Cultura y Libros

Un grito que se escuchó fuerte

En el sur santafesino, en 1912, se produjo un hecho que marcó a fondo a la Argentina. La rebelión agraria que tuvo centro en Alcorta continúa abriendo caminos en el presente. Un libro recientemente publicado por Prohistoria revela nuevos aspectos de este suceso crucial. A continuación, un extracto

Domingo 12 de Agosto de 2018

La colonia La Adela abarcaba la superficie de Alcorta y parte del pueblo de Bigand con una extensión de 17.500 cuadras (la cuadra equivale a 1,68 hectárea) y pertenecía a Antonio Devoto. La colonia estaba dividida en tres secciones: La Vanguardia, Santa Catalina y Los Leones (que correspondía al distrito de Bigand). En toda la superficie se producía agricultura. El maíz y el lino eran los cultivos predominantes.

La empresa subarrendataria, Genoud, Benvenuto, Martelli y Cía, había realizado contratos de alquiler con doscientas once familias, lo que evidencia una estructura de explotación similar a la reflejada en el censo de 1895 y en el de 1908.

Esas familias de chacareros arrendatarios pagaban entre el 30 y el 34 por ciento de su producción, aproximadamente. Ello incluía el trillado, embolsado y puesto en la estación. Probablemente y de acuerdo con la analizada estructura, esta firma que era dueña de un almacén pondría en sus contratos la cláusula por la cual los arrendatarios debían aprovisionarse y comercializar a través de la firma arrendataria.

En Bigand además se encontraban otras explotaciones de gran tamaño como las colonias La Sepultura que tenía 2.000 cuadras (3.360 hectáreas) y la estancia de Víctor Bigand, con 4.000 cuadras (6.720 hectáreas). En ellas también había arrendatarios con condiciones similares a las de la colonia La Adela. La mayor parte de los productores de la zona eran españoles e italianos quienes en algunos casos observaban los postulados anarquistas y socialistas, o al menos tenían conocimiento de luchas sociales en sus países de origen. El socialismo ya desde 1901, año en que el Congreso del partido adoptó el Programa Socialista del Campo, se preocupó por la cuestión agraria e incluyó en el discurso partidario propuestas al respecto. Muchos de los arrendatarios coincidían con ellas y participaron activamente de los congresos e incluso llevaron adelante acciones concretas en pos de ese objetivo.

¿Qué fue lo que sucedió en Alcorta para que la dinámica de la expansión agraria se viera alterada y con ella las relaciones entre los participantes? ¿Qué factores coyunturales determinaron los cuestionamientos de los arrendatarios sobre el canon contractual?

Los hechos sucedidos en La Pampa en 1910 mostraron la realidad de una situación de particular fragilidad que enfrentaba al menos una parte de los productores. En el pueblo de Macachín la pérdida total de la cosecha por la sequía y la interrupción del crédito por parte de los comerciantes colocó en una situación límite a un grupo de agricultores que comenzaron un reclamo y pidieron ayuda al gobierno nacional, que resolvió el envío de subsidios y semillas que fueron administrados por comisiones que mostraron serias deficiencias para la entrega a los chacareros. Las fuerzas de seguridad fueron enviadas a la zona ante el temor de hechos de asaltos a los comercios por parte de los sublevados que fueron reflejados en la prensa de la época.

La sequía no solo había afectado a Macachín sino a toda la zona del sudeste de La Pampa y noreste de Buenos Aires, lo que provocó la expansión de movilizaciones de productores. Una de las consecuencias de estos reclamos fue el origen de la Liga Agraria de Bahía Blanca, conformada por agricultores, comerciantes, acopiadores y hacendados de la región sur de la provincia de Buenos Aires y de La Pampa afectados por la sequía. Posteriormente se formaría la Liga Agraria de La Pampa, tras los acontecimientos de Colonia Trenel. Si bien lo sucedido en Macachín fue un antecedente que se puede considerar como el comienzo de una cadena de reclamos de los agricultores arrendatarios, los principales puntos de sus demandas no cuestionaron el precio de los arrendamientos y la estructura productiva. Más acertado es indicar que se trató de un reclamo específico que no desató controversias con el sistema imperante. Los colonos, ante una situación límite, se unieron para encontrar diferentes modos de solucionarlo, peticionando a las autoridades. Para ello enviaron una comisión a Buenos Aires mientras se establecieron tratativas con los comerciantes.

El ya analizado aumento del precio de la tierra que se produjo hacia 1910 en Santa Fe se vio reflejado en los porcentajes de las cosechas que el arrendador cobraba a los arrendatarios, modificando de esta manera la distribución de la renta agrícola. Hasta ese momento, aparentemente, los beneficios basados en las buenas cosechas propiciaron la firma de contratos con cánones cada vez más elevados y con plazos más acotados. En el análisis de los diferentes componentes de la estructura productiva imperante se pudieron observar cómo era al momento del conflicto la situación de cada uno. Por ejemplo, se había encarecido la fuerza de trabajo por disminución del flujo de ingreso de trabajadores provenientes de las migraciones internacionales, lo que obligó a los agricultores a contratar mano de obra proveniente de las migraciones nacionales y pagar por ella hasta un 30 por ciento más que lo que habían pagado anteriormente.

Otro de los insumos que había aumentado era el relacionado con el costo de las bolsas y del transporte. Las bolsas, producto de problemas para la importación de la materia prima, no solo por conflictos en su lugar de producción, la India, sino porque en 1911 se estableció un gravamen a la entrada del producto, habían aumentado sustancialmente su precio.

A pesar de las expectativas que permitían esperar una buena cosecha, en 1912 los ingresos de los chacareros comenzaron a alterarse. Las fluctuaciones negativas de los precios y los pésimos resultados de la cosecha de 1911 habían colocado a muchos en una encrucijada, porque se produjo un efecto dominó que afectó su capacidad de recuperación. Era un momento de gran crecimiento de la producción y los agricultores esperaron poder recuperarse de los malos resultados del año anterior. La realidad no fue así: después de pagar el arrendamiento y apartar la semilla, la situación aparecía complicada y las deudas contraídas el año anterior fueron difíciles de afrontar. De ese modo, algunos chacareros se vieron al parecer en la posición de no poder recomenzar el ciclo productivo para el nuevo año porque la relación con el comerciante se resintió al punto de no poder conseguir la financiación necesaria. No es casual que la protesta se haya producido en el período en que había terminado la cosecha y se renegociaban contratos y se pagaban deudas. Si se observa el cuadro de evolución de precios del maíz, se puede deducir claramente que cuando los agricultores comenzaron el ciclo de la campaña 1911/12 (el periodo de siembra del maíz comienza entre los meses de septiembre a diciembre) el precio del maíz era de $9,10 aproximadamente el quintal. Cuando ese ciclo cerró (la recolección de maíz se dio a partir de marzo) el precio del cereal estaba en $5,79. En abril bajó a $5,34 y en mayo a $4,77. Concluyendo así que el productor se encontró con una desventaja importante y en una situación muy diferente a sus expectativas de ganancia cuando debió vender su producción. Si a ello le sumamos las malas cosechas del año anterior, las deudas acumuladas, y el hecho de que esperaban poder solucionar sus problemas

con esta campaña, claramente la frustración debió de ser fuerte, aun cuando las cuentas cerraran. Se consumó así una situación muy peculiar, porque cuestionar los arrendamientos significaba impugnar el orden jurídico, ya que se trataba de contratos, y por tanto las condiciones fijadas no podían ser alteradas a riesgo de ir a juicio. Al no haber (o no funcionar) instancias de renegociación privadamente, se hizo inevitable el conflicto. Entonces, parece que por primera vez había fallado lo que Palacio denominó “la paz del trigo” (2004), es decir, arreglos informales o particulares entre los actores agrarios, que permitieron, por mucho tiempo, que la economía funcionara sin grandes conflictos. Esos arreglos incluían en especial los contratos
En aquellos días Juan Álvarez opinaba: “Subía el precio del maíz y subían los arrendamientos. Ha bajado bruscamente el primero, y, naturalmente fallan los cálculos. Solo los colonos pierden más, porque el propietario siempre recibe o el precio del arriendo o una parte líquida de los productos: los gastos totales de recolección recaen en absoluto sobre el chacarero. Como esos gastos no disminuyen porque el producto se cotice a menor precio ―de hecho han aumentado por falta de brazos ― fácilmente demuestran los colonos que no pueden pagar a los propietarios lo convenido. En mayo de 1912 el maíz ha vuelto a valer en la Bolsa de Rosario lo mismo que valió cinco años atrás, esto es en 1907. Los propietarios se atienen al contrato; y ante la dificultad surgida, ambas partes vuelven los ojos al gobierno, bien para que se rebaje el tanto por ciento contratado, bien para que se calmen las posibles violencias de la huelga” (1912).Las primeras reuniones de agricultores fueron en el pueblo de Firmat y producto de ellas se formó la Primera Liga Agraria de la provincia de Santa Fe, que se llamó Sociedad Cosmopolita de Agricultores de Firmat. En mayo de 1912, esos agricultores manifestaron sus inquietudes en un documento mediante el cual alentaban a los colonos de otros pueblos a sumarse a la protesta.
Francisco Bulzani era en 1912 un agricultor arrendatario en la colonia La Sepultura. Antes de dedicarse a producir en la chacra había sido carrero. Su oficio le permitió conocer gente en los diferentes pueblos en los que viajaba. Aparentemente este tipo de relaciones hicieron que Bulzani se encontrara en Firmat en las reuniones de la Sociedad y a su vuelta a Alcorta distribuyó copias del Manifiesto entre otros productores.
Así comenzaron en algunos pueblos de la región encuentros de difusión y discusión del documento de Firmat. Entre los productores que se hicieron eco de los reclamos estaban Francisco Capdevilla, Francisco Peruggini, Luis Ricovelli, Hermenegildo Gasparini, Nazareno Lucantoni, José Gilarducci, Francisco Mena y Antonio Noguera. Los líderes eran agricultores que tenían diferentes orígenes e ideología y se relacionaban por la movilidad que les daba su actividad. Así como Bulzani era italiano y simpatizaba con el socialismo, Capdevilla era español y anarquista, vivía en Máximo Paz y conocía a Bulzani de sus viajes de carrero. El agricultor Fontana de Bigand era radical. José Gilarducci era socialista. Noguera, español, era de Pergamino y simpatizaba con las ideas de Justo. Había tenido contacto con Bulzani también por motivos laborales y poseía un diario: El Heraldo, fundado en 1897 y desde donde difundía ideas acerca de la situación agraria. Había organizado en Pergamino una Unión de Agricultores de la que era secretario. Allí mismo, el socialismo había realizado en 1902 el Congreso Obrero Agrícola, producto del cual se había fundado la Federación Regional de los Centros Obreros, que abarcaba doce centros y se había resuelto la instalación de un comité permanente en la ciudad con el fin de fomentar la propaganda y el socorro mutuo.
También hubo líderes que surgieron de otros sectores como José y Pascual Netri, curas párrocos de Alcorta y de Máximo Paz respectivamente, que conocían la situación de sus fieles y los apoyaban, o un maestro rural de Bigand de apellido Ripoll que acudía a las reuniones y ayudaba leyendo la propaganda impresa a los analfabetos. Otro líder que tuvo mucho protagonismo fue el comerciante Ángel Bujarrabal, español, quien adhería a las ideas del socialismo y tenía trato con diversas personalidades políticas de esa tendencia, aunque no pertenecía al partido. Estaba suscripto al órgano de prensa del Partido Socialista La Vanguardia. Es sumamente importante el rol de Bujarrabal como impulsor de la huelga, y sus contactos con los políticos socialistas.
Más allá de los pensamientos o de la ideología de los protagonistas, lo concreto es el círculo de sociabilidad y contactos en el que se movieron y cómo el mismo fue útil tanto para darle visibilidad y publicidad a la protesta como para que ésta adquiriera dimensión e importancia política. Muchos autores sostienen que los inmigrantes acarreaban las ideas socialistas y anarquistas desde Europa y las mismas influyeron en la organización de la protesta y en el cariz de los reclamos, llevándolo a causas estructurales, en particular insistiendo en que el conflicto era por la distribución de la tierra, como es el caso de Grela (1997). Sin embargo, Arcondo niega esto al sostener que los reclamos eran referidos solo al canon del arrendamiento y al aumento de los insumos:
“Contradiciendo las conclusiones más elementales de la sociología rural, nos encontramos con que lejos de convertirse esos atributos ―agricultores, migrantes y extranjeros― en factores que dificultan la solidaridad como grupo, ellos parecían haber contribuido a crear las condiciones para la movilización. […] En ningún momento, por otra parte, se evidenciaba una toma de conciencia que hubiera llevado, por ejemplo, a plantear la «cuestión agraria» en términos análogos a los que servían de base a la discusión europea del problema, ni a relacionarlo a un universo de fenómenos, como por ejemplo su situación como agricultor y el carácter capitalista de la agricultura argentina”.
En el mismo sentido Bonaudo y Godoy también rechazan como factor determinante a la ideología socialista o anarquista: “La anterior militancia o participación en estos movimientos de alguno de sus líderes, les brindó la experiencia necesaria para afrontar la huelga con coherencia. Pero sus propuestas ideológicas no trascendieron el programa de lucha cuyas reivindicaciones eran eminentemente agrarias, claras, definidas. Todo intento de desviarse del mismo, todo proyecto, fracasó”.
Así, queda de todos modos por explicar, o relacionar, esa aparente vinculación entre los socialistas y la protesta, ya que si los socialistas que participaron no pudieron llevar sus objetivos hacia un reclamo más intenso en torno a las condiciones estructurales, es evidente que había factores como la movilidad o los contactos que fueron facilitados por la militancia política, y que fue justamente por ese papel de los políticos socialistas que la protesta se transformó en un fuerte instrumento de tipo político. En ese sentido no puedo dejar de analizar la cita de Bonaudo en la que se menciona la “experiencia” que los líderes del movimiento habían adquirido a raíz de su militancia y participación en los partidos mencionados. Es muy factible sostener que, más allá de las ideas políticas, que sin duda algunos o muchos de los agricultores tenían, ya fuera por su formación o contactos en Europa, o por haberlas desarrollado aquí, los contactos políticos y la amistad, o al menos la convergencia de intereses (y quizá también de ideas) entre los chacareros y los líderes socialistas, impulsaron y facilitaron las acciones en el periodo de organización de la reacción frente a la situación coyuntural del momento. Eso es en parte lo que explica que esta huelga haya tenido una visibilidad tan grande, mientras que otras protestas anteriores, o posteriores, no la hayan tenido. Basta el ejemplo de Antonio Noguera en Pergamino, donde el socialismo tenía una base de difusión política permanente a través del mencionado comité. Noguera no solo era secretario de la Unión de Agricultores, sino que además poseía un diario; es decir, se trataba de militantes políticos con estructura operativa y acceso a medios de difusión y propaganda, no solo simpatizantes de un ideario determinado, sino personajes con capacidad de acción política concreta. Es importante también destacar que se trataba de gente plenamente inserta en actividades de tipo urbano, que dieron a la protesta un tono y una visibilidad completamente nuevos, que impactaron no solo a nivel local, sino sobre todo en las grandes ciudades, contribuyendo así a darle una dimensión impensada anteriormente.
En lo que respecta al anarquismo, entre 1904 y 1907 se había expandido entre los gremios relacionados con la cosecha en el sur de la provincia de Santa Fe, cerca de la zona de Rosario y en el sur de Buenos Aires. Pese a la vigilancia policial, los agitadores anarquistas llevaron adelante campañas de propaganda mediante encuentros en los que se disertaba sobre organización obrera y el ideario anarquista, a los que concurrían “auditorios” heterogéneos. Esos auditorios que menciona Ascolani bien podían estar compuestos, además de obreros rurales, de chacareros, algunos que quizá habían sido obreros, y que estaban intentando acumular ganancias entrando en la producción como arrendatarios. En todo caso, es evidente que la comunicación entre todos esos actores, ya fuera por cuestiones de discusión política o de interés sectorial, debía ser intensa y que las ideas circulaban, así como las estrategias de acción.


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