Cultura y Libros

Una voz volcánica que encuentra en la poesía amorosa su registro auténtico

En El ritual del adiós, el poeta rosarino Patricio Raffo construye un universo donde la tensión erótica se confunde con la gran tradición del romanticismo más puro

Sábado 13 de Octubre de 2018

En El ritual del adiós, el rosarino Patricio Raffo no se limita a hablar del dolor del adiós, de los pedazos rotos de un amor que se termina. Lo hace, es cierto, pero también permite que resplandezca algo de ese amor, muestra su llama como si ardiera, aunque ya no lo haga, "en el escabroso respirar/ de los tremendos perfumes del fuego".

Quien conozca su escritura, sabe de la voz tempestuosa, volcánica, que encuentra en la poesía amorosa su registro auténtico, para hablar desde allí de sí mismo y del universo. Y ese es el tono propio de este libro, con esas imágenes que son su marca registrada. Dice Alejandra Méndez en la contratapa que "la instancia del diálogo amoroso es, en definitiva, una charla hacia adentro, con uno mismo".

Textos en primera persona ―ilustrados con fotografías de Luisina Raffo―, que se completan en la tensión erótica hacia el sujeto amado, "porque amarla/ aún cava fosas oscuras/ en las noches incandescentes de su nombre". Imágenes cercanas a Pablo Neruda o a ciertas recordadas páginas del surrealismo francés, como el momento en que nos habla de "un modo de partir al medio las estrellas/ y ofrecerlas como panes del delirio".

El recurso de la repetición pareciera estar trabajado como un intento de machacar el recurrente dolor, de tratar, en última instancia, de ponerlo de una vez fuera de combate: "Que nada me quede/ que nada me quede de ella/ que nada me quede"; "detener esta marea/ detener esta marea/ detener esta marea".

Pero esa pena no ensordece la intuición del poeta, que atisba la percepción de una voz "dándole de comer en la boca a la memoria", en esa tierra fértil para la poesía que resulta el recuerdo.

Nos dice Raffo, sin vueltas, "bajo qué manta se hubieran recostado/ los bellísimos días del brillo…", como ese sol que "brillaba más que ahora" añorado por Jacques Prévert en la memorable letra de ese clásico llamado Las hojas muertas. Y como la canción de la amada a la que alude el entrañable Prévert, la música forma parte también de las remembranzas de Raffo, de la mano de Eva Cassidy y el genial songwriter canadiense Leonard Cohen.

Junto a los poemas, conviven algunos textos en prosa que aglutinan y mantienen de manera adecuada la atmósfera de la obra.

Algunos son breves, mientras que otros ―no menos intensos― apelan al largo aliento, como aquel que da nombre al libro, donde se rememora bellamente la última recorrida del poeta por la que fuera la casa donde se consumó el amor y se compartió la cotidianeidad.

Esa casa que susurra con un murmullo que solamente el sujeto lírico puede percibir, donde "cada una de las habitaciones/ son tristes animales moribundos con la respiración entrecortada". Como si el ritual fuera exactamente el velorio de una relación: "Observo cómo un viento imaginario, salido de mi memoria, esparce las cenizas de lo ido."

Además de haber participado en numerosas antologías y colaboraciones, Raffo ―nacido en 1959― ha publicado previamente en poesía Restos inexplicables, Dios hembra y Otro pasto. Y junto a otro poeta de la ciudad, Marcelo Cutró,dirige CR ediciones.

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