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Dos chicas desaparecieron y temen que las tengan tratantes de blancas

Tienen 16 y 22 años. La menor pidió auxilio por celular. La otra chica padece una leve discapacidad

Jueves 03 de Julio de 2008

Santa Fe.— Una menor de edad y una joven madre con leve discapacidad están desaparecidas y temen que sean víctimas de alguna red de trata de personas. Así lo creen sus desesperados familiares que ayer denunciaron el caso ante la Defensoría del Pueblo de la provincia y se entrevistaron con el juez a cargo la investigación de sus desapariciones, ambas ocurridas en la ciudad de San Javier, a 150 kilómetros al nordeste de esta capital.

El primer caso involucra a la menor Daiana Graciela Valdez, de 16 años, quien desapareció el 20 de junio y se conectó al celular de un amigo (quien también radicó la denuncia) al que envió dos mensajes de texto pidiendo auxilio. Este y otros datos del hecho hacen presumir que el suyo podría ser un caso típico de trata de personas.

Igual suerte se cree que corrió Gisela Romero, de 22 años, quien posee el desarrollo psíquico de alguien de 15 años y es madre de un bebé. La muchacha no ha vuelto a su domicilio desde el 13 de junio. Si bien en su caso no ha habido comunicación alguna, el hecho de que haya desaparecido sin documentos, ropa y dejando a su hijo permite inferir que sería víctima de la misma maniobra.

Ambos casos fueron denunciados en la Unidad Regional XIV de la policía y en la delegación San Javier de la Defensoría del Pueblo. Mientras la Unidad Especializada en Prevención y Lucha contra el Delito de Trata de Personas investiga conforme las instrucciones del juez de Instrucción de la 5ª Nominación de Santa Fe, Darío Sánchez, la Defensoría contiene a los familiares desde su Centro de Asistencia a la Víctima y Protección al Testigo.

Los padres brindaron ayer una conferencia en Santa Fe y se entrevistaron con el juez Sánchez, aunque no trascendió el contenido de ese diálogo.

Daiana. Los padres de Daiana Valdez, Carlos Valdez y Norma Martínez, están separados y viven en domicilios diferentes de Colonia Francesa, un poblado ubicado a 5 kilómetros al sur de San Javier. La menor habitaba con el papá y era para él la principal alegría y desvelo en medio de una vida de privaciones. Los Valdez son muy pobres y aún así el padre se esforzaba para que a su hija nada le faltara, incluso el tan deseado celular que le regaló y que habría sido clave para contactarla.

Daiana salió de su casa a las 8.30 del 20 de junio hacia la escuela en San Javier en su bicicleta diciendo que debía asistir al acto de Día de la Bandera. No concurrió. Y se supo que no pensaba hacerlo, ya que al acto conmemorativo se había convocado a los alumnos de quinto año y no a los de tercero.

Dejó su bicicleta en un taller de reparaciones. El dueño del negocio declaró que no tenía guardapolvo. Vestía jeans, polera rosada, campera azul oscuro y zapatillas rojas. Una vecina de Colonia Francesa dice que la vio en el colectivo que une San Javier y Santa Fe, pero que no bajó en el pueblo.

Su papá contó que la chica escribía mensajes por teléfono pero recién se enteró que no lo hacía desde el celular que él le había comprado, sino de otro que le llegó en una encomienda desde Buenos Aires. La Justicia busca dar con el origen de esa encomienda.

Los datos más inquietantes del caso de Daiana son tres comunicaciones. En un mensaje de texto le dijo a un amigo que la habían subido a un auto negro y la habían llevado al norte, que la tenían encerrada en una habitación y que estaba lastimada. En otro pidió ayuda y dijo que se iba a morir. Después se comunicó con su hermana y le contó que estaba encerrada con los ojos vendados.

Gisela. Delia Olga Romero es madre de Gisela Anabela Romero. La joven de 22 años tiene un hijo, padece un retraso mental por lo que su mentalidad es el de una chica de 15 años. El 13 de junio salió de su casa para ir a una cabaña de turismo, dejó sus documentos y a su hijo de dos años.

La joven había desaparecido hace dos años y volvió embarazada al hogar. Nunca se supo dónde ni con quién estuvo. Ahora la madre teme que esté en manos de las mismas personas. Aquella vez su desaparición pareció una fuga pero en este caso en que dejó documentos, ropa y a su hijo, su madre está segura de que no se fue por voluntad propia.

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