Domingo 17 de Diciembre de 2017
No eran tantos quienes estaban enterados de que el librero que los abastecía de material selecto era también poeta, y no cualquier poeta. Sucede que Sevlever no era, precisamente, un especialista en autopromoción. Reservado dentro de su infaltable cordialidad, capaz de esgrimir de modo súbito la ironía, no solía hablar mucho de sí mismo, y menos aún sobre lo que escribía. Su obra somera, pero de concentración elevada, da una idea precisa acerca de su creador: Sevlever se parecía a sus poemas.
Los escasos libros que dejó publicados se habían convertido en rarezas, casi inhallables. De allí que merece un aplauso la reciente edición de su obra reunida, El poema no es, por parte —nada menos— de la querida Editorial Biblioteca. Porque aunque muchos aún no se hayan enterado, la legendaria Vigil está de vuelta. Y en este caso, con una apuesta mayor. La entidad del barrio de Tablada ya había sido responsable, en la lejana década del sesenta del siglo pasado, de la edición del primer libro de Rubén, Poemas 1956-64, con un elevado tiraje que en el presente resultaría insólito. En esa misma y entrañable colección fueron publicados Gary Vila Ortiz (Poemas de la flor) y Rafael Ielpi (El vicio absoluto).
Pese a su título, de metafísica raigambre, El poema no es, es, y cómo: se trata, en verdad, de un libro hermoso en el plano material. Exquisitamente editado, con tapa dura, constituye un auténtico placer físico leerlo. A los tres títulos editados por Sevlever en vida se les sumaron para esta edición textos inéditos suyos, además de dos estudios previos, de Osvaldo Aguirre (un fragmento del cual está en la página 5) y Roberto García, y valiosos aportes de Nicolás Rosa, Mario Levrero, Roberto Retamoso, Carlos E. Saltzmann y Jorge Isaías (éste se reproduce en la página 6). La publicación, por otra parte, se realizó en el marco de la recordada colección Homenaje, cuyos dos títulos previos son nada menos que la Obra poética del santafesino José Pedroni (en dos tomos) y En el aura del sauce, el mítico trío de volúmenes color plata que incluían la poesía íntegra del entrerriano Juan Laurentino Ortiz.
Como día a día lo hacía Sevlever, maletín en mano, el libro ya ha empezado a caminar. Infaliblemente encontrará a sus lectores, esos que acaso faltaron en vida de Rubén. El tiempo, esta vez, ha barrido con las ausencias.