver los problemas estructurales de fondo de la economía argentina”, sentenció.
Es que “no tenemos tiempo. Porque mientras nos demoramos, el mundo avanza en cada aspecto de la bioeconomía. Acá la discusión política atrasa y es un grave problema a resolver, porque la oportunidad la tenemos. El problema de la lamentable guerra (Rusia-Ucrania) también genera una ventana de oportunidad y mientras tanto, nosotros estamos discutiendo si le ponemos retenciones a las exportaciones. Las retenciones tienen 100 años en la Argentina. Las usan con diferentes necesidades, pero nadie analiza el problema de cómo impacta en las complejas cadenas de valor de la bioeconomía”, advirtió Alicia Ciciliani, ex diputada y ex ministra de la Producción de Santa Fe.
Según la contadora, “el problema de la crisis en la Argentina es puramente político. Por eso para nosotros es tan importante ir a sentarnos a la mesa política hoy, y redireccionar la discusión sobre cuál es el modelo de desarrollo. ¿Es vaca muerta? No decimos que no. Pero ahora le sacamos el cepo y mientras tanto al campo lo están matando no sólo económica sino anímicamente, porque lo están enfrentando con la sociedad. Eso es suicida”, afirmó.
“Estamos convencidos que la Argentina tiene una oportunidad con la bioeconomía. Pero primero hay que entender su amplio espectro. Tenemos una oportunidad, pero no tenemos tiempo y corremos el riesgo de que continuemos invirtiendo en las universidades, en recursos humanos, y resulta que los chicos se van porque el país no les ofrece alternativas”, alertó.
Al respecto, el decano de la facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario, Andrés Sciara, lamentó “volver a ver emigración masiva de jóvenes recién egresados, siendo que tenemos los recursos y capacidades para tener otro futuro”.
El docente e investigador destacó en ese sentido que Santa Fe es la primera provincia en el país en tener una licenciatura en biotecnología, fundada “en una en una época donde era muy raro hablar de biotecnología. Los docentes e investigadores de la facultad tuvieron la visión de crearla en una época en la que estaba mal vista la relación entre la academia y las empresas”. En un principio, la carrera estuvo orientada a generar recursos humanos para la investigación en ciencias de la vida y con el transcurso de los años se orientó a la generación de ideas, proyectos y profesionales que aporten al sistema productivo, de salud y a las ciencias de la salud, pero con una mirada más amplia.
“Rosario es un polo tecnológico porque hace más de 30 años tuvo esa visión, que fue apoyada y cuyo mascarón de proa es (la empresa biotecnológica) Keclón, que se generó gracias a docentes, investigadores y graduados de la facultad. Ese es el potencial que tiene nuestra universidad y no hay otra que genere tantos institutos de tanta calidad en el país. Eso también tiene un potencial enorme y no queremos que quede en eso. Tenemos muchos proyectos e ideas constantemente”, auguró Sciara.
En el otro extremo, el decano mencionó las restricciones a la bioeconomía y su aplicación, como los problemas de patentamiento (Argentina está fuera del sistema mundial de patentes) y la canalización del sistema de subsidios: “Hay formas de orientarlos hacia la bioeconomía precisamente sacando restricciones, potenciando el sistema y fomentándolo”, acotó. “El camino está hecho. Hay un recorrido de décadas y lo tenemos que aprovechar. Este es nuestro objetivo, generar ese consenso político para que se tomen las decisiones correctas”, remató.
Economía sustentable que crece desde el territorio
La Usina Social es un espacio de inteligencia colectiva, enfocado en la innovación, la generación e intercambio de ideas entre personas comprometidas con sus comunidades, inaugurado en 2019 por el ex gobernador socialista Miguel Lifschitz. A poco más de un año de su fallecimiento, a instancias de la ex ministra de la Producción Alicia Ciciliani y a modo de homenaje póstumo, se presentó esta semana en la sede de Jujuy al 2844 “Bioeconomía, un libro que propone una salida de la crisis con sustentabilidad”.
El texto de formato digital pdf consta de 330 páginas publicadas por el Centro de Estudios Municipales y Provinciales (Cemupro), en las que Ciciliani compiló los diez encuentros online del ciclo de bioeconomía organizados por la usina durante la cuarentena de 2020, con la disertación del propio Lifschitz y decenas de especialistas, profesionales, funcionarios y actores de este patrón de producción y de pensamiento.
Cada capítulo, un encuentro. Se abarcaron temas como la sustentabilidad en el primer eslabón de la cadena, bioenergías, la energía de la naturaleza, biofábricas, biocombustibles, bioeconomía y salud humana, vegetal y animal, la industria de los alimentos y finalmente, bioeconomía y política. Y participaron exponentes del mundo científico y académico de cuatro Universidades Nacionales, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), la Academia de Ciencias Médicas de Santa Fe, La Usina Social, empresarios que mostraron la estrecha interacción con el mundo científico, economistas y cientistas políticos que alertaron sobre los desafíos y las oportunidades que plantea la bioeconomía.
En el prólogo, Ciciliani planteó que “la bioeconomía integra un conjunto de grietas históricas: ciudad vs campo, sector industrial vs sector agropecuario, mercado interno vs mercado externo, mundo científico vs mundo productivo, ambientalismo vs productivismo. Se trata de un modelo tecno-productivo basado en la captura de energía libre, su transformación en biomasa y posterior industrialización integral de todos los productos, subproductos y desechos, con especial cuidado por el medio ambiente. La producción de alimentos, bioenergías, biomateriales, bioplásticos, bioensayos aplicados a la salud humana, vegetal y animal, la bioremediación del ambiente. En suma, una economía basada en la industrialización integral de lo biológico, orientada a la sustitución de exportaciones de bajo valor agregado por exportaciones de alto valor agregado, con desarrollo científico tecnológico en la frontera del conocimiento global y con la posibilidad de convertirse en el eje articulador de todos los sectores productivos sin exclusiones”.
El texto que expone en diez capítulos, “las mejores prácticas de la bioeconomía en la voz de los que la construyen día a día. Apreciamos su magnitud y la latente posibilidad de desarrollo acelerado. También queda reflejada en las exposiciones la necesidad de acciones imprescindibles para construir un sistema son necesarias políticas públicas que creen un sistema, una cultura innovadora que vincule la ciencia y la tecnología a las empresas. Ese nuevo modelo de desarrollo tiene el desafío de nuevas localizaciones, nuevos actores, un nuevo Estado de Bienestar, nuevas instituciones políticas. Gran desafío. Pero es posible como queda expuesto en las páginas que siguen. Marcan un norte. Es la posibilidad de crear nuestro propio modelo de desarrollo y dejar de copiar enlatados”, sentenció la ex ministra.
La publicación “fue parte de un intenso trabajo institucional con La Usina Social, fue una tarea compartida con Universidades y otras prestigiosas instituciones, en medio de la pandemia y no lo sabíamos, pero fue el adiós a Miguel Lifschitz, quien fuera un político ejemplar que honró cada uno de los importantes cargos públicos que ocupó”, señaló en la presentación el rector de la Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci.
El ciclo planteó el “cambio de paradigma hacia algo diferente, sustentable, ecológico, productivo, humano que es la bioeconomía, con espacios de reflexión y casos prácticos para problemas complejos. Desde la política pensamos que sea el cimiento para otro salto, como decía Miguel”, expresó la diputada provincial Clara García, durante la presentación.