Cultura y Libros

Superficies de placer

Aunque nunca fue legitimado por los salones celebrados en museos, que jamás aceptaron ninguno de sus envíos, Darío Homs ―obstinado― jamás cambió el rumbo de su búsqueda estética. Sobre las páginas de los tradicionales cuadernos Rivadavia, le da forma a un mundo tan personal como encantador, donde letras y colores protagonizan una danza que atrapa.

Domingo 03 de Junio de 2018

Darío Homs trabaja en territorios contaminados, cruzando disciplinas, algo que lo convierte en un creador difícil de etiquetar: escritor, dibujante, videasta. Su producción es reconocida por muchos colegas, algo que difiere con otras instancias de legitimación como los salones celebrados en museos. que nunca aceptaron sus envíos. La Escuela Municipal de Artes Plásticas Manuel Musto le brindó un espacio para que pueda exhibir las características hojas de cuadernos Rivadavia, que Homs se encarga de invadir con grafismos manuales, caligrafías inventadas y tramas realizadas con letras de máquinas de escribir que son el resultado de este diálogo entre dibujo y escritura.

En la inauguración se proyectó una selección de las casi novecientas animaciones que lleva realizadas a partir de intervenir sus dibujos digitalmente. Con orgullo menciona su "único título" como animador, egresado de la Escuela de Animación de Rosario, que combina con una incursión en la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes y con su formación autodidacta en el campo de la plástica. Sus mejores amigos son artistas y se dividen en dos grupos, los que le decían que tenía que trabajar a partir de reglas compositivas y teoría del color y los que lo impulsaban a la compulsa del hacer. Apostó a lo último y agradece por eso a Aurelio García y César Baracca, entre otros.

Algunas de las obras expuestas en "la Musto", que se podrán ver hasta el próximo miércoles, tienen diez años, otras cinco y otras son más recientes. Desde la década de 1990 este creador trabaja en cuadernos: "Empecé escribiendo y en los primeros tiempos, cuando no había manera de sostener la escritura, lo hacía sobre cuadernos Rivadavia. Usaba tintas de muchos colores y una vez, que no me salía nada y mi inspiración estaba lejos, empecé a garabatear con biromes de colores y me di cuenta de que la letra era dibujo. Creo que estaba demasiado cansado de la sintaxis y me puse a dibujar. Comprendí que era una manera muy libre de ejercer la voluntad de crear porque ahí no importaban esas cosas déspotas de la semántica y del significante".

Los trabajos de Darío Homs tienen grandes referentes de la historia del arte pero su visión personal se desarrolla impulsivamente en estas pequeñas superficies de placer invadidas por manchas y encajes tipográficos que incluyen desde imágenes orgánicas, arborescentes o de colores múltiples a estructuras regulares, de letras mecánicas con una paleta acotada al negro y rojo: "Ya sea porque son manchas de tinta o porque son resueltas con máquina de escribir, el sostén letra siempre me atrapó. Me acuerdo de un libro de poesía abstracta, editado hace mucho por el Centro Editor, que tenía obras de Dermisache, Piccoli, caligramas árabes y varios manifiestos de poesía concreta. También tenía cosas de Dadá que me volvieron loco, el manifiesto de arte concreto de Madí y el prólogo de Mallarmé: Un golpe de dados. Toda esa gente trabajaba un alto rango de poesía visual y eso me dio el empuje, porque siempre decía que no sabía dibujar y cuando vi eso entendí un montón de cosas, por ejemplo, que poesía visual podían ser las tarjetas de las máquinas IBM. En ese momento fue cuando empecé a esforzarme mucho para que la poesía tuviera un rango visual hasta que, después, empecé a dibujar directamente", relata.

La mayoría de lo expuesto son hojas sueltas de estos clásicos cuadernos escolares que, en muchos casos, están intervenidas de ambos lados: "Siempre trabajé despanzurrando un cuaderno y dejando uno entero, pero es la primera vez que me animo a mostrar series de hojas sueltas. Pensaba que era muy difícil mostrarlas así pero la gente de la Musto me dio la oportunidad de hacerlo cuando me ofrecieron varios marcos, algo que fue soñado para mí".

La solvencia de la artista Eladia Acevedo, que integra el equipo de esta escuela, fue fundamental para resolver cuestiones específicas de la selección de obra y del montaje porque varias hojas están trabajadas de ambos lados. En palabras de Homs: "Tuvo un ojo clínico, porque ideó la forma de exponer algunos trabajos para que se puedan ver a partir de una vitrina con vidrios enfrentados".

En un importante número de obras resulta interesante advertir la forma en que saca provecho de la máquina de escribir como herramienta artística. Este creador relata que si puede introducir las hojas de todos lados para que las letras dejen su impronta, lo hace para que no tengan un solo sentido de lectura. Los efectos generados evidencian un abordaje lúdico que a las nuevas generaciones les resultará desconocido, tanto como las palabras Remington y Olivetti. En cambio, muchos recordarán nostálgicamente estas máquinas que hacían confluir en el acto de la escritura una intensidad corporal diferente y un sonido que resuena en el tiempo si alguna vez se escribió en ellas. Homs señala que su afición hizo que avanzara tanto en su espacio de trabajo como en casas de amigos y conocidos: "Cuando me encontraba una máquina con alguna tipografía rara, que me interesaba, preguntaba si tenía un poco de tinta para hacer alguna hoja. Si no tenía, igual ponía el papel para dejar la marca, tipo gofrado, y si la marca quedaba muy suave, le pasaba lápices por arriba para que quede como un frottage: una técnica que usaba mucho Max Ernst, a quien admiro tanto, igual que a Magritte y William Blake, porque considero que en sus obras hay mucha poesía visual."

El formato que utiliza Homs es uno de los más accesibles al impulso creador porque se referencia en los cuadernos de notas utilizados por los artistas para esbozar rápidamente sus ideas. Brindan la posibilidad de tener a mano el soporte para trabajar con la escritura, el dibujo o ambos lenguajes en simultáneo: "Dependiendo del día puedo ir por la escritura o por el dibujo, que es cuando más me dejo llevar. Por ejemplo, hay trabajos que tienen muchos materiales: biromes, bolígrafos con tinta gel, fibrones, plumín, que invaden toda la superficie pero no paso a un tamaño mayor porque necesito ese formato, no puedo trabajar en un espacio más grande porque me pierdo, me siento apabullado".

El cruce interdisciplinario se puede inferir en muchas obras que denotan relaciones con autores o estilos musicales que responden a estéticas visuales precisas. Una asociación que este creador respalda: "Mientras dibujo escucho mucha música, rock (¡vivan los Beatles!). Adoro a Harrison, a McCartney, la electrónica alemana de los años 70, como Kraftwerk. No saber tocar un instrumento hace que trabaje con ritmos en el papel de manera automática porque si veo que me estoy poniendo muy mental frente a la obra, le doy mucha vuelta y me complico, prefiero complicarme escribiendo. Creo que dibujar tiene que ver con mi frustración de no encontrar la rima perfecta con la escritura y por eso la busco en los dibujos, que son como ensayos de rima".

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