Economía

A diez años del crack financiero en que hizo temblar al mundo

La estafa de las subprime activó un proceso cuyas consecuencias todavía se sienten. La historia, las enseñanzas y los riesgos de nuevos sacudones

Domingo 08 de Abril de 2018

El turbulento comienzo de febrero en Wall Street encendió luces amarillas en mercados en los que reinaba el optimismo ante el dato que las principales economías del mundo estaban al fin creciendo en simultáneo después de la crisis internacional: la caída récord del Dow Jones evocó el derrumbe detonado hace diez por años por los créditos hipotecarios, que contagió luego a todo el sistema financiero y a la economía real. A una década del comienzo del efecto dominó que sacudió bancos y gobiernos alrededor del mundo especialistas analizan los orígenes de la Gran Recesión, sus impactos, y las perspectivas de la economía global.

La mecha de la crisis se encendió a mediados de 2007, cuando estalló en Estados Unidos la burbuja de los créditos inmobiliarios, inflada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 con la desregulación de los mercados, el recorte de impuestos y tasas de interés y la expansión del crédito, sobre todo el de riesgo.

En los meses siguientes, la incertidumbre acerca de la espalda financiera de las principales entidades bancarias y de inversión del mundo desató una corrida que sacudió los cimientos del sistema. Los bancos centrales de los países desarrollados acudieron al incendio con el matafuegos financiero: implementaron planes de rescate a las entidades en crisis, inyectaron liquidez al sistema y podaron las tasas de interés, con el objetivo de reactivar la economía.

En el medio, los peso pesado de las finanzas globales se revelaron como tigres de papel: el banco de inversión Bear Sterns se vendió casi a precio de saldo a JP Morgan, el Bank of América adquiró Merrill Lynch, el Reino Unido nacionalizó Northern Rock y Lehman Brothers quebró.

La sequía del crédito se trasladó a Europa: afectó al euro, hizo tambalear a instituciones bancarias históricas del viejo continente y exacerbó los problemas de deuda soberana de varios países.

Ante el rojo fiscal los organismos multilaterales de crédito prescribieron la austeridad como remedio y precondición para la asistencia financiera. Así avanzaron los recortes del gasto público —especialmente el gasto social—, las reformas del sistema previsional y el aumento de ciertos impuestos y servicios.

Interpretaciones

El desarrollo de la crisis disparó explicaciones diversas sobre sus características y su profundidad: ¿Se trataba sólo de un desajuste en el mundo de las finanzas?, ¿O se expresaban también tensiones más estructurales del capitalismo?

Dante Sica, director de Abeceb, destaca en el origen de la crisis la presencia de "fuertes desequilibrios" como "los balances de comercio entre los países desarrollados y una burbuja financiera en EEUU que generó un crack financiero internacional, que se trasladó al mundo real".

Por su lado, Esteban Guida, presidente de la Fundación Pueblos del Sur, distingue entre las causas que generan la crisis y las que la propagan. Y explica: "El motivo financiero detonó la crisis internacional, pero en vistas a una economía mundial desregulada, con sobredimensionamiento financiero —con activos que hasta quintuplicaban la economía real—, con desregulaciones financieras y bancarias, tuvo un gran impacto en la economía real".

En tanto, Julio Gambina, director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma (IEF-CTA A), rechaza que la crisis haya sido "sólo un problema de bancos, créditos, finanzas" y se sumerge en aguas aún más profundas: "Se puso en evidencia el agravamiento de una crisis integral que involucra la crisis alimentaria, energética, medioambiental, que rápidamente se transformó en esta década en crisis política".

El fantasma de 1929

Por su origen en el sistema financiero de Estados Unidos, su profundidad y daños en la economía mundial, analistas compararon a la primera gran crisis del siglo XXI con la desatada en la década del 30.

Guida evalúa que "las condiciones son distintas", pero "podrían ser comparables por el impacto que han generado".

En la misma línea, Sica señala que "en algunos datos son parecidas" pero remarca que "en esta crisis había otros instrumentos regulatorios que permitieron amortiguar y tomar medidas correctivas más rápido para tratar de empezar a salir de la crisis".

Impacto desigual

La crisis pegó diferente en los distintos países y regiones. En un primer momento, parecía que la onda expansiva del derrumbe no llegaría a América latina.

Según los datos del Banco Mundial en 2008 América latina y el Caribe creció 3,9% anual, frente al 1,8% del promedio mundial, el 0,4% de la Unión Europea y el -0,1% de América del Norte. Incluso, la caída de 2009 fue menor en la región (-1,7%) contra el -2,7% que sufrieron en América del Norte y el -4,3% de la Unión Europea. En tanto, en la recuperación América latina sostuvo tasas más altas que otras regiones, excepto Asia Central y el Pacífico —liderada por China— que sostuvo y traccionó a la economía mundial.

Sin embargo, el impulso inicial se agotó y la euforia se evaporó.

En efecto, a partir de 2014 las curvas se invirtieron y la economía de los países latinoamericanos entró en una fase descendente, mientras que el resto de las regiones continuaba una lenta pero sostenida alza o bien se amesetaban en niveles más altos.

El fin del superciclo de los commodities terminó de armar la tormenta perfecta para economías que más allá del signo político de los gobiernos permanecían demasiado dependientes de los vaivenes del contexto mundial y, en particular, de la dinámica de los países centrales.

De acuerdo a Sica "la región absorbió bien el impacto de la crisis". A pesar del "ajuste fuerte en el sector externo —no sólo cayó el volumen de las exportaciones sino también los precios— la mayoría de los países utilizaron instrumentos que permitieron atenuarlo", indica.

Guida observa que la caída del comercio mundial "tuvo un impacto directo en la balanza de pagos de los países latinoamericanos" y echa luz sobre la contracara de la transfusión de recursos públicos de los bancos centrales de los países desarrollados para salvar el sistema financiero. "Se produjo una hiperliquidez que fue redirigida a América latina —señala el economista— que generó un proceso de endeudamiento de los países de la región, que volvieron a las políticas anteriores".

Gambina caracteriza que gobiernos y economistas elaboraron "un diagnóstico erróneo, producto de que los datos macroeconómicos daban favorables a los países del sur del mundo, sin darse cuenta de que debido a la crisis en los países capitalistas desarrollados se reorientaban los capitales excedentes y son los que determinaron esto de los países emergentes".

Y añade: "No se entiende que la economía tiene una lógica de funcionamiento mundial y que crisis no significa caos; por lo tanto, lo que se desacumula en algunos territorios de los países capitalistas desarrollados fugaba o buscaba restituir tasa de ganancia en países en los que se podía invertir con bajo precio de la fuerza de trabajo para recuperar niveles de rentabilidad hasta que la situación se revirtiera, que es lo que viene sucediendo en los últimos años".

En particular sobre el abordaje de la crisis del gobierno kirchnerista el balance es dispar. Para Sica "el gobierno anterior hizo una muy mala política, quiso atenuar el impacto de la crisis externa sin impactar en el consumo público y privado, y generó un desmoronamiento de la inversión y un impacto muy fuerte en el stock de reservas".

Guida plantea una lectura más matizada. Valora "las políticas anticíclicas que llevó adelante el gobierno de Cristina", aunque reconoce que esto "tuvo un costo fiscal para sostener los niveles de Estado y actividad previos a la crisis".

Arriba y abajo

Como todo proceso social, el despliegue de la crisis demarcó ganadores y perdedores. Guida ubica entre los beneficiarios principales al sector financiero: "Primero se la gastaron, especularon, y esas ganancias quedaron en el mundo de las finanzas; después recibieron los subsidios y los aportes de los gobiernos, que a su vez los volvieron a usar para la especulación financiera".

El diario español El País reveló en mayo de 2010 que informes confidenciales del Fondo Monetario Internacional calculaban la factura de la crisis: la ayuda de los contribuyentes a los bancos representó 9,6 billones de dólares.

Entre los damnificados, Gambina alerta sobre "la restricción de derechos sociales y sindicales" derivada de la aplicación de las llamadas políticas de austeridad y el avance de la flexibilización laboral. "El último informe de la OIT es alarmante", señala el presidente de la presidente Fisyp, y se explaya: "Crece la proletarización de la población mundial pero en ese marco crece la flexibilización, la precarización, la tercerización, lo que llamamos nosotros aquí la irregularidad en el empleo. Es creciente la población que no está sujeta a beneficios de la seguridad social, en un momento de crecimiento de las expectativas de vida de la población mundial, donde una de las características es la longevidad".

El deterioro del empleo también se volvió estructural en varias de las principales potencias. De acuerdo a los datos del Banco Mundial España tenía en 2007 una tasa de desempleo de 8,2%, y cerró el año pasado con 17,4%; Italia, tenía desocupada al 6,8% de su población económicamente activa al comienzo de la crisis y el 11,6% lo estaba una década después; Francia saltó en diez años del 8,1% al 9,9%.

La película del empleo de otras de las principales economías del mundo refleja un mercado laboral con menos tensiones, al menos en este aspecto. Alemania bajó entre 2007 y 2017 su tasa de desocupación del 8,7% al 3,8%; Reino Unido, del 5,3% al 4,7%. En Estados Unidos después del alza inicial volvió prácticamente al punto de origen: se registró 4,6% hace diez años y 4,9% el año pasado.

Turbulencia política

Pero además, la turbulencia en la economía global alteró el tablero político mundial y sacudió los sistemas políticos nacionales. Para el analista internacional Jorge Castro una de las consecuencias más relevantes de la crisis es que "el eje de la economía mundial pasó de los países avanzados a los emergentes, sobre todo de Estados Unidos a China".

En América latina, observa Gambina, con la sucesión de golpes de Estado de nuevo tipo y la agudización de las tensiones en países que, con sus diferencias, encararon procesos de cambio "el mapa político va mutando en un sentido de reinstalar y restablecer la antigua agenda de integración subordinada".

Desde veredas ideológicas opuestas, ambos analistas coinciden en vincular a la crisis internacional con el Brexit, la elección de Macron en Francia y, sobre todo, con el triunfo de Trump en Estados Unidos. "Estados Unidos ha cambiado toda su estrategia de posicionamiento en el sistema mundial sobre la premisa de que los trabajadores industriales del medio oeste más la inmensa clase media han sido las grandes perdedores de la globalización —asegura Castro—mientras que el gran ganador ha sido la República Popular China, que ha logrado extraer más de 700 millones de personas que estaban en situación de pobreza extrema en 2001".

Proyecciones

Una década más tarde del estallido de la crisis, la tormenta parece haber quedado atrás. En el informe "Perspectivas de la Economía Mundial", de enero de 2018, el FMI celebra que "la recuperación mundial se ha afianzado".

"El repunte cíclico que comenzó a mediados de 2016 sigue cobrando impulso", asegura el Fondo, y argumenta: "Unas 120 economías, que generan tres cuartas partes del PIB mundial, registraron un repunte del crecimiento, en términos interanuales, en 2017; se trata del aumento del crecimiento mundial más sincronizado desde 2010. Entre las economías avanzadas, el crecimiento del tercer trimestre de 2017 fue más fuerte de lo proyectado en el otoño (boreal), sobre todo en Alemania, Corea, Estados Unidos y Japón. Algunas de las principales economías de mercados emergentes y en desarrollo, como Brasil, China y Sudáfrica, también registraron en ese trimestre un crecimiento superior al previsto".

De todas maneras, ese crecimiento, reseña la ONG Oxfam, no se distribuyó equitativamente: el 82% de la riqueza mundial generada en 2017 fue apropiado por el 1 por ciento más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre, unas 3.700 millones de personas, no se benefició en lo más mínimo de este crecimiento.

Para Castro la locotomora de la economía mundial se llama Estados Unidos: "La reforma impositiva de Trump ha desatado un boom de inversiones en Estados Unidos, que tiene consecuencias mundiales; consolida la nueva revolución industrial cuya cabeza está en EEUU y al mismo tiempo arrastra el crecimiento de la economía mundial en su conjunto, empezando por los países europeos y los emergentes".

Castro respalda su optimismo con datos macroeconómicos: "La economía norteamericana está creciendo con tasas por encima del 3% anual y es muy probable que este año alcance el 4% anual o más". "Es la mayor economía mundial: su PBI son 18 billones de dólares", detalla.

Sin embargo, algunos analistas advierten que el horizonte no luce despejado: asoman posibles burbujas que podrían generar turbulencia y frenar el despegue.

En este sentido, Guida menciona el ambicioso objetivo del gobierno chino de duplicar su PBI entre 2010 y 2020; también duda de la solidez de "economías como la de Italia, que todavía no terminan de recuperarse pero siguen en este esquema de endeudamiento y ayuda financiera".

Además, el presidente de la Fundación Pueblos del Sur señala como síntoma la incertidumbre que predomina en espacios de coordinación del poder económico y político mundial, como el Foro de Davos y la cumbre de la OMC. Guida vincula este clima de dudas con la suba de tasas que encaró la Reserva Federal de Estados Unidos. "Tiene que ver con no caer otra vez en una laxitud monetaria que genere nuevas burbujas y nuevas crisis; hay una idea de que puede volver a pasar", sostiene.

El lugar de Argentina

Precisamente, el retoque de la Fed amenaza dos pilares del esquema económico que impulsa el gobierno nacional: el aluvión de inversiones de cartera, atraídas por tasas imbatibles en el mundo, y el uso del endeudamiento como parche de los déficits de las cuentas de la balanza de pagos.

En vistas al fortalecimiento del proteccionismo en los países centrales y la curva ascendente de las tasas, ¿Está leyendo correctamente el gobierno argentino el mundo al que pretende insertarse?, ¿O debería recalcular en función de los obstáculos y cambiar la hoja de ruta?

Aquí las bibliotecas se dividen. Para Sica "el gobierno está bien enfocado", y desarrolla: "La estrategia de cerrarse ha terminado afectando la propia competitividad de los países, tanto de Argentina como de Brasil. La idea de más integración, más volumen de comercio, que va a repercutir en mayores inversiones es una política adecuada".

Sobre la posibilidad de que la suba de tasas globales incida negativamente sobre la economía argentina Sica considera que se trata de "un riesgo latente, pero la probabilidad es baja".

En clave similar, Castro evalúa que el gobierno está aprovechando una ventana de oportunidad que se abrió en el mundo para obtener financiamiento barato. "El nivel de deuda argentina es el más bajo de América latina", subraya y agrega: "Argentina está dando una muestra de inteligencia política estratégica al endeudarse al momento actual con estas tasas de interés para realizar un programa de desarrollo de infraestructura que es el más ambicioso de la historia del país".

Guida pinta un panorama más oscuro: "El discurso de volver al mundo es sólo para los titulares de los diarios, no tiene fundamento económico".

"La nueva exposición al crédito externo público y privado implica mayor vulnerabilidad frente a crisis externas; es una política muy riesgosa, no forma parte de la política estratégica de los países centrales", asegura Guida y recuerda: "Esto ya ocurrió, cuando había exceso de crédito en los 70 Argentina se endeudó y en el 82 tuvimos el problema de la deuda que sigue al día de hoy".

"La mochila de endeudamiento externo que carga la Argentina, que le genera estrangulamiento externo y los problemas con el dólar tienen ese origen", subraya.

De acuerdo a Guida la sequía de inversiones productivas se relaciona con que "el mundo está viendo la actitud demasiado propensa a endeudarse y la poca perspectiva sólida en una balanza comercial genuina o un incremento de la riqueza. No es una estrategia sostenible", indicó el economista.

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