Pantallas y realidad

Una serie como manual del crimen organizado

Entre los investigadores judiciales y policiales de Rosario hay un verdadero club de fans de The Wire. La ven no solo por placer, sino para comprender de manera más profunda los mecanismos del delito y la corrupción

Domingo 20 de Septiembre de 2020

En la última década Rosario soportó oleadas de violencia que parecían destinadas a relatos para serie policiales de TV. Lenta pero progresivamente, la ciudad se acostumbró a un aumento en los números de homicidios que tuvo en 2013 su récord con 264 crímenes, y a los vecinos les dejaron de llamar la atención los asesinatos feroces. Crímenes dignos de películas o series, donde el relato mágico se entremezcla con la historia de gente común que a partir de la violencia ve su vida transformada. Y con la capacidad de asombro puesta a prueba, periodistas y especialistas se recostaron en series para explicar coyunturas complejas. “The Wire se podría haber filmado tranquilamente en Rosario”, es un latiguillo muy escuchado entre criminólogos, investigadores policiales y judiciales, fiscales de grado, asesores en seguridad, periodistas de policiales y hasta ministros. ¿Pero por qué se elige una producción de la estadounidense HBO que se emitió entre 2002/2008 y cuyo último capítulo se emitió el 9 de marzo de 2008?

“The Wire parece haberse estrenado ayer. Es una serie que ayuda a explicar fenómenos complejos, que narra la relación entre la calle, el crimen, la policía, los medios y las víctimas. Una serie en las que no hay buenos o malos, hay conductas humanas. «Gente de bien» haciendo cagadas, «tipos malos» teniendo gestos misericordiosos, asesinos con marcada fe en la religión, narcos que se convierten en empresarios, aunque no puedan evitar un destino violento, y vecinos comunes condenados a terminar en estadísticas de homicidios. Nada diferente de lo que vemos todos los días en Rosario”, explica un veterano investigador policial callejero rosarino.

Doce años después de la finalización de la quinta temporada, en base al boca a boca, la difusión vía DVD y (por qué no) la piratería, la serie generó un cantón de fieles y acérrimos seguidores. Será quizás porque Baltimore, la ciudad eje de la historia en el Estado de Maryland, es portuaria y violenta como Rosario. O porque con ojos de The Wire pueden divisarse en nuestra ciudad tips o situaciones a manera de espejo: escenas de la serie se utilizan habitualmente para explicar –en claustros universitarios, escritorios del Poder Judicial o mesas de café– el gran árbol del crimen organizado en Rosario. El juicio de Los Monos, las batallas, las implicancias de la caída de Esteban Alvarado o el Serjalgate: siempre habrá en The Wire escenas, capítulos o temporada para ayudar entender ese proceso.

Retrato de una ciudad

Con Baltimore –la ciudad portuaria más poblada del Estado norteamericano de Maryland, con unos 600 mil habitantes– como escenario, The Wire retrata cómo la corrupción y la falta de justicia repercuten en las calles de la urbe. Así, en cinco temporadas se perfila la ciudad desde la venta de drogas y la policía (1), el puerto y los sindicatos (2), la política local y el municipio (3), el sistema educativo y los jóvenes (4) y los medios de comunicación (5). Y todos relacionados con todos. No es una serie sobre personajes, como Breaking Bad. La historia del crimen organizado de la ciudad está en el centro y los personajes, crudamente compuestos, apuntalan esa narración. La ciudad está en el centro de la historia con personajes que enamoran y que duelen.

Sin superhéroes

No se resuelven casos a partir de haber encontrado el filtro de un cigarrillo. No hay majestuosos laboratorios donde se resuelven los homicidios. Todo es a pico y pala. Trabajadores comunes deambulan por el sistema con sus vidas a cuestas buscando que alguien les dé una mano para resolver crímenes, como el policía Jimmy McNulty. Diminutos “Robin Hood” como Omar Little, ladrón homosexual y mejicaneador de narcos. Transeros que en base a la corrupción y el manejo de la calle, como Stringer Bell, siempre parecen estar un paso adelante de los investigadores judiciales y policiales.

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El equipo de investigadores en acción. The Wire está considerada una de las mejores series de la historia.

El equipo de investigadores en acción. The Wire está considerada una de las mejores series de la historia.

Historias y más historias

The Wire requiere de la paciencia y el compromiso del espectador para que las historias se vayan construyendo. Compromiso a manera de lector. Una serie a la que hay que darle tiempo. Una película de 60 capítulos. Una novela visual de 60 horas. Una serie a la que hay que darle dos o tres capítulos para que explote. Una buena manera de aprender sobre el crimen organizado mirando televisión. Radiografía de una ciudad corroída por la corrupción del sistema de seguridad y justicia que repercute en las calles y en los barrios pobres. Donde puede verse en tiempos reales –y con crudeza– cómo las bandas pelean por el territorio y cómo el crimen organizado está enquistado en el poder político.

Crímenes en barrios pobres. Lavado de dinero en lugares acomodados. Policías presionados a base de estadísticas de delitos. La pelea perdida contra la droga y los transeros. El poder del dinero y las influencias. La manufactura de la versión policial en los medios. Un sistema educativo despedazado en los barrios más empobrecidos que funciona de manera testimonial. Políticos generando influencias evitando que “las malas noticias” los impacten y para poder seguir en su banca otro período, o por qué no subir un escalón más en la pirámide del poder. De eso habla The Wire.

Y el tiempo en el que transcurren las cinco temporadas de The Wire tampoco es un detalle. La serie nació un año después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York y terminó un año antes de la caída de compañía global de servicios financieros Lehman Brothers. Vale reconocer que no es una serie sencilla a doce años de su último capítulo. Si se toman como referencia los tiempos de series como Breaking Bad, Minhunter, The Shield, The Night Of, la despareja True Detective, Peaky Blinders o Gomorra es una serie lenta, a la que hay que prestarle el ojo y necesita el compromiso de quien la mire. También es probable que las mencionadas no podrían haber ganado tanta audiencia sin los cimientos de The Wire o Los Soprano.

Violencia sin fin

Como la mayoría de las grandes ciudades estadounidenses, Baltimore es cruda y violenta. La ciudad cerró en 2019 un período de cinco años con homicidios por arriba de los 300 muertos. Con algo más de 600 mil habitantes (poco más que la ciudad de Santa Fe) y 342 homicidios, Baltimore cerró con una tasa de homicidios de 57 por cada 100 mil habitantes. Para comparar, Nueva York con 8 millones de habitantes cerró 2019 con 310 homicidios, superando por primera vez los 300 crímenes desde 2016. Rosario cerró el año pasado con 157 crímenes (15,7 cada 100 mil), con su peor estadística en 2013: 264 asesinatos (26,4 cada 100 mil).

“Es la narración televisiva que más abiertamente sugiere que nuestras estructuras políticas, económicas y sociales ya no son viables, que nuestros líderes nos han fallado y que no, no vamos a estar bien”. Así definió su obra en octubre de 2007 en el semanario The New Yorker David Simon, cronista policial del diario The Baltimore Sun durante quince años y creador de la serie.

The Wire en modo Rosario

“Es una serie espectacular. Impresionante. Tengo muchas anécdotas con la serie. Cuando trabajaba en el Ministerio de Justicia armamos un curso con investigadores del FBI sobre investigación criminal y nos contaban que para ellos había sido un problema la serie porque tenía un muy buen asesoramiento de agencias de investigación criminal estadounidense”, explica un fiscal rosarino que tiene a esta producción como referencia.

“Nos contaban que se les habían adelantado en técnicas de investigación sobre intervenciones telefónicas que en ese tiempo eran mucho más complejas que ahora. En esa época había bíper y de ahí tenían que ir a un decodificador. Todo un rollo para saber quién estaba hablando y si era a quien debían escuchar. Es la serie más importante por una cantidad de herramientas de investigación que se pueden observar”, indica. “Hay muchas escenas de la serie que las utilizo en cursos y clases sobre investigación criminal como disparadores de debate”, agrega.

“Es una serie maravillosa. Hay una escena que es cuando un jefe policial legaliza un lugar periférico de la ciudad para que los transeros vendan droga, con control sanitario, y así poder bajar las estadísticas de violencia: Hamsterdam”, refiere un encumbrado investigador del crimen organizado local, provincial y nacional. “Ellos (los policías) habían escuchado que había un lugar en el que se podían drogar libremente. Que era la ciudad de Amsterdam, en Holanda. Al jefe de policía se le ocurrió la idea de llevar el tráfico a un solo lugar y bajar así la tasa de homicidios, que son fruto de las peleas”, comenta.

“El jefe policial llegó a la conclusión que el narcotráfico no se iba a poder extinguir porque los mercados de drogas se asientan mayoritariamente en el consumo recreativo. Y por ende las verdaderas políticas de control del narcotráfico y las drogas tienen que ver con evitar que los consumos sean problemáticos, que el narcotráfico no sea problemático; que no controle circuitos institucionales, como fiscales, jueces, policías, gobernadores; que no financie campañas políticas; que no controle poblaciones y no ejerza gobernabilidad en poblaciones; que tampoco maneje circuitos financieros”, enumeró.

“Eso es algo que está en la base de las políticas de control de drogas de Estados Unidos en términos generales, hacia adentro. Y al jefe de policía, que tenía gran sensibilidad social, y estaba presionado porque le exigían que bajara las estadísticas de delitos en su jurisdicción, se le ocurrió concentrar todo en una sola zona. De manera informal e ilegal llevó a los vendedores de drogas a que se instalaran en dos cuadras y fue un método que resultó exitoso en cuanto a la reducción de los índices de violencia. Tan maravilloso como asombroso”, reflexiona.

“The Wire te cuenta cómo es el circulo vicioso de las instituciones y la gente. Cómo el sistema se protege y genera anticuerpos para sobrevivir. Bien armada, bien contada, buena música para las escenas. Y todo está filmado en lugares muy parecidos a Rosario. Los patios de los monobloques podrían ser cualquier Fonavi de Rosario, el puerto, los Tribunales… En la parte que me toca puede verse mucho de la universal idiosincrasia del policía, su forma de vida y la manera de actuar”, amplía un investigador policial que deambula por las calles periféricas rosarinas. Gente que vive diariamente escenas como The Wire en su trabajo y vida cotidiana.

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