Miradas

Quieta

"No es angustia es una nube quieta, acomodada sobre mi cabeza que amenaza con descargar sobre mis hombros todos los recuerdos. Todos. Explotar. Todos"

Domingo 30 de Agosto de 2020

Quieta, inmensa, quieta.

No es angustia es una nube quieta, acomodada sobre mi cabeza que amenaza con descargar sobre mis hombros todos los recuerdos. Todos. Explotar. Todos.

Enorme amenaza.

No quiero.

Porque sé. Los sé.

Voy a la ventana, busco el sol. La nube me sigue. Ya no estoy quieta. La nube tampoco. No es reacción es desesperación. Me prendo a la cortina con impotencia. No hay sol. Ya no.

Alzo los ojos y veo la nube. La miro desde abajo. Se pone más gris. Quizá llueva, pienso desde una normalidad extraña, ésta que me hace aceptar como posible tener una nube de sombrero.

Hago silencio, escucho la voz de mamá, la de Clara, los ladridos del Pompa. Y a Abel. No quiero escuchar la voz de Abel. Él murió su muerte, esa que deseé y que muchos años después conseguí como verdadera.

No quiero que vuelva Abel, menos como lluvia. Que su lluvia vuelva a herir, a mojar.

Hoy no necesito que llueva para lavar mi tristeza; que no es angustia.

Tristeza seca.

¿Y si volviera Federica? Tantas veces esperé que volviera, aun sabiendo que de la muerte no se vuelve.

Me muevo otra vez, voy hacia la radio, la enciendo, no la soporto y la apago. Desde algún lugar en mi memoria, suena algo que parece música. Escucho que cantan, me cantan. ¿Nicolasito, sos vos? Geniolcalmaentonaydescongestiona. No lo creo. No hay radio, tampoco calma. La nube me sigue, viene conmigo. Me muevo loca, sólo para comprobar que me sigue. Hago flexiones; la nube sube y baja conmigo. Me quedo quieta. Escucho otra vez la vocecita que cantaba, me canta; ahora habla y silba imperfecta, babosa; suena la misma tonada persistente desde dentro de esa niebla Geniolcantaentonaydescongestiona. Sonrío sin sonreír.

Entonces digo que sí. Que ya, que sea pronto. Lo pido por favor. Sin gritos.

La nube explota sobre mis hombros.

Explosión sin chascos. Sin ruidos atronadores. Saltan los recuerdos y manchan las paredes, mientras descargan líneas de dolor hasta el zócalo y después desparraman ácidos por el piso. Como bengalas algunos recuerdos se lanzan anárquicos y llegan al techo. Son los recuerdos blandos que apenas hacen una aureola húmeda en el cielorraso dibujado con molduras sucias. Explotan sin papel picado.

Ahora, la calma...

Geniolcalmaentonaydescongestiona...

Lloro, al fin lloro. No tengo lágrimas. Igual lloro.

Quizá sea angustia.

Escapa, brota. Deja líneas de vapor visibles en el aire. Como los aviones a chorro de la infancia.

Ya no hay infancia.

Tampoco angustia.

Bailo sin recuerdos, ninguno.

Huelo fresco.

Bailo, al fin bailo.

Bailo.

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