Cultura y Libros

Vida y memoria en poesía

La trama de las vivencias decanta en delicados e intensos poemas en Puerto Deseado, el nuevo libro de Malena Cirasa. Textos íntimos y palpitantes

Domingo 14 de Enero de 2018

Entre los tópicos que aborda el nuevo libro de Malena Cirasa encuentra un lugar destacado la propia poesía. Pero no como compendio de teorías, si no como encarnación hecha vida, propia y social. Porque los poetas y la relación con ellos, en recuerdos palpitantes, atracan en este Puerto deseado, referencia expresa a la ciudad de la Patagonia, que funciona "como una alegoría en el confín", remitiendo al destino, acaso, de la escritura, tan al alcance y tan lejos.

Normalmente para comentar un libro debemos ceñirnos a los propios textos pero en este caso, no porque los mismos no basten para hacerlo (todo lo contrario) y sí para darnos cuenta de la dimensión de este trabajo, no puede obviarse el acto de su presentación. Verdadera puesta en escena, con el mismo rigor y cuidado que la edición de los libros de Cirasa, donde reafirmando la confianza en la comunidad a la que tiende (o debería) la poesía, la autora invitó a los poetas presentes a leer algún texto del libro, al azar y de manera sorpresiva.

En esa ocasión también explicó que la dedicatoria a Jorge Riestra —al final del libro— tiene que ver con la lecturas que la autora pudo coordinar en los albores de la democracia, en lo que en aquel entonces era el actual Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, cuyo director fuera precisamente Riestra.

Podemos suponer que la memoria de los poetas en general no destaca por el recuerdo de números y datos precisos, sino porque conserva las vivencias de modo palpitante, y Cirasa las revive en estos textos, le da la temperatura necesaria de la buena poesía a ese "lugar que habitamos", "el verdadero bagaje cuando nos vamos".

Dos secciones, una encabezada con una cita de Bergman y la otra de Esenin, son el sitio donde los amigos, las flores y las plantas, los amores, el trabajo en el diario, un pueblo, una mudanza, la mesa de los galanes, la infancia, un sillón de color malva y, en definitiva, las ausencias y presencias configuran "un sitio donde impera el silencio", respecto al cual la actora puede decir que "sólo sé que he llegado".

La sutileza y el esmero permiten que la escritura destile en intensas imágenes que nos muestran desde "ángeles ebrios con olor a tinta buscando/ el puñal que se mueve en el cielo" hasta "los ojos quemados de murciélago/ o los que de los viajes heredaron/ la luminosidad. Todo el asombro".

Y también, por supuesto, los poetas: "Alguna vez las imágenes ocuparon la pared/ después el movimiento las quitó. En ésta los poetas ríen apoyados al barandal...", y la apuesta por algún tipo de esperanza, en tanto "Como a ellos el cine/ la poesía al final nos salvará".

Lisandro González

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