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Dos tragedias se cobraron seis vidas y enlutaron a la ciudad de Victoria

Una barcaza se dio vuelta y murió un tripulante. Cinco personas que intentaron rescatar la embarcación fallecieron en una explosión. Ocurrió en un arroyo de la zona de humedales.  

Miércoles 06 de Mayo de 2015

Dos tragedias, ocurridas en el mismo lugar pero con un día de diferencia, se cobraron las vidas de seis personas y enlutaron a la ciudad de Victoria. Una barcaza que transportaba ganado se dio vuelta el domingo y uno de sus tripulantes murió atrapado. Al día siguiente, un grupo de once hombres se trasladaron hasta el lugar en dos embarcaciones para rescatar a la que se había dado vuelta, pero cuando estaban maniobrando para enderezarla, esta explotó y la onda expansiva mató a cinco de ellos. Brutal estocada del destino: uno de los que murieron el lunes había salvado su vida de milagro en el accidente del día anterior.

Los dos accidentes ocurrieron en una zona de bañados sobre el arroyo El Espinillo, a diez minutos de viaje en lancha desde Rincón Doll, pueblo ubicado a 30 kilómetros de Victoria, donde se encuentra la bajada de Denís, de donde zarpan las embarcaciones.

Allí navegaba el domingo a la tarde "La Espléndida", una barcaza que trasladaba unos 29 vacunos cuando, por causas que se tratan de establecer, la embarcación dio una vuelta de campana. Allí quedó atrapado y perdió la vida Ernesto Emilio Gerdau, de 65 años. Su hijo, del mismo nombre y de 30 años, que viajaba con él, logró zafar, nadar hasta la costa y pedir auxilio.

Al lugar llegaron efectivos de Prefectura y buzos tácticos para rescatar el cuerpo, aunque estos últimos no debieron realizar ninguna búsqueda porque la víctima seguía atrapada entre los límites de la embarcación. Sus despojos fueron rescatados esa misma tarde.

La noticia corrió por Victoria, que lamentó la muerte de su vecino. Pero nadie imaginaba lo que estaba por venir.

El otro accidente. Al día siguiente, 11 hombres se dirigieron al lugar donde había quedado dada vuelta "La Espléndida" para rescatarla. Lo hicieron en dos embarcaciones. Una de ellas era "El Misil", propiedad del victoriense Gregorio "Goyo" Otegui, de 50 años.

Con él se presume que viajaban Jorge Estello Gerdau (60), hermano de la víctima y domiciliado en la zona del puerto local, y Silvino Fortunato González (36), nativo del paraje rural Las Cuevas, en jurisdicción del departamento Diamante.

La acompañaba la embarcación "La Gaviota", propiedad de Ernesto Emilio Gerdau, el hijo del fallecido el día anterior y que se había salvado de milagro. Iba acompañado por Noé Gabriel Núñez (33), domiciliado en Rincón del Doll; Jorge Gerdau, 28 años, otro hijo de la víctima fatal; Iván Agustín Lacco (28), José María Urquiola (39), Ramón Gabriel Vera (38), domiciliado en bulevar Moreno y Viamonte (Victoria); Mario Raúl Flores Flores (43) y Mario Daniel F. (14), ambos domiciliados en el barrio costero Quinto Cuartel de la ciudad de las Las Siete Colinas. El dato de quién navegaba en cada barcaza, recogido de testimonios, es no obstante tentativo y provisorio, ya que será el fiscal Eduardo Guaita, quien investiga el caso, el que deberá corroborarlo a partir de lo que digan los sobrevivientes.

Según trascendió, una vez en el lugar, los rescatistas detectaron que era preciso hacer tareas de soldadura para tapar una perforación en la base expuesta de la lancha volcada. Otegui estaba en esa tarea cuando "La Espléndida" estalló, al parecer a raíz de algunos gases presuntamente emanados por combustible derramado y que quedaron atrapados dentro de la campana prácticamente hermética que se había formado entre el hueco del piso de la embarcación y el agua.

Además de Otegui, la explosión alcanzó a Lacco, Urquiola y a los hermanos Ernesto y Jorge Gerdau, quienes al parecer estaban asistiendo al primero en las tareas de soldadura y estabilizado de la barcaza que se había dado vuelta.

El tremendo estallido produjo la muerte instantánea de todos ellos, y la onda expansiva lanzó sus cuerpos a entre 30 y 80 metros de distancia del origen. En tanto, el resto de los tripulantes de "El Misil" y "La Gaviota", resultaron ilesos, y fueron quienes dieron aviso a Prefectura Naval y a la policía de Victoria sobre el trágico hecho, que ocurrió alrededor de las 19.50.

Los cadáveres de las cinco víctimas fatales fueron rescatados en las horas siguientes y a la 1.15 fueron trasladados a la morgue judicial victoriense para las pericias forenses, para luego ser entregados a sus familiares, a las 4.15. Ayer por la mañana el cuerpo de "Goyo" Otegui era velado en una sala de Servicios Especiales Silva (Italia 340), mientras que el resto de los fallecidos fueron despedidos en la funeraria San Cayetano (Piaggio 414). Todos fueron inhumados en el cementerio municipal.

Dolor. La Capital llegó a esa cochería cuando eran velados los restos de Lacco y Urquiola. El lugar estaba repleto de gente, que no sólo ocupaba el interior de las dos salas, los pasillos y el acceso de los autos funerarios, sino también la vereda. Rostros adustos, tristes, algunas hasta de asombro, como shockeadas.

Ismael Rossi tiene 55 años y es de Rincón de Nogoyá, de donde era Iván Lacco. “Lo conocía desde que era así”, dijo, y puso las manos muy cerca una de la otra, como mostrando que casi lo había visto nacer. “Son gente muy querida, humilde, pero de trabajo”, contó a este diario el hombre, y recordó que Iván trabajaba en una estancia.

Cristina Lacco, de 43 años, es una de los nueve hermanos del muchacho fallecido. Con simpleza y humildad, contó que Iván era el más chico de los hermanos, “el preferido de mamá. El ya vivía con su pareja, pero mi madre estaba siempre pendiente de él”, recordó. Y contó que la mamá estaba “como adormecida, yo creo que va a ir cayendo con los días”. Una de las hermanas vive en España (“hoy llamó”, dijo), otros residen en Buenos Aires y el resto en el campo, donde trabajan.

En la misma funeraria, pero en otra sala eran velados los restos de Urquiola. Allí se veían abrazos, llantos y expresiones de dolor. Parado enfrente, como perturbado, estaba Oscar Pereyra, compañero de trabajo de Paola, la esposa del hombre fallecido. Ambos trabajan en el frigorífico de pescado Epuyen, que emplea a un centenar de operarios. Oscar contó que José María y Paola tienen un hijo pequeño, Lautaro, y se refirió al dolor que sufre toda la comunidad. “Gente muy querida, siempre dispuesta a dar una mano”, dijo, mientras junto a él, otra compañera, que no quiso identificarse, asistía.

Gregorio Otegui (Goyo o Goyito para todos los victorienses) era muy conocido en el pueblo como un referente de la actividad isleña. Su primera embarcación fue precisamente El Misil, y luego se fue expandiendo, sumando lanchas de traslado de ganado, conforme también se amplió la actividad ganadera en las islas. El era el más conocedor de la actividad, su barcaza era al que estaba bien equipada para la tarea de salvataje, y era él quien maniobraba el soplete que provocó la explosión.

Así lo explicó a La Capital el fiscal Guaita, quien refirió a la mecánica del accidente, aunque aclaró que algunos detalles deberá ser corroborados. Por ejemplo, se estima que La Espléndida se dio vuelta cuando su timonel quiso esquivar un tronco, aunque eso aún está por verificarse. Guaita contó que Urquiola dejó de hacer su trabajo para ayudar a rescatar a la embarcación que se había dado vuelta, y que utilizó para eso su propia barcaza. “En «El Misil» tenían la electricidad, la soldadura y los elementos necesarios para el rescate. Urquiola ya había trabajado una vez, precisamente, en el rescate de la propia embarcación con la que fue hasta El Espinillo”, contó.

El fiscal, quien ahora trabaja en “establecer las causas y circunstancias del fallecimiento de estas cinco personas”, señaló además que luego de la explosión, “La Espléndida”, justamente la embarcación que iban a rescatar para llevar a tiro hasta la costa, se hundió definitivamente, mientras que las otras dos quedaron a flote.

Recuerdo

Esta doble y múltiple tragedia remite, en la memoria de los victorienses, a la última y más traumática, ocurrida en junio de 2013: la desaparición en las aguas del canal de servicio paralelo al puente, frente al country Solar de Victoria, del empresario Ricardo “Chulengo” Núñez, un pionero en la Victoria turística, quien fuera fundador de los zafaris por las islas.

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