Cultura y Libros

"Sólo se puede transmitir la pasión por la lectura si uno la tiene"

Su éxito como narradora la colocó poco atrás en posición privilegiada al presentar la última Feria del Libro de Buenos Aires. Allí lanzó una alocución que obtuvo notable resonancia. El viernes próximo visitará Rosario para una charla abierta en la Feria de la ciudad. Claudia Piñeiro, muy querida por sus lectores, conversó con Cultura y Libros.

Domingo 27 de Mayo de 2018

Durante las últimas semanas, Claudia Piñeiro ha tenido dos intervenciones de insoslayable impacto social. Expuso en las reuniones informativas que se brindan cada martes y jueves en la Cámara de Diputados, en el marco del debate por la legalización del aborto. Y además, brindó el discurso inaugural de la 44ª Feria del Libro de la ciudad de Buenos Aires. En ambas alocuciones, la escritora y guionista, autora de Tuya y Las grietas de Jara, analizó el poder de las palabras y demostró cómo éstas pueden actuar más allá del papel, y convertirse en instrumentos de toma de posición y de lucha.
Uno de los ejes de su discurso para la apertura de la Feria del Libro fue respecto de "la disidencia como estado de alerta". En relación con el discurso brindado por Griselda Gambaro años atrás en la Feria de Frankfurt, Piñeiro adhirió: "Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad —en nuestro caso— el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir. Me siento cómoda en un colectivo de escritores para los que la lealtad nunca deba ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura y con nosotros mismos."
Luego de este claro posicionamiento ideológico, político y estético, Piñeiro habló de la escritura como marca ontológica, de la crisis que atraviesa el sector editorial y del estado de indefensión en el que vive la mayoría de los escritores. También señaló la clara invisibilización de las mujeres en el campo literario: en lo académico, en lo editorial, en lo institucional: "Como el mingitorio de Duchamp, cada invisibilización grosera de una mujer trabajadora de la literatura debe ser sacada de su lugar y expuesta para que se tome conciencia", afirmó.
En muchas de las historias que escribe la exitosa novelista hay elocuentes posicionamientos ante temas actuales. Esta disidencia, aunque velada, acompaña la trama de sus historias y sostiene estos relatos. En su último libro, Las maldiciones, vemos a un empresario devenido político cuyas ambiciones no tienen límites. Detrás de él, una madre aún más inmoral, que oficia de soporte a los entramados que teje su hijo. Otra de las novelas donde el pulso de lo social asoma, y hoy más que nunca, es Elena sabe. Una historia que acarrea la pregunta de hasta dónde puede llegar una maternidad no deseada. Hoy que tanto se alude a los supuestos traumas posaborto, Piñeiro pone sobre el tapete una pregunta fundamental: ¿qué sucede, entonces, con la maternidad obligada? ¿Hasta dónde llega su daño en alguien que no quiso maternar, pero está obligada a hacerlo?
En diálogo con este suplemento , y a la espera de su visita el viernes próximo a la ciudad en el marco de la Feria del Libro, Piñeiro habló del debate sobre el aborto, de la necesidad de formar lectores, de los cuidados que deben tener los escritores ante una industria que no los protege, y también de la literatura rosarina.

—Ya van cuarenta y cuatro ediciones de la Feria del Libro de Buenos Aires desde 1974, y sos recién la cuarta escritora en inaugurarla. ¿Algo está cambiando, aunque sea muy lentamente?
—Muy lentamente. De las cuatro escritoras, dos fuimos en los últimos dos años. El cambio es lento pero no hay marcha atrás. Creo que hay que señalar cada invisibilización de las mujeres en cualquier campo hasta que dé vergüenza. El cambio es cultural. Y será la misma sociedad la que impugne esta invisibilización.

—Hablaste de la literatura como trabajo y de los escritores como trabajadores de la palabra: ¿cuál fue tu camino, en lo personal, para llegar a esta afirmación? ¿En qué momento esto se hace carne en tu vida?
—Para mí está claro que cualquier actividad que forma parte de una cadena de valor es trabajo, y debe respetarse y pagarse como tal. A veces, aunque no haya cadena de valor, también. Mi padre era delegado sindical en la empresa en la que trabajó los últimos años y eso le valió un despido injusto y un juicio laboral arreglado por la empresa con un abogado y con la Justicia, por el que no pudo cobrar la indemnización correspondiente. Mi conciencia del lugar del trabajador me la transmitió él. También el denunciar y luchar contra las injusticias en ese campo, aun con el riesgo de que las cosas no salgan bien. Lo que sucede con el escritor es que por mucho tiempo trabaja de otra cosa, mientras su deseo es publicar alguna vez aquello que le roba al tiempo de trabajo. Entonces, cuando lo logra y entra en esa cadena de valor le cuesta pasar de aquel deseo a la conciencia de que su tarea es trabajo, en el marco de una industria donde se remunera al imprentero, al distribuidor, al editor, al librero y a cada uno de los que trabajan en ella. Es absurdo, entonces, que el escritor que pone el texto a partir del cual se iniciará todo no tenga un lugar respetado y privilegiado.

—¿Qué podés decir al respecto, para los escritores que intentan abrirse camino en este ámbito? ¿Ante qué o quiénes deberían estar alertas?
—Les diría que hablen con otros que ya hayan publicado. Que busquen la página de la Unión de Escritores. Ahí hay modelos de contratos y textos que pueden ser muy importantes para despertar esas alertas. Luego, con esa información, pueden incluso decidir regalar su texto. Pero porque lo decidieron a conciencia, y sabiendo que hay otras alternativas a futuro.
—¿Tendría que existir un gremio de escritores y escritoras?
—La SADE y la SEA son sociedades de escritores que si bien se ocupan de reclamar ciertos derechos generales, nunca ejercieron esa lucha de derechos puntuales e individuales que tiene Argentores con respecto a la remuneración y el pago. Me parece que Unión de Escritores intenta salvar eso. Pero aunque lo evaluó tampoco pudo tomar el modelo gremial o sindical, no es fácil organizarse en ese formato. Argentores recauda de la boletería de los teatros, por ejemplo. En el caso de la literatura esto no es posible. Es un tema para seguir estudiando.

—En una entrevista contás algo que parece increíble, pero suele suceder, acerca de cómo la literatura a veces anticipa el pulso de lo actual: ese estar esperando para subir al escenario, y que lo que escribiste diera cuenta de lo que estaba sucediendo en ese momento, en relación con las protestas de los profesorados porteños en la inauguración de la Feria del Libro de Buenos Aires. ¿Cómo viviste ese momento?
—Fue un momento en el que hubo que tomar muchas decisiones en medio de una situación caliente. Al día siguiente muchos opinaron sobre qué tendría que haber hecho o no en esa circunstancia, y esa actitud opinadora de dedito levantado en la comodidad de su casa, con el diario de lunes, me parece o ingenua o indigna. Nadie de los presentes sabía qué hacer. Me pidieron que subiera a ver si yo lograba hablar luego de que no pudo hacerlo otro de los oradores y con la intención de que después pudieran hacerlo quienes faltaban. Subí sola y sin ninguna ayuda más que las de mis amigas (Hinde Pomeraniec, Patricia Kolesnicov, Paola Lucantis), que en el fondo de la sala les pedían a los manifestantes que me escucharan. Sin ellas tal vez no habría podido hablar. Porque además sabía que estaban allí ellas y otras y otros acompañándome (Julián Lopez, Enzo Maqueira, Florencia Abbate , Leo Oyola, Miriam Molero, Debora Mundani, Cecilia Szperling, Guillermo Martínez y tantos otros colegas, además de mis hijos). Es la única ayuda que recibí. Luego las propias decisiones, dejar el atril, acercarme al centro del escenario, hablarle al público con un discurso que estaba terminado hacía semanas y que la prensa tenía desde dos horas antes. No cambié nada de lo que estaba escrito, lo que estaba escrito hablaba a los tiempos que corren. Al bajar alguien me objetó que yo hubiera "conversado" con los manifestantes, que eso los convalidaba. Le respondí que los hubiera convalidado el hecho de haber sido escuchados por quienes debían, desde noviembre del año pasado hasta el presente. En fin. Son maneras de ver las cosas. Yo las veo así. Si no mirás lo que está pasando en la sociedad, las cosas explotan en algún momento. Con respecto a la solución para próximos actos inaugurales y la propuesta de que el acto no sea abierto al público, yo tengo otra propuesta: que el único discurso sea el del escritor invitado a abrir la feria. Que el acto sea eso. Y que los demás (funcionarios, gente de la fundación) vayan a aplaudir como el resto del público y a cortar la cinta. Lo que tengan para anunciar lo pueden hacer en una conferencia de prensa anterior o posterior. Creo que esa puede ser una solución para poner las cosas en su lugar.

—En este discurso inaugural también hablaste de la formación de lectores y lectoras. Desde nuestro camino individual, ¿cómo garantizar a la infancia la apropiación y la construcción de este camino lector?
—Yo creo que solamente se puede transmitir la pasión por la lectura si una la tiene. Cuando algunos padres dicen mi hijo no lee, está todo el día con el teléfono o con la Play, en realidad habría que ver primero si ellos mismos leen. Ahí hay una cuestión de iniciación: si los padres no leen, es difícil que lo puedan transmitir. De todos modos siempre queda el recurso de la escuela: el lector se forma en la escuela. Y como país no podemos depender de que los padres les enseñen a leer a sus hijos y los introduzcan en la lectura. Si hay padres que quieren hacerlo, tiene que ser como modelo, como iniciación, por ejemplo leerles a la noche o llevar con uno siempre un libro a los lugares a donde va. Yo vivo fuera de la ciudad, por eso ando mucho en auto y tengo siempre un libro ahí. Recuerdo que un día mi hijo, que era chiquito, agarró este libro y me dijo "¿qué hay acá adentro que lo llevás a todas partes?". Y esa es, me parece, la pregunta que deberíamos generar en ellos: ¿qué hay ahí adentro? ¿Por qué lo lleva a todas partes? ¿Por qué es tan importante para uno esto? Quizás ellos algún día tengan ganas de hacer lo mismo.

—Tu discurso en el Congreso a favor de la despenalización del aborto fue muy replicado. Las mujeres ya conquistaron la calle, ¿creés que esta vez, por fin, se llegará a la ley de interrupción voluntaria del embarazo?
—Yo creo que en Diputados la ley va a ser aprobada. Creo que los diputados que están dubitativos, que son quienes van a definir la aprobación o no de la ley, van a ser conscientes del altísimo costo político que les va a generar esto. Y así como con la ley de matrimonio igualitario, que en muy poco tiempo quedaron desactualizados los argumentos en contra que se dieron en ese momento y hoy casi nadie se atrevería a repetirlos, lo mismo va a pasar con la ley por el aborto. Quienes no estén de acuerdo tendrán que resguardar su decisión para su vida privada, su familia, sus hijos y la gente con la que ellos puedan conversar. Pero no con todos los demás, a los demás nos tienen que dar ese derecho y dejarnos decidir. Los diputados tienen que ser conscientes de que su religión, su creencia, lo que ellos piensen, no pueden imponérselo a los demás, no pueden obligar a una persona a ser madre. ¿Quién se cree que es alguien, para poder imponerle a otra persona la obligación de llevar nueve meses un embrión adentro y que ese embrión luego se convierta en bebé y esa persona en madre? Hay que creerse Dios, realmente, para tomar una decisión y obligar a una persona a hacer eso. Sinceramente no entiendo. Sí, por supuesto, puede decidir no practicarlo en su vida. Eso me parece genial, cada uno tiene sus creencias. Pero hay que creerse Dios para obligar a alguien a hacer algo de esa intensidad. Es tremendo, y creo que detrás de todo se pone en juego la sexualidad de las mujeres. Y este es un tema del que se ha hablado poco: el castigo por la sexualidad de las mujeres. Muchos dicen "bueno, te hubieras cuidado, no hubieras tenido relaciones" y quizás hasta esa mujer se cuidó, y aun así quedó embarazada, ¿y ellos la van a obligar a tener un hijo? La verdad, en relación con esto, admiro a Rosario, lo avanzada que está en la legislación y todo lo que han hecho con respecto a este tema.

—Desde hace unos años en Rosario se desarrolla la FLIA (Feria del Libro Independiente), la Feria de Librerías de Viejo, y ahora, con el regreso de la Feria del Libro, se abren nuevos espacios de exhibición y de encuentro con lectores y lectoras. ¿Cómo ves el panorama cultural de la ciudad?
—A mí me pasa con Rosario un poco lo que me pasa con Montevideo: son esas ciudades que veo como modelo en muchas cuestiones. Como todas, por supuesto, tienen sus defectos, pero hay cuestiones de gran avance, en cuanto a lo social. Me pasa en relación con la ILE (Interrupción Legal del Embarazo) y con otras cuestiones que tienen que ver con la modernidad del pensamiento. Creo que Rosario tiene eso que no tienen otras ciudades, incluso Buenos Aires. En ese sentido, estas ferias del libro ayudan a visibilizar. Creo que la ciudad tiene mucha vida cultural. Y, entre otros, son los escritores quienes producen este tipo de sociedad. Por otro lado, hay autores que sigo y me gustan y luego me entero de que son rosarinos. Por ejemplo Patricio Pron, un autor que me gusta muchísimo. Vive en España, si no me equivoco, es que los rosarinos son muy viajeros. Ahora estoy leyendo justamente a Osvaldo Aguirre, un periodista y escritor extraordinario. Hablamos de literatura de Rosario, y tengo justo el libro que escribe con Javier Sinay, sobre mi mesa de luz. Es Extra, antología de la crónica policial en Argentina. Después hay autoras como Angélica Gorodischer o Patricia Suárez. De Suárez recomiendo muchísimo sus obras de teatro, es una autora prolífica, y también muy buena novelista.

—La última pregunta, en especial para tus lectores fervientes. ¿Estás trabajando en algún proyecto de escritura, actualmente?
—Estoy trabajando en el guion de una película y de una miniserie. No sé si después se darán o no, porque son proyectos que se van armando y luego se presentan y allí se ve. En el campo literario, acabo de entregar un libro de cuentos. A lo largo de estos años escribí muchos que han ido saliendo en antologías, en diarios, en algunas publicaciones en el extranjero. Hace tiempo estaba la idea de juntar algunos de ellos. Entonces con mis editores buscamos los que tuvieran sentido de formar parte de un mismo libro, un sentido de ir juntos en un volumen. Es un libro que saldrá en septiembre u octubre de este año. Será mi primer libro de cuentos, aunque son historias que me vienen acompañando desde hace muchísimos años.

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