Economía

Bajo la lupa: últimos informes de la economía

A raíz de su muerte, la figura de Thomas Griesa, el juez neoyorquino que falló en favor de los fondos buitre ha sido evocada como parte de un pasado asociado al default de Argentina.

Domingo 31 de Diciembre de 2017

Marcelo Ramal (PO)

La figura del juez Griesa

A raíz de su muerte, la figura de Thomas Griesa, el juez neoyorquino que falló en favor de los fondos buitre ha sido evocada como parte de un pasado asociado al default de Argentina. El pago leonino a los fondos buitre, que comenzó a tramitar el gobierno kirchnerista y terminó consumando Macri con el apoyo de Massa y el PJ, multiplicó por diez el valor que estos usureros habían pagado por la desvalorizada deuda argentina. La excusa para este arreglo usurario fue, precisamente, la superación de la cesación de pagos.

Pero a partir de entonces, el macrismo y los gobernadores han avanzado en un endeudamiento que orilla hoy los 350.000 millones de dólares, elevando en más de 100.000 millones la ya elevada hipoteca que dejó el kirchnerismo. Este proceso ha asegurado beneficios extraordinarios a los especuladores internacionales. Pero más de uno de ellos ha salido a alertar, otra vez, sobre la `solvencia` argentina. El FMI, en esa línea, ha exigido como garantía de pago de la deuda a la entrega de los fondos jubilatorios. Pero ello impide que continúen la sangría de divisas y la fuga de capitales, disimulada con nuevo endeudamiento.

Los que se jactan de haber sacado al país de la anterior crisis de deuda preparan una crisis superior. Desde luego, todos los nuevos compromisos de deuda reconocen a la jurisdicción internacional en caso de producirse litigios respecto de su pago. La condición colonial que está asociada a la deuda usuraria de Argentina no se muere con Griesa: los futuros jueces que levantarán el martillo contra el país no están para nada lejanos.

Pero el problema mayor no son ellos, sino la orientación de los partidos y gobiernos que, en Argentina, han reforzado a la deuda externa como factor de sometimiento nacional. El repudio de esta carga intolerable, y la reorientación del ahorro nacional en función de las necesidades de la mayoría laboriosa, sólo tendrá lugar con un gobierno de trabajadores. Para curarse en salud, Macri ha despedido al juez de los fondos buitre recordándolo como un 'hombre justo'.


Ieral

El espejo de Uruguay

La tasa de pobreza no era muy diferente en Uruguay y en Argentina treinta años atrás, pero ahora el 30% de nuestro país compara con menos de un 10% en el vecino.

La divergencia no se explica porque Uruguay haya crecido a un ritmo muy superior, ni por la magnitud de los recursos aplicados a políticas sociales.

La principal razón es que en Argentina las crisis no se previenen, simplemente suceden, mientras que el socio del Mercosur ha logrado “frenar a tiempo” cada vez que un grave desequilibrio estaba por estallar.

Uruguay es, en ese sentido, un laboratorio que confirma la importancia de contar con instrumentos anticíclicos y de buscar soluciones antes de que sea tarde. Y el mérito no está en las políticas económicas, sino en la disposición de sus principales dirigentes y partidos de hacer prevalecer el interés general por sobre lo sectorial.

En muchos episodios puede verse, pero el más nítido fue el de la crisis bancaria de 2001 y 2002, que derivó en la Argentina en la ruptura de todos los contratos, la pesificación asimétrica y el default... siendo que Uruguay logró evitar todos esos extremos.

Como ilustra el libro “Al borde del abismo; Uruguay y la gran crisis de 2002” del economista Carlos Steneri, la actitud responsable de la oposición al entonces presidente Jorge Batlle fue crucial para mantener el crédito abierto pese a la indiferencia del FMI.

Así, las entidades pudieran reabrir tras un largo feriado bancario, con el Congreso aprobando de leyes clave, al tiempo que aterrizaba en Montevideo un avión cargado de dólares, fruto de un préstamo-puente otorgado por el Tesoro de los Estados Unidos.

A la inversa, cada momento crítico de las últimas décadas de la Argentina tuvo el patrón común de una oposición (interna o de otros partidos) apostando a “cuanto peor mejor”, más allá de aciertos o desaciertos del gobierno de turno.

La historia certifica que nuestra dirigencia tiende a tomar decisiones en función de sus intereses de corto plazo, sin que le importen las consecuencias. Así, la única opción es la crisis. Y esto no es neutral en términos sociales.

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