Cultura y Libros

Un asesinato estrictamente provinciano

¿Quién mató a Francisco Netri? La respuesta sale como de manual: ¡la oligarquía!, responden todos, al unísono como un coro.

Domingo 01 de Abril de 2018

¿Quién mató a Francisco Netri? La respuesta sale como de manual: ¡la oligarquía!, responden todos, al unísono como un coro. En su defecto, los opinadores más osados agregan "los de la Rural", identificada ésta como la gremial agraria representante de los dueños de la tierra. Esa contestación la escuché por décadas. Pero siempre me sonó, salvando las distancias, como la réplica de "Fuente Ovejuna", la obra de Lope de Vega. Por aquello de: los de Fuente Ovejuna se juntaron para dar muerte a El Comendador y a la hora de ser interrogados solo decían "Fuente Ovejuna lo hizo". Sobre la muerte de Netri podríamos decir algo parecido. Preguntados sobre quién instigó su muerte, todos responden: la oligarquía. Pero interrogados ¿quién es la oligarquía?, viene el balbuceo. La mayoría titubea: "No sé, ¡los de la Rural!". Pero si efectivamente fue la oligarquía o la Rural, como sostiene el relato generalista, quiere decir que previamente hubo un plan colectivo, organizado desde la Rural o con anuencia de ésta, para matar a Netri. La verdad es que no hubo tal plan. No hubo ninguna acción colectiva desde la Sociedad Rural Argentina, la de Palermo, para asesinar a Netri. Lamento romper un relato que encaja perfecto en lo políticamente correcto, pero por demás de pueril. La verdad es la verdad y está en otro lado. En Buenos Aires, la indiferencia fue lo que predominó en cuanto a la muerte de Netri; tanto para la prensa del régimen, donde no pasó de ser un incidente policial —aunque no lo fue—, como para La Vanguardia (socialista) y La Época (yrigoyenista), que ni siquiera informó sobre el crimen. Todo el mundo estaba a la expectativa de la asunción de Hipólito Yrigoyen como presidente de los argentinos; eso sucedería el 12 de octubre de 1916, una semana después de la muerte. El asesino fue rápidamente detenido, en la misma escena del crimen, lo que le quitó suspenso al homicidio. Tenemos al que jaló el gatillo, ¡ese está!; ¡ese quedó atrapado en el lugar de los hechos! Pero un mar de dudas quedó flotando en el aire rosarino. Nos falta el autor intelectual, ese se escabulló.

Lo primero que podemos inferir es que fue un crimen estrictamente provinciano, urdido en el interior profundo del territorio santafesino. Un lioso y bien sellado silencio se montó alrededor de la investigación del magnicidio. Trataremos de desenredar esa intrincada madeja de complicidad cuyo único objetivo era proteger a personajes políticos santafesinos, con mucho poder por aquel tiempo. No se trata de exculpar a la oligarquía terrateniente como clase por la muerte de Netri. Sin duda más de uno la deseó y la festejó puertas adentro. Pero lo cierto es que no hubo una acción colectiva, planificada y ejecutada por los terratenientes para terminar con la vida de Netri. No hubo una reunión donde se planificó el asesinato, ni quien en nombre de la clase lo decidió o lo pidió. Había colisión de intereses con los terratenientes, ¡sin duda! Pero no era el único sector agrario-comercial-financiero que tenía esa contradicción con el muerto. Con ese argumento deberíamos —también— imputar al capitalismo por el crimen, como responsable por la desigual apropiación de la tierra, que fue en última instancia la causa principal del conflicto que lo llevó a la muerte. El razonamiento de atribuir el asesinato a la generalidad es una de las formas más usuales de eludir las responsabilidades, muy común en la dirigencia gremial y política de este y todos los tiempos. No culpar a nadie de carne y hueso es una manera de quedar tranquilo con la propia conciencia, de salvar la ropa; y muy, muy útil, como excusa. Es el perfil que adquiere el NO compromiso con la causa. No exigir el esclarecimiento del hecho, no reclamar, no pelear, no luchar por la memoria, verdad y justicia para las víctimas es el mejor signo para que los crímenes queden impunes y los asesinos libres. La vaguedad es una de las representaciones más cínicas de la complicidad con los asesinos. Es como si las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de Derechos Humanos hubieran dicho que a los treinta mil desaparecidos los mató la dictadura, y allí se paraba todo. Es cierto, los mató la dictadura. Pero hubo responsables de carne y hueso, que los ejecutaron y los torturaron. La responsabilidad de los muertos y desaparecidos fue de la dictadura, pero el General Dictadura no tiene documentos, ni rostro, ni casa, ni nada. Una parte de la clase política argentina eligió el camino de la vaguedad o de la generalidad a la hora de juzgar los crímenes de lesa humanidad, de esa elección se parieron las leyes de obediencia debida, punto final e indulto. El pueblo argentino eligió otro camino: verdad, memoria y justicia. Sin justicia terrenal, los genocidas andarían libres por las calles.

La impunidad deja las puertas abiertas para nuevos crímenes. El caso de Netri es similar, aunque en singular. El cepedismo careció de los límites de la justicia. Fue la impunidad consagrada como política al servicio de la economía. Juan Cepeda expresaba a una clase dirigente provinciana que necesitaba imperiosamente de la violencia como disciplinador social, para que el modelo agroexportador se consolidara en el tiempo y fluyera libremente. La provincia de Santa Fe fue asolada por innumerable cantidad de crímenes políticos, hasta hoy totalmente ocultados por la historia: el capitán Laurent, Valerio Gallardo, Francisco Netri, el periodista Pedro Stein en Esperanza, Cecilio Balter en Villa Constitución, Francisco Borzani y José Josué (a) el Turco Palomita en Santa Teresa, por citar solo algunos. Hubo asesinatos y persecuciones a mansalva en toda la geografía provincial, muy pocos investigados y la mayoría cubiertos por el manto de la vaguedad. Y con la impunidad garantizada, los crímenes se multiplican.


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