Cultura y Libros

Tres poemas de Sevlever

Domingo 17 de Diciembre de 2017

Gnosis

Interpretaba las mil maneras de morir de todas las cosas,

las suavísimas formas con que las flores entregaban sus aromas postreros

y el caer de la luna, lánguidamente, hasta el final de nuestros ojos...

Hay estrellas que saben morir como las flores,

y hombres pálidos que las siguen en silencio; el caer de las pestañas también es un morir (se oculta para siempre una mirada),

y el caer de algunas manos sobre libros tristes o mejillas que se apagan sin regreso.



Recuerdos de hotel

Esta poesía que se alimenta de almohadas, de toallas solitarias

colgando de algún sucio ropero,

de la luz anémica en bombillas donde hacen oscuros crecimientos su nido más fiel.

Esta poesía de madera manchada, de ginebra piadosa suavizando gargantas roncas,

de sueños como cenizas y pantalones sin planchar que interrogan lastimosamente

a colchones hundidos, destripados por la rabia de una noche veloz o violenta,

cuando el sudor y las moscas matan el sentido más pulcro del amor

y las zapatillas se despiertan

sin duda muertas de cansancio para orar por la violación

de los objetos que me duelen.

Esta poesía nació de cara a la pared.



En el jardín del antiguo hospital

En el jardín del antiguo hospital, junto a inmóviles palomas

que hieráticas reposan, espero que regrese la vida.

Aquí, las agujas del reloj parecen congelarse para siempre

sobre el óxido de amarillos muros y la oriental expectación

de mudas, introvertidas palmeras.

Aquí es ya un milagro lograr un espacio de poesía, un atisbo de lo eterno

a través de lo instantáneo, una gota de plenitud adherida

al verde oscuro de simétricos parterres.

Cuando un cielo de zinc

marca el límite visible de este oficio parco de inútiles palabras.

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