Cultura y Libros

Un hogar para que ardan los homenajes

Jorge Luis Borges está enterrado en la ciudad de Ginebra, Suiza, donde eligió morir y en ese trance final fue acompañado y asistido por María Kodama.

Domingo 08 de Septiembre de 2019

Jorge Luis Borges está enterrado en la ciudad de Ginebra, Suiza, donde eligió morir y en ese trance final fue acompañado y asistido por María Kodama. Dos años después ella creó una Fundación en la casa lindera a la que habitaba el autor en Buenos Aires cuando escribió su famoso cuento Las ruinas circulares (de la serie El jardín de senderos que se bifurcan). Se trata del mejor texto de cualquier género que haya concebido en su extensa vida y obra, juzga la esposa, quien decidió darle un domicilio a los continuos tributos que le rinde “desde que su alma entró en el Gran Mar, como llamaban a la muerte los florentinos”.

En realidad la adquisición de esta casona ubicada en Anchorena 1660, en el barrio porteño de Recoleta, vino rodeada de circunstancias especiales. “Yo la obtuve de una forma mágica, maravillosa”, asegura, y enseguida cuenta que recién llegada de Francia pasó de casualidad por la puerta cuando iba a comer con un amigo. Al ver en un cartel que la propiedad estaba en venta, pidió conocerla por todo lo que había significado para Borges el lugar donde vivió con su familia entre 1938 y 1943. No tenía previsto comprarla pero se la ofrecieron a un precio más bajo del valor real. Las cartas estaban echadas.

La Fundación comenzó a funcionar el 24 de agosto de 1988, cumpleaños de Borges y, en su honor, Día del Lector en la Argentina. Allí se alojan la vasta biblioteca del célebre escritor, un museo con objetos que le pertenecieron, actividades culturales de distintas disciplinas y un centro de haiku. “Quería compartir todo eso con la gente”, susurra Kodama. No concurre a diario por la importante afluencia de asistentes, muchos de ellos extranjeros, con los que podría toparse. En ese caso, dice, “los tengo que atender”, haciendo gala de su sentido de la responsabilidad.

Una vez por año organiza un concurso de haikus para estudiantes de séptimo grado y de escuelas secundarias que le trae grandes satisfacciones, porque intervienen adolescentes de todo el país y por los trabajos que producen (en 2019 la recepción de materiales cierra el 15 de octubre). El primer premio son las obras completas de Borges, quien practicaba y adoraba esta forma poética japonesa de tres versos y diecisiete sílabas. La actividad del centro es ciertamente un culto a esa adoración.

Pero Kodama no parece homenajear con fines pedagógicos. “Lo importante es sentir al texto más allá de comprenderlo, si no sentís nada no lo leas porque tu mente no está preparada para eso o no sentís afinidad. Esperá un tiempo que tu mente y tu sensibilidad van a evolucionar, entonces volvé a tomarlo a ver si te interesa. La sensibilidad no se forma, la tenés o no la tenés”, remata categórica.

Algo de eso le sucedió a ella misma cuando a los diez años cayó en sus manos un libro que contenía un relato con la siguiente frase de apertura: “Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche”. Lo leyó completo y quedó prendada para siempre de Las ruinas circulares, sin entender nada ni conocer al autor con el que al cabo de los años compartiría su vida. Hace poco se enteró de que Borges le había confesado a Victoria Ocampo que nunca, ni antes ni después, pudo escribir algo que tuviera tanta intensidad.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario