Cultura y Libros

Relatos de un fotógrafo

Imágenes apuntadas reúne un conjunto de fotos y textos del fotógrafo Eduardo Longoni. El libro opera como un diario de trabajo del reportero pero también como un álbum sobre la historia reciente del país.

Domingo 14 de Mayo de 2017

Un libro de periodismo, de fotos, de memorias. El detrás de escena del fotoperiodismo. Eso es lo que el lector descubre a medida que recorre las páginas de Imágenes apuntadas, de Eduardo Longoni. Un libro sobre la historia reciente, para ver, mirar, observar y leer en detalle.

   Editado por Planeta, Imágenes apuntadas presenta un conjunto de imágenes que, en gran parte, integran el acervo político y cultural del país y, seguramente, la memoria fotográfica de más de uno. Es también un libro que permite descubrir la mirada y el trabajo de Eduardo Longoni, un fotógrafo que documentó momentos claves de la historia política del país pero que además es el autor de fotos inolvidables como aquella de Maradona y su gol a los ingleses en el Mundial de México de 1986, La mano de Dios, como lo describió el propio Diego.

   Longoni se merecía este libro, aunque esa no fue su intención, obviamente, al pensarlo. Pero sin saberlo ofrece la mirada de un memorioso, de un testigo que no sólo supo mirar sino que se comprometió con su trabajo y con su época. Y algo de eso hay en su voluntad de pensar este libro. "Esta es la historia de un aprendizaje. Casi toda mi vida. Los relatos de un fotógrafo", dice Longoni.

   Toma de Cartier Bresson, uno de sus maestros, según confiesa, que la cámara es una suerte de anotador. Busca escribir sobre ella lo que ve y lo que siente, una tarea que no siempre es sencilla.

   Dice que siempre le gustaron los libros de fotos, apreciar la mirada del fotógrafo, descubrir los secretos. Cuenta que leía reportajes y críticas sobre los fotógrafos que le interesaban y que el cine y la literatura hicieron el resto en cuanto a formar su mirada. Pero admite que en ese tránsito le hubiese gustado saber más sobre las circunstancias en las que los fotógrafos que seguía tomaban las imágenes, quizá por eso este libro y porque se lo nota un tipo generoso, es docente y necesita trasmitir lo que vio, lo que ve.

Qué ves cuando me ves

El libro atrapa la mirada. Está dividido en 27 capítulos. Cada uno es la foto, o varias, pero también son los detalles de cómo Longoni llegó a tomar la imagen, su desempeño profesional y también sus sentimientos. En el relato, aparece inevitablemente la historia reciente del país.

   Imágenes apuntadas abre con la imagen de lo que fue su bautismo de fuego en la agencia Noticias Argentinas en 1979. En su primer día de trabajo a prueba, el azar lo llevó a "la foto" del día, y su inconsciencia ayudó bastante. Fue un atentado al auto de Juan Alemann. Al otro día fue foto de tapa en los diarios. Quedó en el staff de la agencia.

   La segunda foto que ofrece la titula "El gran dictador", Jorge Videla en la capilla Stella Maris, de rodillas, tras la comunión, rezando, y en segundo plano un sacerdote le da la comunión a un niño. La foto es documental. Datada en 1981 no deja dudas sobre la connivencia entre la Iglesia Católica y la cúpula militar que sumió al país en la dictadura más sangrienta de su historia.

   De esa trágica época es también la foto de portada del libro. Tomada también en 1981 en uno de los tantos actos castrenses que la agenda del día obligaba a cubrir. Cientos de militares que miran a cámara. Longoni se encontró, literalmente, con todas esas miradas cuando recorría con su cámara las cercanías desde donde hablaba el militar de turno. Era el Día del Ejército y ahí estaban.

   Una de las imágenes icónicas que produjo Longoni es la que logró tomar durante la Marcha por la vida, el 5 de octubre de 1982, en Plaza de Mayo, en Buenos Aires. "Sentí las patas de los caballos que golpeaban nerviosamente contra el asfalto y el vapor que despedían los hocicos húmedos detrás de mi nuca. Me acuerdo de haber apretado el obturador de la cámara con fuerza como si de ese modo fuera a retener (o detener) más firmemente la acción (...). La imagen tenía acción". Imposible no involucrase, el fotógrafo imprime un momento dramático. Uniformados montados en sus caballos arrinconan a las Madres, no debían estar en la plaza.

   Las Madres también aparecen en otra imagen durante una "gaseada" el 20 de diciembre de 2001. La foto muestra en absoluta indefensión a una madre, a la cual luego Longoni socorre para poner a resguardo.

   El mundo político se completa con imágenes desgarradoras de lo que Longoni llama "Desaparecidos en democracia. Escenas de guerra en La Tablada". Las tomó el 23 de enero de 1989, en lo que se presentó como un supuesto copamiento al cuartel de Tablada. Ya como freelancer, Longoni tenía la costumbre de prender la radio apenas se levantaba. Ahí escuchó de un supuesto levantamiento carapintada. Hacia allá fue y cuando llegó al cuartel escuchó detonaciones varias. Se escondió primero atrás de un auto, luego logró subir a una terraza donde un francotirador del ejército le avisó de un " ataque guerrillero".

   En un impasse, un silencio atronador es la antesala de la salida de los guerrilleros, parecen rendirse, recuerda el fotógrafo. Ese es el momento que muestra una de las fotos publicadas. Uno de ellos está arrodillado, desarmado, y un militar lo apunta con un fusil. Luego se supo que se trataba de José Alejandro Díaz. Fue su última foto, no se lo volvió a ver y nunca apareció su cadáver. Tampoco el cuerpo del que está tirado más atrás. Esas fotos fueron presentadas ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

   A la mañana siguiente, Longoni volvió al cuartel. "Éramos pocos fotógrafos. De repente, unos oficiales nos propusieron entrar al cuartel para ver cómo había quedado todo. Fue un espanto: cadáveres por todos lados, paredes bombardeadas, incendios todavía humeantes. Un escenario de guerra. Fotografié horrorizado. A veces la cámara actúa como escudo y nos defiende de lo que vemos. Pero esta vez no pudo evitar que soñara muchas veces con la cara de una guerrillera que tenía el cuerpo destrozado por la metralla, tendida frente a un edificio a punto de derrumbarse. Esa cara me acompañó durante noches y noches de pesadilla", relata el fotógrafo sobre el horror que se imprimió en su memoria.

   También Longoni muestra imágenes de represión en marchas convocadas por la CGT y de los alzamientos carapintadas. Cada imagen interpela al lector, qué recuerda, qué olvida. El fotógrafo invita a reconstruir los pasajes de la historia y aporta algún detalle, una anécdota que conmueve como, por ejemplo, las fotos sobre sus viajes a Malvinas.

Dios en una mano

Cuatro años después de la guerra de Malvinas, en los cuartos de final del Mundial de Fútbol en México (1986), un partido contra Inglaterra fijaría en la memoria de los hinchas el gol de Diego Maradona, que luego se conocería como La mano de Dios. Y ahí estuvo Longoni.

   Había llegado tarde al estadio, gracias a un embotellamiento y logró ubicarse en el lugar que encontró, no era el mejor, claro. "Debido a mi mala posición, estaba escaso de fotos, casi desesperado. Es la única explicación que encuentro para haber seguido con mi cámara lista para disparar. Era una pelota fácil de atrapar para el arquero inglés. Pero se dio una maniobra extraña en la cual apareció Maradona. Y yo apreté el obturador (...). Yo intuía que el gol había sido con la mano, pero no lo podía asegurar. No sabía bien qué tenía en los rollos", cuenta el fotógrafo.

   Longoni trabajaba con una suerte de laboratorio portátil para poder revelar y transmitir, eso sí los equipos pesaban 70 kilos. No había agua en el estadio y la necesitaba para revelar. Interceptó una jarra y logró la foto. "No fue con la mano, en todo caso fue la mano de Dios", dijo Maradona al otro día.

Intimidad

Imágenes apuntadas es también un libro íntimo. Es un álbum de imágenes públicas pero también es el registro de las fotos más personales de Longoni. Como las que logra sacarle al escritor Ernesto Sabato, y que luego se convirtieron en libro, o a Mario Benedetti en Montevideo, y que al escritor uruguayo le sirvieron como salvo conducto para poder hacer de las suyas en cada encuentro con el reportero.

   O la entrañable foto en donde se ve a Mercedes Sosa recostada sobre el hombro de Charly García. Allí Longoni esperó el momento, como agazapado, en medio de una reunión para lograr la imagen: "Tomé pocas fotos. Cuando Mercedes se apoyó en el brazo de Charly supe que la nota estaba resuelta. Fue un instante, cuando la geometría, los gestos y el encuadre hacen nacer una foto que, uno cree, transmitirá ternura y, de algún modo, traducirá el sentido del encuentro".

   También hay una bella foto tomada en la costanera porteña, en un día de una densa niebla donde apenas se ve una silueta de una persona. Esa imagen es también la foto de un momento crítico de Longoni, en lo personal pero que lo ayuda a experimentar nuevos proyectos.

   Monjes de clausura en monasterio cordobés (donde se internó como uno más de ellos), diablitos en un carnaval en Jujuy, la romería por el Gauchito Gil en Corrientes son parte de ese segmento donde lo personal le imprime un tono distinto a su producción.

   Y la última foto elegida para cerrar el libro es nuevamente una mezcla entre el azar y la tozudez del fotógrafo. Y claro, su mirada que él siempre intenta ocultar pero que está presta a descubrir, a mostrar. Se trata del día en que Estela de Carlotto anunció la aparición del nieto 114, su nieto. Otra vez llegaba tarde, igual logró sortear múltiples inconvenientes, sacó casi sin ver y luego descubrió los rostros, la emoción. Fue en agosto de 2014, hacía un año y medio que Longoni no tomaba una foto: "Sentía un agujero creativo. Que ya no tuviera más nada para decir". Se enteró que Carlotto anunciaría el nieto 114, su nieto, cruzó todo Buenos Aires para estar ahí. Al llegar le dijeron que había terminado, quería esa foto a como fuera, como en los inicios, cuando tenía 20 años. Logró entrar al lugar. Y desde un sitio desde el cual casi no lograba encuadrar, disparó igual. Logró la foto, logró reencontarse.

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