Tres poemas de Rubén Echagüe

Domingo 12 de Septiembre de 2021

Las plantas

(En el patio)

A cada una la riega el agua

del misterio…

hasta que sus temperamentos

florecen calladamente.

El malvón suburbano se abre

paso en el aire, ebrio

como un vecino

que acertó en la quiniela.

(Las hojas lanceoladas sueñan

todas las noches

una epopeya de entrecasa).

El “lazo de amor” vierte

su amor de folletín en cascada

copiosa… inconsolable.

El culantrillo vibra, perplejo…

Y el jazmín del Paraguay

(viejo taoísta), reverdece sin

decir una palabra.

¡Qué lástima!

Eché por la borda todos los florines

(todas las monedas de oro).

Cuando llegué a la esquina

el taxi había pasado.

Revelé el secreto a los espías del zar.

Segué el trigo a destiempo…

Pesqué en un lago en el que no había

peces.

Desperdicié el último fósforo

intentando encender una rama verde.

El Boeing volaba

a una altura inconmensurable.

El fármaco que solía aliviarme no se

fabricó más.

La cerveza se calentó en su jarra.

Y el cometa Halley cada 76 años…

Cuando aparezca de nuevo en el cielo

yo ya estaré muerto.

L.

L. cree firmemente en el poder bienhechor

de las palabras, que hasta

suturan los labios de la herida abierta.

Por eso musita sus fórmulas secretas

(que solo ella conoce)

sobre todo lo que la rodea…

Sobre el puchero escaso y el corpiño roto,

sobre el recelo del médico auditor

y sobre el árbol que la tormenta desgajó.

L. recita sus mantras con unción

en la antesala del hospital público, y en el

desamparo de la horrenda comisaría.

En la farmacia para obtener descuento,

y en lo profundo de la noche para

que Alguien la perdone, nadie sabe por qué.