Cultura y Libros

Un adelantado en rutas alucinadas

En Poemas documentales, el rosarino Alejandro Pidello (1947) profundiza las líneas de una singular búsqueda estética que viene emprendiendo desde hace cuatro décadas. Y ahora, incluso, se anima a ir más allá de la palabra escrita

Sábado 01 de Diciembre de 2018

No ser un especialista en crítica literaria me otorga la libertad de comentar sin rigor técnico mi encuentro puntual con Poemas documentales, de Alejandro Pidello. Me permite cierta impunidad, digamos. Además, por cierto, este libro extiende los márgenes habituales de un voraz lector de poesía (devenido en editor) para ingresar en otros canales expresivos fascinantes.

Lo que más me entusiasmó de la poesía de Pidello, desde que la comencé a leer cuarenta años atrás, es estar persuadido de que no la entendía del todo. O mejor, que me permitía entenderla a mi modo, y así la disfrutaba. Por supuesto, jamás me había preocupado por "entender" a Tristan Tzara, a Philippe Soupault, André Breton, ni a tantos poetas europeos de las primeras décadas del siglo veinte, que me abrieron la cabeza con versos luminosos

No "entender" a Pidello me generó siempre un interés vital vinculado con la sorpresa y la fascinación, cuánto más poéticos son estos atributos que la estricta comprensión de textos ¿verdad?

Al lenguaje poético, cada cual lo asimila a su modo. A mi gusto, debiera estar cargado de una dinámica explosiva y provisto de disparadores potenciales que al lector lo dejen en éxtasis (como cuando Viel Temperley iba a comulgar).

Pidello es un adelantado de rutas alucinadas, un conquistador que gobierna un tránsito a lugares incomprobables y a situaciones de dudosa lógica. Su dinámica del paisaje permite una expansión sensorial movilizante, por los registros tan exclusivos de su GPS, único y diferente a los estándar.

Con gran entusiasmo seguí toda su obra poética. Cuando tuve ocasión la premié, como jurado del Concurso José Pedroni en 2007, por su libro Estación de animales buenos.

Desde 2001 dirijo el sello de poesía Ediciones en Danza. Desde entonces procuro que Pidello integre nuestra colección y que algún libro suyo ingrese a nuestro catálogo. El destino permitió que su acceso al fondo editorial sea posible a través de Poemas documentales.

En esta obra el poeta resolvió dar una vuelta de tuerca a su expresión. Quiso ir más allá de su palabra escrita, como si no le hubieran resultado suficientes los recorridos y las escenas que nos plantean sus versos, ya cargados de plasticidad visual, aunque impresos en páginas de libros convencionales.

En Poemas documentales, hacia el final del precioso tomo de tapa dura, en un texto titulado "Las cosas jamás vistas y jamás contadas", Pidello apunta entre otras definiciones: "En estos trabajos... me ubiqué como espectador del monumental archivo de imágenes y videos, donde guardo no solo el producto de mi tarea como "predador de imágenes" (sic) sino también el trabajo de los genios del tema. Luego de este enfrentamiento, organicé las inserciones o fraccionamientos mediante un modesto proceso de edición (influenciado y teñido por mi admiración respecto a la tarea que realizó principalmente Eisenstein) generando una combinación de fonemas, palabras y versos con imágenes fotográficas, dibujos y videos... también utilicé música en un intento de acentuar o animar algún aspecto de la palabra o de la imagen".

En suma, Poemas documentales convierte la travesía de un libro de catorce poemas (y una historieta) en un acto de recreación estética conceptual. Las piezas poéticas se complementan con el acceso a videos filmados, musicalizados y editados por el poeta. (El link y el código de ingreso aparecen impresos en el índice).

Recuerdo que Pidello me enseñó este trabajo en una desapacible tarde del último invierno en Rosario, en su bulevar Oroño, y me propuso publicarlo en Ediciones en Danza. Mi orgullo y satisfacción como editor fueron directamente proporcionales a la fascinación que, como indiqué, me genera la poesía de Alejandro Pidello. Además, en este caso, ya no sólo como lector, sino como espectador de videos y oyente de músicas atrapantes. Por otra parte, me resultó gratificante comprobar que, aun en estos malos tiempos de la realidad argentina, aparecen motivos de celebración. ¡Salud al hombre de la pipa...!


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