"La última carta" de Sábato a Sábato, del hijo hacia el padre
"Cada vez que teníamos que decirnos algo que excediera lo cotidiano lo hacíamos por carta", desliza Mario Sábato, el director cinematográfico. Habla de su padre, Ernesto Sábato, el escritor, el que dejó títulos como "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas". Pero también habla de "Ernesto Sábato, mi padre", un documental planteado como un fresco familiar que el realizador define como “una última carta”.

Miércoles 24 de Marzo de 2010

Buenos Aires.- "Cada vez que teníamos que decirnos algo que excediera lo cotidiano lo hacíamos por carta", desliza Mario Sábato, el director cinematográfico. Habla de su padre, Ernesto Sábato, el escritor, el que dejó títulos como "El túnel" y "Sobre héroes y tumbas". Pero también habla de "Ernesto Sábato, mi padre", un documental planteado como un fresco familiar que el realizador define como “una última carta”.

“En la historia afectiva entre mi padre y mía esto de las cartas tiene que ver con una tradición en la que cada vez que teníamos que decirnos algo que excediera lo cotidiano lo hacíamos por carta”, contó Mario Sábato.

“A lo largo de nuestra historia usamos las cartas para pelearnos, para reconciliarnos, para expresarnos afectos o disgustos, en una situación donde mi mamá hacía de correo y, como después me enteré, a veces de filtro, destruyendo las más duras tanto de mi padre hacia mí como mía hacia él”, remarca el director de filmes como “India Pravile” y “El poder de las tinieblas”.

Mario señala que “recién cuando mi padre cumplió 90 años pudimos empezar a decirnos te quiero y entonces se suspendieron las cartas, pero yo sentí que me faltaba la última carta, que es esta”.

Con 98 años y frágil en su salud, cuidado de los embates de la actualidad, Ernesto Sábato permanece en su casa de Santos Lugares en la que transcurrió la mayor parte de su vida, y donde vivieron sus hijos Mario y Jorge y su esposa Matilde.

El documental está compuesto por materiales diversos, desde filmaciones caseras a otras más profesionales realizadas en 1968 y 1994 por el mismo Mario con su padre, pasando por reflexiones actuales, fotografías y recuerdos.

“Algo me dice que esta película la vengo filmando desde hace más de 40 años pero cuando surge la decisión efectiva de realizarla tiene que ver con hacer algo para que mis nietos y sus hijos sepan quiénes fueron mis padres cuando Ernesto Sábato sea una calle o una estatua” y no queden más que vestigios simbólicos de su persona, remarca Mario.

El cineasta asegura que este fue el espíritu originario y el que primó finalmente y que transforma a la película, más que en un documental en un fresco familiar, aun cuando en un momento el proyecto cobró mayor envergadura y “se transformó en algo que excede a la familia”.

Hijo de inmigrantes calabreses y con 11 hermanos, Ernesto Sábato nació en junio de 1911 en la ciudad de Rojas de la provincia de Buenos Aires y vivió allí hasta que se trasladó a La Plata para ingresar al Colegio Nacional y, posteriormente, a la Facultad de Ciencias Exactas.

Doctor en física, Sábato abandona la carrera académica en 1964 para dedicarse de lleno a la literatura, donde marcó toda una época con novelas como “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abadón el exterminador” y libros de ensayo como “Uno y el universo”, que expresaban un existencialismo oscuro y, a veces, trágico.

“La existencia es tan terrible que el sueño es una compensación simbólica” sin la que sería imposible soportar el peso de la vida, como el propio escritor expresa en el filme marcando su concepción artística.

El documental de Mario se nutre de diversos materiales pero fundamentalmente de dos trabajos hechos por el hijo sobre y con el padre en Rojas, en 1968 y 1994, e incorpora también escenas del primer cortometraje de Mario, “El nacimiento de un libro”, donde el autor de “Sobre héroes y tumbas” habla de la génesis literaria de su personajes.

“Fue muy notable que cuando empecé a editar el material para esta película, que se realizó sin guión ni guía, parecía que las dos filmaciones de Rojas (la de 1968 y 1994) hubieran seguido un mismo guión técnico que yo tenía incorporado incosncientemente”, relata Mario.

“Porque era maravillosa -continúa- la posibilidad de compaginar un plano de una con un contraplano de otra, iniciar una secuencia con una y continuarla con la otra”.

“Lo extraño -reflexiona a modo de conclusión- es que cuando yo hice la segunda filmación (de 1994) ya me había olvidado de la primera (de 1968), de manera que en el montaje de esta película no pude evitar pensar que había como un designio y que era evidente que esta película (”Ernesto Sábato, mi padre“) la empecé a filmar hace mucho”. (Télam)