Cultura y Libros

Riguroso trabajo de la palabra

En su último libro, El animal glorioso, ganador del premio José Pedroni, Pedro Bollea reafirma la alta calidad estética de su búsqueda con textos que ponen a prueba al lector.

Domingo 15 de Abril de 2018

Ganador del premio provincial José Pedroni en su edición 2017, El animal glorioso de Pedro Bollea se erige como un poemario sólido y contundente, cuya lectura exige compromiso, en tanto se vislumbra una firme arquitectura y símbolos a desentrañar en estos más de sesenta poemas.

El jurado integrado por Mirta Rosenberg, Jorge Aulicino y Patricio Torne "destacó su cauto, hábil e ilustrado manejo del idioma y de la escena poética, matizados con ironía, crítica e imaginación."

No obstante que la poesía de manera general puede ser entendida como una cierta manera de conocimiento, en este libro dicha faceta se desarrolla plenamente, en tanto alumbra determinadas capas de la existencia —con hermetismo en algunos casos— que sin el uso de la palabra poética podrían quedar veladas. Nos dice el autor que "un poema no puede explicar una época, ni puede ser explicada por ésta. Pero es inevitable que algo trafiquen".

En los textos se detecta la alusión a plantas y a animales, con una particular mirada que los despoja de la mera cotidianidad, tal como ese animal glorioso da título al libro —un supuesto caballo empantanado que "vino una vez/ y nadie recuerda haber visto parecido"—. Estas menciones permiten al autor indagar en la complejidad de la condición humana, de su finitud en la totalidad, "…larvas de branquias/ disimuladas en el aire,/ traductoras al detalle/ de una totalidad inconclusa".

Si bien el uso de la primera persona resulta más un recurso estilístico que una muestra de la subjetivo biográfico sin más, hay elementos que son reconocibles como propios en la obra de Bollea, tal como la presencia del río y del agua (su anterior libro fue Isla remo río). Incluso los momentos en que los poemas utilizan palabras poco habituales, dándoles un cierto tono barroco, en algunas ocasiones ocurre a través del vocabulario náutico, como "adujando en la chalupa la guindalesa cruenta…". Este matiz también se aprecia en la recurrencia a términos mitológicos.

Se aprecian asimismo referencias culturales, aludidas varias de ellas en las dedicatorias, como al director de cine ruso Andrei Tarkovsky —en dos casos—. Incluso, dando cuenta de un sentido de pertenencia —y a modo de homenaje—, inicia el libro una dedicatoria a poetas (y un narrador) locales, ya fallecidos.

La poesía se erige como tema propio de los textos —así como el lugar del poeta—. Concretamente, existe una serie de poéticas con numeración discontinua, así como otros poemas donde se la aborda como tópico. Advierte "(que/ somos hijos de una larga sed/ ni siquiera del todo nuestra)". Y este libro, con el cuidadoso trabajo de la palabra que lo sostiene, es testimonio de que Bollea sabe bien qué hacer con su sed.

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