La caída del precio de la soja a mínimos de 18 años complica el tormentoso presente cambiario, la siembra y producción de la campaña gruesa 2024/25, la cosecha de dólares para el año próximo y el romance político con el sector
Sábado 17 de Agosto de 2024
La caída del precio de la soja a mínimos de 18 años no solo complica el tormentoso presente cambiario sino que compromete tres activos de mediano plazo para el gobierno nacional: la siembra y producción de la campaña gruesa 2024/25, la cosecha de dólares para el año próximo y el romance político con el sector.
En medio de una caída de los márgenes, la primera estimación de la Bolsa de Rosario recortó en millones de hectáreas en la intención de siembra de maíz. Entre clima, plagas y precios, la cadena de agronegocios pasa de los aplausos en La Rural a los reclamos abiertos de baja de retenciones o devaluación. El presidente de Ciara - CEC lo expuso crudamente en el encuentro de Idea Rosario, cuando urgió a bajar los derechos de exportación para la soja de 33% a 25%.
En medio de una disputa clave, como es el conflicto salarial aceitero, la batalla de comunicados entre sindicatos y patronales expuso, de forma cruzada, reivindicaciones laterales a la pelea principal pero no menos relevantes. Los gremios acusaron a los empresarios del sector de profundizar el conflicto para presionar al gobierno por ventajas cambiarias o fiscales. Y las compañías devolvieron que los trabajadores lo usan para resistir la vuelta del impuesto a las ganancias sobre la cuarta categoría.
En ese curioso intercambio, cada uno exhibió demandas del otro al Estado nacional, más allá de que la pelea de fondo entre sí sea por el salario y las condiciones de trabajo. La oferta del gobierno nacional a los empresarios, en todos los casos, es inclinar la cancha a favor del capital en esa disputa central del modelo económico. Porque plata, dicen, no hay. Ni en dólares ni en pesos. Las pocas divisas las gasta en intervenir para contener la brecha cambiaria. Y los pocos pesos van a incrementar los fondos reservados de la Side. Mientras, la infraestructura colapsa y las demandas se concentran en las provincias, donde también comienza a romperse el hechizo con los gobernadores.
Luego de un ajuste durísimo, que en buena medida se cargó a los gastos de capital, el gobierno provincial exhibió un leve superávit fiscal en el primer semestre, que no será fácil de sostener en la medida que no vuelvan las transferencias nacionales o se resignen obras y servicios cada vez más básicos. Pese al esfuerzo del discurso oficial, el invierno económico se prolonga y la mayor apuesta del ministro Luis Caputo, si no la única, es bajar la inflación a mazazos.
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El presidente festejó el 4% de inflación que midió el Indec para julio. Con la manta corta, redobla su lucha antiinflacionaria profundizando la recesión, administrando la suba de tarifas y poniendo dólares en la brecha, lo cual presiona sobre el equilibrio fiscal, cambiario y financiero, que a su vez es parte del mecanismo para que los precios no se disparen. El vacío de representación política, agigantado con escándalos y una mayoría oficiosa en el Congreso, le permite morderse la cola sin costos. Quizás sea el verdadero milagro que el presidente reclama que le reconozcan.