Economia

¿Ajuste estabilizador o estabilizar para crecer?

Debates sobre el ancla fiscal. La experiencia indica que los programas de ajuste del FMI terminaron en fracaso. El aprendizaje que deja la política de Néstor Kirchner en 2002

Domingo 08 de Noviembre de 2020

Fracasada la estrategia del shock de confianza tras el acuerdo con los acreedores, los sectores ortodoxos insisten ahora en la necesidad de un ancla fiscal como herramienta de estabilización. En el marco de la desesperación oficial por la estampida del dólar, presionan para ir a un acuerdo con el FMI condicionado a un programa de ajuste fiscal, como solución al problema cambiario. Sin embargo, la experiencia de los programas de estabilización promovidos por el organismo muestra que sus efectos recesivos no logran estabilizar el mercado cambiario, generando un sacrificio inútil de nuestras posibilidades económicas.

Los programas estabilizadores ortodoxos fracasan por estar basados en el supuesto de que el problema externo se origina en un exceso de demanda interna promovido por el elevado déficit fiscal. Sin embargo, el bajo nivel de demanda y producción de la economía en la actual crisis muestra que el origen del problema externo no puede atribuirse a un exceso de gasto. La corrida cambiaria se origina en los errores de intervención oficial en el mercado de cambios, en un contexto de excesiva liquidez inducida por la pandemia. Si se opta por reducir la liquidez menguando aún más la demanda efectiva (conteniendo los ingresos nominales o reduciendo los reales vía devaluación), se corre el riesgo de sacrificar la reactivación sin garantías de estabilidad cambiaria.

Frente al históricamente infructuoso ajuste estabilizador ortodoxo, el gobierno de Alberto Fernández debe aprender de la experiencia económica liderada por Néstor Kirchner años atrás. El líder peronista desencarnado diez años atrás, no postergó su programa económico a lograr un acuerdo de la deuda que llegaría, por el contrario, como consecuencia de la robustez económica alcanzada en autarquía de los mercados financieros internacionales.

Ello le permitió eludir el programa ortodoxo del FMI, logrando la estabilidad del mercado de cambios como condición para un impulso al crecimiento.

La corrida cambiaria recibió el envión inicial de un esquema de incentivos financieros que desalentaban la exportación, incitaban a adelantar importaciones y facilitaba el apalancamiento en pesos para cancelar obligaciones en moneda extranjera. De esa manera, pese a las restricciones a la compra de dólares, el superávit comercial de u$s 11.552 millones generado por la crisis productiva y un turismo saliente en mínimos históricos producto de la pandemia, las reservas cayeron en 3.400 millones en lo que va del año. A contra mano de la dinámica habitual de los ciclos de “freno y arranque”, no se acumularon reservas durante el “freno”.

La corrida cambiaria recibió el envión inicial de un esquema de incentivos financieros que desalentaban la exportación" La corrida cambiaria recibió el envión inicial de un esquema de incentivos financieros que desalentaban la exportación"

El cuadro de situación en el mercado oficial administrado por el BCRA pedía imperiosamente una corrección de la política de la autoridad monetaria. En el informe del mes de agosto señalamos lo excesivo de la devaluación oficial frente a las tasas de inflación y de financiamiento en pesos. Con este telón de fondo, desde el 30 de abril se fueron sucediendo distintas medidas en las que primó restringir más el acceso al dólar dejando como única vía de escape el dólar blue sin tomar ningún tipo de medida para intervenir en el paralelo. Como advertíamos en nuestro informe de agosto, “el riesgo mayor de dicha política es que el dólar blue, donde el Estado no tiene herramientas claras de intervención, se transforme en un dólar de referencia”.

Dos fondos extranjeros vieron todos los condimentos sobre la mesa y comenzaron a armar la operatoria para concretar su ansiado retorno al dólar tras haber llegado a la economía argentina en tiempos de Macri. Sus bonos en pesos ya habían sido reperfilados compulsivamente por Lacunza en la agonía de la gestión macrista ante el temor que detonaran el mercado cambiario, y habían sido tensamente canjeados a los comienzos de la gestión Guzman en su intento por recomponer la “curva en pesos” evitando nuevos reperfilamientos. Sin embargo, Templeton y Pimco ya habían advertido en agosto, cuando el dólar CCL rondaba los $135, que no se sumarían a las nuevas licitaciones en pesos y presionaban por otro tipo de recompensas.

En septiembre, con una cantidad de títulos en su poder estimada en u$s 2.100 millones, su sombra se reflejaba en la acelerada suba del dólar financiero ante una asombrosa pasividad de la política económica, producto de internas entre Economía y el central. Mientras Pesce se negaba a intervenir para bajar el paralelo por no querer financiar con su firma la salida de esos fondos, Economía se trancaba a medio camino entre un reperfilamiento forzoso y unas demoradas licitaciones que implicaban entregar reservas para financiar la huida de los fondos internacionales.

Cuando la crisis llego a su pico y la brecha al 140%, la interna se dirimió a favor de Guzmán y el sector público salió a la cancha con sus bonos bajando el CCL desde el récord de $178 hasta los $150, mientras intenta seducir a quienes tienen tenencia en pesos con colocaciones atadas al dólar oficial. Al respecto, la exitosa colocación de 1.600 millones de dólares en bonos dollar linked (un seguro de cambio a una tasa nula), puede ser una buena herramienta para posponer el problema si logra contenerse el tipo de cambio oficial. Si esto no se garantiza, el problema en 18 meses puede ser aún mayor.

Las idas y venidas oficiales en la reciente corrida cambiaria amerita una reflexión sobre la posición que debe tomar el gobierno para defender a la población de estas especulaciones. Si se decide recomponer el mercado de bonos en pesos aún cuando existen fondos internacionales con la decisión política de irse debe estarse dispuesto a sacrificar reservas para evitar el estallido del mercado de cambio. De lo contrario, la estampida del dólar licúa tanto el intento de recomponer el mercado de bonos en pesos, como el resto de las variables económicas.

Estabilizar para crecer

Los programas de estabilización ensayados históricamente de la mano del FMI fueron un fracaso rotundo. La combinación de devaluación y ajuste, mantra del Fondo y del establishment local, no puede conducir un escenario diferente en las actuales condiciones económicas.

La brecha cambiaria debe ser un objetivo explícito de política económica y ubicarse en torno a un 30% para no generar expectativas devaluatorias La brecha cambiaria debe ser un objetivo explícito de política económica y ubicarse en torno a un 30% para no generar expectativas devaluatorias

No hace falta posponer la atención de demandas sociales concretas a cambio de una señal amistosa con el establishment financiero en nombre de una inefectiva “ancla fiscal”. Frente al embate ortodoxo de ajustar para estabilizar, el proyecto nacional y popular debe aprender de su experiencia histórica. Como en 2002, la principal tarea de la política económica ahora pasa por la necesidad de estabilizar el mercado de cambios como condición para la reactivación.

El programa de estabilización sin ajuste fiscal debe descansar sobre cómo se articulen cuatro variables: tasa de interés en pesos, nivel de reservas, tipo de cambio oficial y brecha cambiaria. Las tasas de interés en pesos deben estar levemente por encima de la inflación y la devaluación para que el acceso a pesos baratos no alimente la brecha. Una política de tasas relativamente elevadas con créditos a tasas subsidadas para fines específicos, puede ser una combinación a explorar.

La recomposición de reservas tiene que ser significativa, evaluando ampliaciones del swap con China y otros organismos.

La brecha cambiaria debe ser un objetivo explícito de política económica y ubicarse en torno a un 30% para no generar expectativas devaluatorias fuertes en el corto plazo. Para ello deben establecerse pautas claras de la trayectoria futura tanto del dólar oficial como el financiero. Para ello, el central debe estar dispuesto a jugar fuerte y con una certera puntería.

Salario y consumo

La recuperación económica hasta el momento se explica principalmente por la recomposición de stocks. ¿Hasta cuándo podría sostenerse una recuperación de la producción si no hay una recomposición de los ingresos de enormes sectores de la población?. Las fábricas pueden volver a abrir, pero si no hay demanda del otro lado del mostrador que absorba esa producción, el circuito económico queda interrumpido. Nunca debe perderse de vista que en una economía, el gasto de alguien es el ingreso de otra persona. La recomposición salarial es primordial para mejorar la actividad y es una agenda para este presente, no para el año que viene.

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