Cultura y Libros

"No les importa nuestro sufrimiento"

Un fragmento de la carta de Firmenich en la que explica las razones de su negativa a concederle una segunda entrevista a la autora del libro.

Domingo 28 de Junio de 2020

Un fragmento de la carta de Firmenich en la que explica las razones de su negativa a concederle una segunda entrevista a la autora del libro

“Una forma de mantener mi exclusión ha sido buscar por todos los medios que mi discurso quedara encerrado en el pasado.

“La práctica les ha demostrado a los medios que hacerme participar mediáticamente hablando sobre el pasado (y más aún si se generan escándalos) resulta útil a la finalidad de mi exclusión política y además es rentable desde el punto de vista del marketing.

“A esto en dinámica de grupos se le llama «asignar un rol a un individuo dentro del grupo». El sistema ha creado mediáticamente un personaje llamado «Firmenich» que no tiene nada que ver con la persona homónima que soy yo.

“Un personaje de ficción, como el Pato Donald, Batman, el Profesor Neurus o Don Segundo Sombra, no cambia aunque pasen décadas; los personajes no crecen, ni maduran, ni envejecen porque no viven.

“Se pueden montar con ellos una y mil veces variantes parecidas de la misma historieta o de la misma novela.

“Exactamente eso hace el periodismo conmigo: montar una y mil veces la versión historieta (la caricatura de la historia) de «Firmenich, el montonero de los 70». Pero ocurre que yo no soy un personaje de ficción, sino que soy una persona viva.

“Precisamente porque estoy vivo, suele decirse que soy un pedazo vivo de la historia. Pero la historia no es el pasado; la historia es la construcción continua de un devenir de acontecimientos que tiene pasado, presente y futuro. Los periodistas funcionales a mi exclusión quieren ubicar a mi persona en la realidad inexistente de un pasado terminado; tratan a «Firmenich» como a un «personaje histórico», es decir, alguien que ya no vive. Alguien sepultado. Alguien que no debe existir en el futuro de la historia.

“Pero mi vida no ha terminado en ningún sentido. Eso significa que, como mínimo, todos deben respetar mi derecho al trabajo honesto para sostener con dignidad mi existencia, para no hablar de mi derecho a la intimidad. Como no soy un personaje de ficción y como he seguido viviendo en los ¡treinta y ocho años posteriores a la última operación armada de Montoneros!, he tenido la necesidad y la capacidad de desenvolver mi vida en condiciones semejantes a las de cualquier hijo de vecino, aunque he debido hacerlo expatriado.

“Los escandaletes periodísticos/penales que siempre se intenta montar en torno a mi persona son atentatorios contra mi imprescindible actividad laboral habitual. Mi derecho a la vida privada (incluyendo mi exclusivo derecho al uso de mi imagen) no puede ser impunemente avasallado por un periodismo que juega a la perversión de la pseudoparticipación del excluido o de la pseudoinvestigación histórica reporteando a la momia de Tutankamón.

“Cualquier periodista debería saber que nadie puede trabajar normalmente si un escándalo mediático morboso envuelve a las empresas, instituciones y personas con las que uno debe trabajar. Cualquiera debería comprender que si yo no puedo trabajar tampoco puedo vivir en el mundo actual. Pero a los periodistas que me buscan parece no importarles que ellos ganan dinero y construyen su fama y su prestigio profesional a costas del sufrimiento de mi familia y mío”.

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