Cultura y Libros

Una voz poética que encontró el tono justo para cada época

En Transgénica, editado por Baltasara, se recopila la obra de Gaby De Cicco, que evolucionó hasta lograr una madurez en la que no están ausentes la intensidad ni los cuestionamientos.

Domingo 08 de Marzo de 2020

La publicación de la obra completa de la rosarina Gabby De Cicco se presenta en este volumen desde la fecha más reciente hacia atrás, comenzando con el libro inédito que da nombre al volumen.

Con los matices propios de cada momento, la voz particular de De Cicco modula una subjetividad intensa que da consistencia a la sustancia de su escritura. Oscilando entre el lirismo, la poesía oriental, los beatniks, la contracultura, desde "el jacarandá trémulo no crece en mayo" hasta "cada fucking day", palpitan los temas que ocupan los poemas, entre la identidad, el deseo, lo social y político, la existencia y la propia poesía. "Somos esta tierra yerma/ lo que no puede hablar/ lo que persiste en la semilla".

El glifosato, las bombas que caen, sacar los órganos y dejarlos secar al sol, la furia en un Manifiesto Post-Apocalíptico Punk (que explote), bullen en los textos revulsivos de Transgénica. En La tierra de los mil caballos se homenajea a Patti Smith —particularmente aquel disco señero de 1975, "Horses"— y con ella a toda una poética del rock. El Gloria versionado por Smith, el hotel Chelsea, Nueva York, el punk. "El caballo relincha a los lo lejos. Alguien lo amansa./ Yo escucho con la oreja contra el suelo/ cómo se acercan pero aún están muy lejos// o ¿es tu corazón?".

Queerland aborda cuestiones sobre la identidad —utilizando recursos propios de la poesía japonesa y china— y también encara de manera frontal la historia argentina, particularmente la cuestión de los desaparecidos —con una dedicatoria a la prima de la autora, Alicia De Cicco, desaparecida en 1975— y también los crímenes de odio.

En los noventa De Cicco editó Diario de estos días y La duración. En el primero de estos libros, desarrolla una lírica que se alimenta de lo real pero que permite también atisbar un universo de imágenes, como "un ángel y la pluma del ala/ cayendo sobre la boca del diablo", la mirada que avizora un "un lugar perceptible/ donde se rehace la luna.// Riela// en el límite móvil del río, irrepetible." En La duración se desarrolla un tono poético similar. Libro dedicado a la madre, su ausencia temprana se evoca en los textos: "Madera y madreselva/ la madre da vida/ y no regresa". También el amor y la propia creación son material poético. "Hay un instante en que lo puro/ cambia// quiebra su quieta razón de ser/ ahí antes de la escritura…" Así, en estos dos volúmenes, encontramos una estética que se muestra diferente al objetivismo de aquella década, que evidentemente no ejercía el monopolio absoluto.

De fines de los ochenta, Jazz me blues muestra una escritura más fragmentaria, con cortes en los versos, uso de minúsculas y poemas breves, de una gran madurez y cuidadas imágenes —"los viejos vitrales de la noche/ con sus ojos de niño muerto/ ciñen mi cuerpo desnudo"—, las que se atisban ya en su primer libro, Bebo de mis manos el delirio, del año 87 —"las estrellas vuelven a volar desangrando estos cielos de mermelada"—.

Encontramos así en esta obra reunida un valioso testimonio de una voz potente, con mucho para decir, que en cada etapa ha encontrado el tono justo para decantar en auténtica poesía.

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