Sensibilidad femenina, para que lo poético se vuelva carne
La entrerriana Belén Zavallo exhibe en su libro "Aspas" una mirada muy personal, donde la naturaleza y la maternidad se erigen en protagonistas

Jueves 23 de Noviembre de 2023

“Nació y vive en Paraná pero creció en Viale, a 50 kilómetros del río. Vio muchos arroyos, caminos y tierra y apuntó a perdices con el rifle ensartado en su hombro. Es la menor de cinco hermanos y mamá de dos mujeres”. De este modo, con datos certeros y personales, se da a conocer María Belén Zavallo en la solapa de Aspas –cuarto título de esta autora entrerriana-, adelantando así la personalidad que caracteriza a este libro de poesía claramente confesional –con la experiencia de la maternidad como uno de los ejes: “el mundo es líquido / nuestra vida setenta por ciento agua // ahora sí / -fuerza / una dos tres arranca el llanto nuevo”-. En esta misma línea subjetiva la poeta titula al primer poema “Quién soy”, al cual divide en siete fragmentos o pequeños poemas -procedimiento que reitera en la obra-. Y para decir quién es, se nombra y se dice junto a su familia: “mamá vendió su piano y olvidó la música / papá era un clavel del aire, / huérfano de madre y de padre / y de hermano / pronto lo rodearon tres tumbas // y se le llenó de polvo la lengua”.

Si bien en la escritura de poesía hay un sujeto lírico que, por más que pugne por alejarse del yo, siempre estará ceñido en alguna medida a lo propio del autor, en el caso de este libro hay una clara decisión de que lo personal se convierta de modo expreso en el territorio donde gesta la obra. “Por eso pienso la poesía como una extensión vital y orgánica, que muta y el lenguaje va tratando de decirnos y decirme lo que estoy tratando de asimilar” aclara la poeta en una nota publicada en Télam Digital.

Y sin duda lo sensorial es el camino donde estos textos pugnan por manifestar lo poético y hacerlo carne. “En la mesa éramos siete / mamá repartía puchero y menudos // me gustaba comer el corazón del pollo // aplastar el hígado / echarle pimienta / cuando me servía el caracú / hundía el dedo en la gelatina / revolvía el nido de grasa / se ahogaban las palabras / en el agujero // el hueso guarda el silencio como el tuétano”. Y tan es así que las aspas del poema que dan título al libro refieren a la sensación que la autora atribuye a un hermano suyo luego de un accidente: “vio el molino / y sintió las aspas en su cuerpo”.

tapa.png

Nada queda en el tintero, no porque estén las cosas explicadas, sino porque las cosas se dicen: “cuando abro la boca / no me quejo / pero sale / un moscardón / y zuma”. Y más adelante, en un poema donde suponemos a las amigas de la infancia, Zavallo dice que “las cosas se nos cuelgan de la boca / como racimos oscuros de una parra”.

En lo formal, los signos de puntuación son prácticamente obviados –omitiendo el uso de mayúsculas en parte de los textos-, con excepción de los diez últimos titulados –justamente- “Mis diez años”. Ahí vemos plasmarse el paisaje de pueblo de la infancia, una atmósfera que se transforma en la del poema. “Las madres asoman medio cuerpo y lanzan los nombres de sus hijos. Los gurises nos desparramamos como el mercurio del termómetro roto. Volvemos a nuestras casas. Ninguna otra voz se sacude en la siesta. Hay chicharras y nísperos en silencio. Hay ropa que se hamaca en cada patio. Telas que dibujan cuerpos boca abajo”.

Belén Zavallo ha publicado Todos tenemos un jardín (Camalote, 2019), Dos poemas (Ediciones Arroyo, 2020) y Lengua montaraz (Ana editorial, 2021) –con el que obtuvo el tercer puesto de la primera edición del Premio Storni 2021-, y en narrativa Las armas (Agua Viva ediciones, 2021).