Economía

Afirman que "la precarización del empleo es creciente"

El economista alertó sobre el aumento de cuentapropistas cada vez más precarizados, como un problema a atender.

Domingo 14 de Octubre de 2018

"El desplazamiento y no el fin del trabajo", aclara el economista Eduardo Levy Yeyati para "desdramatizar" _dice_ lo que se plantea como el debate sobre el futuro que se viene. Aunque no desconoce que ese tránsito también genera "una creciente precarización del empleo a la cual hay que dar respuesta", que en la Argentina quedó a mitad de camino en el debate sobre la reforma laboral que buscó instalar el gobierno. "Hace falta un Consejo Económico y Social en el que se junten las tres partes que son el capital, el trabajo y el Estado, como sucedió en todos los países europeos", dijo durante su paso por Rosario para presentar su libro "Después del trabajo, el empleo argentino en la revolución industrial".

"Me parece que la postura de algunos economistas que piensan que el problema del empleo en la Argentina es que los salarios son muy altos, sólo miran una parte del problema. Hemos bajado cargas sociales, hemos creado un empalme para la gente que venía de la economía popular, y la verdad es que no se empalman ni se generan trabajos porque las trabas vienen por otro lado y son más estructurales", agregó el también investigador del Conicet y fundador de la consultora Elypsis

­-¿Qué plantea el libro en este sentido?

-Un poco por un lado desdramatizar un debate del futuro del trabajo que en general tiende a ser presentado como el fin del trabajo y que los robots vienen detrás de nuestros puestos. Y en la práctica, primero no se relaciona con robots sino con inteligencia artificial, y luego, los peligros están más asociados a lo que ya estamos viendo en algunos países, incluyendo a la Argentina, que es un desplazamiento laboral. Se destruyen trabajos y se crean otros y a la gente que pierde su empleo en un lugar le cuesta mucho recuperarlo en otro, porque el trabajo y el conocimiento es muy específico. Los trabajadores industriales no consiguen rápidamente trabajo en el sector servicios y se crean potencialmente bolsones de desempleo. Ese es un primer punto que creo que hay que vale la pena enfatizar. El segundo punto, es cada vez más evidente en las grandes ciudades, es la "cuentapropización" del trabajo. Cada vez más hay trabajadores de plataformas. Nosotros lo vemos con la proliferación de los deliverys en bicicleta.

-Los indicadores oficiales del ex Ministerio de Trabajo (EIL) computan la creación de empleo cuando en realidad hay aumento del monotributo. ¿Qué tipo de trabajo es?

-El monotribustista muchas veces es trabajo informal. Porque algunos pagan para tener algún beneficio, como la asignación familiar. Pero tenemos mucho trabajo que es extraordinariamente precario. Aún los que pagan el monotributo son precarios porque no tienen vacaciones, acceso al crédito. La visión ideal nos dice que el mercado absorbe a través del cuentapropismo lo que se destruye en el nivel asalariado, pero en la práctica lo que tenemos es una precarización creciente del trabajo, a la cual hay que dar una respuesta y la discusión es quién la da.

­- ¿Quién debería hacerlo?

-Parte tiene que ser de una actitud distinta de los sindicatos en relación al trabajo cuentapropista. Otra, tiene que ser una reforma laboral que genere algunos beneficios que sean portables para el trabajador. Tienen que introducirse algunos cambios en la reforma tributaria como para que esas personas no estén, para decirlo en lenguaje poco técnico, colgadas de un pincel y dependiendo de su capacidad de trabajo.

-¿Ese paso o desplazamiento que mencionaba debe asumirla el Estado o queda en mano del trabajador?

-La decisión de quién se hace cargo es colectiva, de la sociedad. Hay sociedades que son más liberales en el sentido de una libertad negativa, que dicen que la persona se arregle de alguna u otra forma con el mercado. Hay otras sociedades que enfatizan más la libertad positiva y dicen bueno... si esa persona no pude arreglárselas, alguien debería facilitarle las cosas y en la mayoría de esos países, salvo excepciones, el Estado toma cartas en el asunto, ya sea formando a los trabajadores, facilitándoles la búsqueda laboral o, si eso fracasa, generando una red de contención social que haga que esa persona no se vuelva un indigente. Pero las soluciones dependen mucho de lo que surge del debate social. Por eso es importante empezar a abrir el debate y que la gente, luego a través de sus dirigentes, decida qué respuesta tiene que dar el Estado. Yo tengo mis preferencias, pero lo importante es lo que piensa la sociedad. Lo que sí recomendaría no es negar el problema, porque el problema no se va a ir, de hecho probablemente se profundice.

-¿Cuál cree que es una forma de solucionarlo?

-Pienso que, por ejemplo, tributariamente deberíamos tener una figura fiscal que hiciera realista la incorporación de esta gente. Si yo le pido al monotributista que se vuelva autónonomo y que pague IVA y Ganancias, lo que va a ocurrir es que esa persona cuando llegue al límite, se va a informalizar. Entonces voy a tener menos recaudación al final. Lo que suena bien en el papel no suena bien en la práctica. Mi propuesta es utilizar la herramienta del monotributo que tenemos como base para un régimen tributario que haga que el cuentapropista pague y lo haga proporcionalmente más cuanto más gane, pero no forzarlo a hacerlo. Por otro lado, creo que los beneficios laborales que fueron conseguidos en las luchas sindicales alrededor de las fábricas y están atados al puesto de trabajo, deberían en la estructura de producción moderna, ser portables, es decir estar atados al trabajador. A la manera de lo que se hace acá con la construcción. A la manera de lo que se hace en Austria, donde hay un régimen generalizado que se denomina "mochila austríaca" donde los beneficios los tiene el trabajador y no el puesto de trabajo. Son dos medidas que de hecho están en estudio.

-¿Cómo analiza la propuesta de reforma laboral del gobierno y el debate que se dio en torno a eso?

-Yo creo que quedó a mitad de camino. Y de hecho el gobierno así lo evidenció porque se habló de pequeñas reformas, pasos. Creo que falta muchísimo ahí. Falta un consejo económico y social donde se junten las tres partes que son el capital, el trabajo y el Estado. Lo mismo que sucedió en todos los países europeos donde estas reformas avanzaron. Eso para empezar. Y me parece que la postura, a veces, de algunos economistas que piensan que el problema del empleo en la Argentina es que los salarios son muy altos es sólo mirar una parte del problema. Nosotros hemos bajado cargas sociales, hemos creado un empalme para la gente que venía de la economía popular, y la verdad es que no se empalman ni se generan trabajos porque las trabas vienen por otro lado y son más estructurales. Por eso a veces uno tiene que ser un poco más rico en el abordaje.

-La gran devaluación licuó salarios en dólares pero eso no redundó en mayor empleo en el país...

-No. Y tampoco el empalme que estaba pensando desde el punto de vista de la población que hoy está en los planes, que son alrededor de 500 mil personas, de las cuales deben haber empalmado menos de 10 mil. Hay muchas cosas estructurales por hacer como la formación. Hay muchos trabajadores que no consiguen empleo porque tienen una formación o muy incompleta o no pertinente o adecuada a las demandas del mercado laboral. Entonces hay que educar a los que no tienen ninguna educación en algo que sea empleable o re entrenar a los que tuvieron una formación que hoy no se condice con lo que se demanda en el mercado. Esa es una cosa. Hay que generar políticas que reduzcan la asimetría informativa. Ayudar a la persona a ser conocida, a familiarizarse con el empleo, y fundamentalmente, hay que crear trabajo. Al final del día...eso es lo que cuenta. Hay países como Corea donde se dio en los últimos años un proceso de sobre educación. Porque si educás y no creás trabajo, esa persona va a terminar trabajando en un empleo para el cual está sobrecalificado. Entonces, hay que generar oferta de habilidades, pero por otro lado hay que generar la demanda. Y eso es lo más importante y más difícil.

- En muchas ocasiones en Argentina, especialmente en momentos de crisis, se deposita en el trabajador la responsabilidad de reconvertirse y cuando no consigue empleo, se lo culpa por fallar ¿Cómo se puede revertir eso?

-Definitivamente no podés culpar al trabajador. No creo que haya un culpable, el mundo cambia, el trabajador es de alguna forma víctima u objeto de ese cambio. Ahora, mucha de la formación que hay actualmente no es buena. Es formación vieja, no está actualizada. Nadie le pregunta al empleador sistemáticamente qué cosas va a necesitar a futuro. No hay en Argentina un consejo de habilidades como hay en muchos países del mundo donde se juntan trabajador, sindicatos y empresarios para decidir qué va a ser demandado a futuro y cómo encarar esa formación, que la realizan de hecho los sindicatos y los empresarios. Nosotros no tenemos nada de ese proceso. Es como si el problema laboral fuera pura y exclusivamente cuestiones vinculadas con los salarios y las cargas sociales.

-¿Cómo ve los indicadores de desempleo?

-A mí lo que me preocupa más no es tanto el desempleo sino el empleo. Porque cuando es difícil conseguir trabajo la gente deja de buscar y cuando lo hace, no aparece en las estadísticas y sin embargo no está mejor. Miraría con atención el empleo. Mi impresión es que posiblemente hacia fines de año vamos a empezar a ver la caída, porque generalmente el empleo rezaga al ciclo económico porque las empresas primero ven cuánto va a durar la caída de la demanda y en algún momento sueltan a su trabajador. Y tardan en hacerlo porque son formados, se invirtió mucho en eso. Primero empiezan bajando las horas extras, después suspenden transitoriamente, y en algún momento, cuando ven que la situación se complica empiezan a despedir gente. Por eso tarda en verse. Siempre miraría tasa de empleo y adentro de ella, porque los empleados de mayor edad son más caros de echar. De modo que seguramente vamos a ver una caída de la demanda de empleo en niveles de edad más baja, en los jóvenes. Allí también observaría las diferencias por regiones y por género, ya que esperaría que haya más debilidad de empleo masculino, porque los trabajos más expuestos al ciclo y a la automatización son los ocupados por hombres.

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