Domingo 01 de Marzo de 2020
Con un epígrafe de Dante al comienzo y un dibujo con el contorno de su perfil al final, durante algo más de cincuenta poemas el porteño Jorge Rivelli emprende en su último libro —Madrigal del diablo— una travesía por la oscuridad del mundo, por la cultura y el arte, por la poesía en particular, y por la historia y la política.
Se trata de textos extensos, sin mayúsculas, sin puntuación, completando en la casi mayoría de los versos los espacios vacíos con puntos suspensivos (hasta el final del renglón), utilizando de modo reiterado el ampersand y en algunos casos el signo " " —lo que hace de esta una poesía en mucho casos enumerativa, alternando con lo narrativo y el soliloquio—, con los que recrea atmósferas bukowskianas, tangueras y rockbluseras.
El lenguaje está fuertemente influido por el espíritu beatnik pero tiene un claro color local —porteño en particular— (en una entrevista realizada por Augusto Munaro en oportunidad de un libro anterior, dijo Rivelli: "Siento que escribo a un lector como si le hablara y cuando hablo no tengo mayúsculas ni puntos ni coma, pero la «&» es para darle una gráfica literaria").
La obra de Rivelli supera claramente así la media de los libros de poesía editados actualmente, en lo que hace a cantidad de palabras y al tiempo promedio de lectura que requiere, y también en cuanto a la densidad de las imágenes: "pertenezco al reino de la noche…/ el sendero de cenizas & los lentes empañados…/ imaginando allá del humo allá del velo allá del cráneo quebrado por la fuga del fuego y los velorios…"; "& todo gira en el color frambuesa de la flor del cardo tártaro/…como la lámpara del héroe en las catacumbas heladas".
En este remolino "un ángel protector alivia la jornada/ & el vino de medianoche excita los fantasmas"; en el fragor y la intensidad el poeta percibe que "hay momentos en que el tiempo/ se detiene de repente para dar lugar a la eternidad".
Rivelli (nacido en Olivos, en 1954) lleva ya publicados varios libros, el primero de ellos de 1994 (trompe l oeil), y ha sido director de la revista Omero poesía (1999-2009).