Cultura y Libros

Robert Desnos, entre el amor y la libertad

Fue una de las grandes plumas del surrealismo, junto a André Breton, Paul Eluard y Antonin Artaud. Pero además de textos luminosos, dejó un ejemplo de dignidad y coraje

Domingo 26 de Mayo de 2019

Robert Desnos es el verdadero poeta surrealista. André Breton habrá forjado el grupo, tal vez sea el nombre más asociado a esa corriente que para muchos fue literaria y para otros, simplemente, una forma de vida. En este sentido Desnos debe ser situado como el “verdadero”. Vivió esa forma de pensar y sentir la existencia y el mundo hasta sus últimas consecuencias. El mismo Breton decía que "Desnos es el poeta que ha ido más lejos que ninguno de nosotros hacia lo desconocido".

Nació en París el 4 de julio de 1900. Desde muy joven comenzó a tomar notas de sus sueños. En 1920 sirvió en el ejército en Marruecos. A su regreso se unió a los surrealistas y se destacó por su capacidad para entrar en trance bajo hipnosis.

Louis Aragon, otro de los fundadores del movimiento, lo recordó así: "En el café, en medio de la barahúnda de voces, en plena luz del día, y entre los codazos, Robert Desnos sólo necesita cerrar los ojos, y habla, y entre las cervezas, los platitos y tazas, todo el lugar colapsa con un rugido profético... Deja que esos que cuestionan a este formidable durmiente le den un empujoncito y de inmediato la profecía, la voz de la magia, de la revelación, de la Revolución, el tono del fanático y del apóstol surge a la superficie. En otras circunstancias, Desnos, tan modesto como se presta a ese delirio, se hubiese convertido en el lider de una revolución, el fundador de una ciudad, el tribuno de un pueblo liberado. Él habla, él dibuja, él escribe".

Cuenta Louis Simpson que "en 1939 Desnos fue llamado al servicio militar. Cuando los alemanes invadieron Francia su regimiento, junto con el resto del ejército francés, se entregó casi sin lucha. Después de un breve período como prisionero de guerra, consiguió regresar a París y a Youki. Entonces comenzó su propia guerra contra los alemanes. Como miembro de la prensa le resultaba posible encontrarse con los nazis que propagaban las noticias, y él pasaba la información a sus contactos en la Resistencia. Hacía discursos en bares acerca de la ridícula Ocupación. Escribió poemas contra los colaboracionistas, usando un nombre ficticio, y éstos circulaban. Estaba prácticamente pidiendo que lo arrestaran, y un día la Gestapo vino y se lo llevó. (…) Desnos fue enviado a Buchenwald y desde allí a otros campos de concentración. En Auschwitz, en mayo de 1944, el poeta André Verder, que también estaba prisionero, vio a Desnos parado en la lluvia entre una multitud de hombres que estaban muriendo de hambre. Los crematorios estaban humeando, y los guardias de las SS pasaban y decían: «Todos ustedes van a morir». Verder vio a Desnos yendo de un grupo a otro. Tomando el brazo de un hombre, le leía las líneas de la mano. Entonces, dijo Verder, ocurrió un milagro. Desnos les habló a los hombres acerca de su futuro con tal confianza que todos se olvidaron de dónde estaban y sus rostros se iluminaron de esperanza".

Poco después de la rendición alemana, los aliados encontraron a los escasos sobrevivientes de Terezin (o Theresienstadt) en estado desesperante. Desnos estaba entre ellos, moribundo. Dejó de existir el 8 de junio de 1945, dos días después de la Liberación.

La carta que se publica a continuación fue escrita por el poeta el 15 de julio de 1944 en el campo de concentración en el que se hallaba prisionero, y estaba destinada a Youki, su gran amor:

“Mi amor, nuestro sufrimiento sería intolerable si no pudiésemos tomarlo como una enfermedad sentimental y pasajera. Nuestro encuentro hará nuestra vida hermosa por lo menos por treinta años. Por mi parte, estoy tomando un sorbo profundo de juventud y regresaré lleno de amor y de fuerza. Durante el trabajo un cumpleaños, mi cumpleaños, fue la ocasión para meditar largamente acerca de vos. ¿Te llegará esta carta a tiempo para tu cumpleaños? Me hubiese gustado darte cien mil cigarrillos americanos, una docena de vestidos de alta costura, un departamento en la rue de Seine, un automóvil, una pequeña casa en el bosque de Compiègne, la de la Belle Isle y un pequeño ramo de cuatro peniques. En mi ausencia, podés ir y comprar las flores, yo te las pagaré, por supuesto. Lo demás te lo prometo para más adelante. Pero antes que nada, tomá una buena botella de vino y pensá en mí. Espero que tus amigos no te dejen sola ese día. Les agradezco su devoción y su coraje. Recibí un paquete de Jean-Louis Barrault hace una semana. Besalo en la mejilla por mí, así como a Madeleine Renaud, ya que el paquete es una prueba de que mi carta ha arribado. ¿Qué hay de nuevo con mis libros en la prensa? Tengo muchas ideas para poemas y novelas. Lamento no tener ni la libertad ni el tiempo de escribirlos. Podés, sin embargo, decirle a Gallimard que tres meses después de mi regreso recibirán el manuscrito de una historia de amor en un género enteramente novedoso. Estoy cerrando por hoy. Hoy, el 15 de julio, recibí cuatro cartas, de Barrault, Julia, el doctor Benet y Daniel. Agradeceles, y disculpame con ellos por no haber respondido. Tengo derecho a una carta por mes. Aún nada de tu mano, pero sí recibo noticias tuyas. Espero que esta carta sea como nuestra vida por venir. Mi amor, te beso tan tiernamente como la honorabilidad lo permite en una carta que debe pasar por la censura.Mil besos. ¿Recibiste el pequeño arcón que te envié al hotel de Compiègne?”.

Robert

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