Con su último libro, “Luna menguante”, en la mano, el poeta español Pablo Martín-Laborda pasó por Rosario y sembró amistad
19:49 hs - Jueves 02 de Abril de 2026
A partir de su profunda amistad con un rosarino de ley como es el destacado psiquiatra y dirigente político Gonzalo del Cerro, Pablo Martín-Laborda desembarcó por unos días en la que muchos llaman “la ciudad de los poetas”. Y lo hizo —como corresponde, justamente, a un poeta— libro en mano.
Bellamente editado por Torres, “Luna menguante” ha salido a recorrer el mundo hace poco. Lo que impacta en primer lugar de la obra es su absoluta carencia de timidez, en un rubro —el poético— en el cual la escasez suele ser la norma. No es ese, ciertamente, el camino que recorre Martín-Laborda: desbordante, ambicioso, apasionado, se involucra con múltiples temas y lo hace con una potencia que evoca épocas históricas muy anteriores a la lánguida posmodernidad.
“Nada me es ajeno”, dispara el hombre que ahora cuenta con ochenta y seis años y se graduó, de acuerdo a propia confesión, en “el póker, el rugby y la calle”. Y así los textos —poemas, claro— oscilan entre el amor, Neruda, Stalin, el presente y una mirada ácida sobre un mundo al cual el autor percibe en franco estado de descomposición: “…el disparo de la bala se alojó certero en el futuro / a cuyo entierro acudo”, apunta, aunque luego se contradiga bellamente, cuando asegure que “…todo no está perdido”.
El pasado periodístico
Martín-Laborda estudió Derecho, Ciencias Políticas y Periodismo y además de corresponsal en Benelux fue director de Europe. Dentro de su intenso ejercicio de la profesión periodística el momento más destacado acaso haya sido la marcha como corresponsal a la guerra del Yom Kipur. La cubrió desde el lado egipcio y hoy no la recuerda demasiado, tal como lo describe el colega Mitxel Ezquiaga en una nota publicada en El Diario Vasco. “Es como si fuera otra persona, porque desde que me jubilé del oficio vivo de otra manera”, le dijo al cronista nuestro poeta, que además es un fanático del jamón y el buen vino.
Sin embargo, a pesar de que Martín-Laborda es un graduado con honores en el ejercicio de la alegría, tiene enemigos declarados, a los cuales no deja de zaherir en sus textos. El chileno Pablo Neruda, por ejemplo, no forma parte de su lista de predilecciones. Y tampoco se priva Martín-Laborda de criticar con dureza a naciones enteras, como Bélgica (y en esto recuerda nada menos que a Baudelaire). Cito un breve fragmento ilustrativo: “Los días al atravesar el reino de Bélgica / vuelan en desbandada al grito de / ¡sálvese quien pueda! / Escapan a la frontera / que más cerca les coge”. En ese tono insultante se desarrolla el poema, prueba concreta —junto a otros tantos textos— de que Martín-Laborda no se priva de odiar, ni de hacer públicas sus aversiones. Nada más opuesto al desabrido presente.
Las mujeres en todas sus formas son también centrales en la poética del español: erotismo, entrega y deseo se vuelcan candentes desde las páginas sobre el lector, antes de desembocar en una conclusión sabia: “No te acerques al precipicio / de los amores perdidos”.
Finalmente, Martín-Laborda pone en blanco sobre negro que no está para nada feliz con el devenir contemporáneo, algo que queda explícito cuando escribe: “Los alumnos de primaria baten récords mundiales de incompetencia”. No resulta liviana esta sentencia cuando parte de la pluma de alguien que ostenta el título de Chevalier de l'Ordre des Artes et des Lettres y la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil del Gobierno español.
Ajeno por completo a la neutralidad y la indiferencia, afectuoso y generoso, nuestro visitante partió con presteza de la vecindad del Paraná, no sin antes dejar rica huella en sus interlocutores y sus lectores.