Cultura

Quino: "El hambre de hoy es una barbaridad del capitalismo"

El hambre es una de las “barbaridades” del “capitalismo a ultranza” y por eso el padre de la reivindicativa Mafalda, Joaquín Salvador Lavado (Quino), ha querido trazar su silueta en su nuevo libro "La aventura del comer", que tiene más que ver “con la política que con (el famoso restorán) El Bulli”, advierte.

Martes 15 de Abril de 2008

El hambre es una de las “barbaridades” del “capitalismo a ultranza” y por eso el padre de la reivindicativa Mafalda, Joaquín Salvador Lavado (Quino), ha querido trazar su silueta en La aventura del comer, que tiene más que ver “con la política que con (el famoso restorán) El Bulli”, advierte.

“El otro día vi un programa de Karlos Arguiñano en el que hablaba de la comida basura y estoy completamente de acuerdo con él: ojalá muchos millones de niños pudieran comer eso por lo menos. Esa es la intención que he querido darle a este libro, porque a todo lo que hago le doy un enfoque político-social”, explica el dibujante argentino, nacionalizado español desde hace 18 años.

La aventura de comer (Lumen) recoge las viñetas que Quino, que vive entre Madrid, Milán, París y Buenos Aires “porque uno no elige” y esos son los “ingredientes” de la “cocina” de su vida, ha dibujado para distintos medios durante los últimos tres años, fundamentalmente para el diario argentino Clarín.

En algo más de cien páginas, se mezclan los restoranes de “ritual”, “de esos que se llevan la botella de vino de la mesa”, con los más pobres fogones, en los que se finge que unos fideos son un raro faisán, aderezadas con escenas repletas de pelos y moscas y de camareros que gobiernan sin piedad los destinos de sus clientes “ingenuos”, que creen que son ellos los que escogen.

La mentira del menú
“Uno mira el menú y cree que uno decide, pero eso es mentira. Además no sabemos qué estamos comiendo y, si no, ahí está toda la polémica con el vino en Italia. Pero es que tampoco sabemos quién nos está gobernando. Por ejemplo, nos ofrecen un plato que se llama Obama y no sabemos quién lo cocinó”, apunta este “malpensado” reconocido. A él lo que más le gusta sigue siendo dibujar, “si no, habría sido músico”, y “lo de comer”, aunque le interesa, lo disfruta con “limitaciones” porque no sabe cocinar.

“Sí que me preocupa y me enfada mucho que los tomates no sepan a tomate. Me hace pensar que cuantos más somos más se degrada la calidad de todo. Soy de una provincia agrícola (nació en Guaymallén) y extraño mucho aquella comida simple”, lamenta.

“Ni soy un gourmet ni soy un gourmand. Me gusta mucho la cocina italiana porque uno sabe rápidamente lo que está comiendo, algo que parece que también les pasa con la política”, ríe. Le molesta que en Argentina la comida italiana se haya convertido en algunos sitios en “un ritual, algo especial”, eso por no hablar “de las deformaciones de la pasta con cuatro quesos o la pizza con ananá. Todo eso me fastidia mucho”.

Cumplir años –él llegará a los 77 en julio–, tiene “ventajas y desventajas”, en un lado “ser más culto, más sabio” y en el otro “descubrir que las cosas han cambiado: dentro de 50 años, los jóvenes recordarán la comida de los McDonald como un auténtico manjar”, pronostica.

En La aventura de comer dedica sendos homenajes al pintor Botero –“siempre me ha hecho gracia que sea un señor que se dedica a pintar gorditos mientras que otro como Giacometti sólo hace delgaditos”– y a García Márquez, que prologó todos sus libros de Mafalda.

La pequeña contestataria, protagonista de sus viñetas hasta 1973, no volverá porque “los estímulos son distintos” aunque está seguro de que los jóvenes que leen ahora sus historias las entienden “perfectamente” porque Mafalda “se preocupa de problemas eternos, de la injusticia, de la desigualdad social, aunque a lo mejor les llama la atención que no tenga computadora o telefonito”.

“No me gusta ser tan determinante, no soy de los de ‘nunca más’ pero no siento ninguna necesidad de volver a dibujarla”.

La actual situación política española le parece “muy bien” porque “hace mucha ilusión” que salga el candidato “al que uno votó”, aunque le preocupa la “injerencia política” de la Iglesia, “ que por no satisfacer no satisface ni a los católicos que son celíacos, y que no pueden comulgar”.

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