Polo
El autor realiza una conmovedora evocación de su padre recientemente fallecido

Domingo 21 de Febrero de 2021

Alguien dijo que la infancia es la mejor parte de la vida porque es la etapa en la que somos felices y todos están vivos. No deja de ser cierto, aunque dudo que para Polo haya sido así: una mañana de octubre de 1940 su padre murió inesperadamente, cuando el ómnibus en el que viajaba chocó con un camión con acoplado cerca de Pueblo Esther. Al día siguiente, al mencionarlo –junto al resto de las víctimas del trágico accidente, hombres y mujeres–, el diario La Capital señalaba su edad (38 años), que “tenía instalada una modesta fábrica de agua de jane a la altura de las calles Alsina y Ocampo” y que dejaba “varios hijos, el mayor de los cuales tiene sólo doce años de edad”. La información hacía referencia al hijo mayor, al que le seguían Polo (que tenía nueve) y dos hermanas más chicas.

Seguramente, los tramos más felices en la vida de los cuatro hermanos transcurrieron durante su juventud o su adultez: si bien un sobresaltado temor a desgracias imprevistas los debe haber seguido acompañando, crecieron ejerciendo la resiliencia, continuando sus días lo mejor que pudieron, cada uno a su manera. En el caso de Polo, después de boyar como pupilo en colegios religiosos (en Gándara y alguna ciudad brasileña), consiguió trabajo con ayuda de un tío –que durante un tiempo fue para él como un segundo padre–, se casó, tuvo tres hijos y llegó a vivir casi noventa años.

Aunque no sea igual la experiencia que debió atravesar Polo en su infancia que la mía al perderlo a él ahora, una sensación parecida nos acerca.

Resulta difícil asumir que la vida abarca las pérdidas: la respetamos como un bien preciado, preservándola lo más posible, pero olvidando que perder seres queridos forma parte de la misma tanto como el disfrute de muchas cosas. Está claro, además, que con cada partida se daña nuestra capacidad de dar y recibir cariño, y que uno debe lidiar con las cosas buenas y no tanto que hereda de su padre (entre las buenas, agradezco la naturalización de la honradez y tener libros siempre a mano). Pero hay algo más que sobrevuela, suscitando preguntas: la dificultad de capturar la esencia de una persona, el misterio por el cual su vida es algo único.

Las anécdotas y recuerdos, las alegrías y sinsabores, las manías y particularidades que van sucediéndose, momento a momento, mientras pasa el tiempo, son parte de los materiales que dan forma al sutil andamiaje de la personalidad y la historia propias, y sirven como indicios de lo que uno es o de lo que fue. Pero también están los pensamientos, los miedos, las sensaciones y los secretos, que pueden exteriorizarse o permanecer como íntimos tesoros.

La vida de Polo podría explicarse mencionando algunas de las piezas que configuraron el rompecabezas que fue articulando a lo largo de los años. La pipa y el mate. La devoción por San José y por Don Quijote de la Mancha. Los viajes a Las Rabonas y la pasión por Rosario Central. El gusto por la siesta y cierta ciclotimia de geminiano. La alternancia entre una eufórica verborragia y un ensimismado silencio. La canción que murmuraba en portugués cuando alguno de sus hijos, siendo chicos, estaba enfermo. El juego de mesa que ideó en un momento de su adolescencia, fantaseando con patentarlo. La satisfacción de haber sido elegido mejor compañero en un curso de capacitación laboral. O tantos otros detalles que hicieron singular, larga, inquieta y fructífera su existencia, hasta que días atrás dejó su cuerpo (“instrumento del alma, herramienta gastada”, como reflexionaba Adán Buenosayres) llevándose con él todo lo que vivió, deseó e imaginó.

Y así como se le dibujaba una sonrisa cada vez que la memoria le devolvía la lejana imagen de su joven padre, en los lugares por donde Polo anduvo, en el recuerdo o los sueños de las personas que conoció y amó, en gestos y palabras suyas que uno repetirá sin darse cuenta, seguirán asomando huellas de lo que fue su paso por este mundo. Rastros de una vida tan delicada y enigmática, tan simple y compleja como todas.