Cultura y Libros

"No estamos aprendiendo las lecciones de la historia"

Corresponsal en zonas de conflicto bélico y premiada documentalista, Sophie Nivelle Cardinale cubre desde los inicios de la denominada Primavera Árabe los conflictos en la región. Dice que la guerra en Siria no tiene fin y que ese país ya no existe.

Domingo 12 de Noviembre de 2017

Según Wikipedia, Siria tiene algo más de 22.500.000 habitantes. Pero la cifra contrasta con una realidad dramática. "En la actualidad hay 8 millones de refugiados, cientos de miles de refugiados internos y 1 millón de muertos. Hoy, en 2017, Siria es un país que no existe", afirma sin más Sophie Nivelle Cardinale, corresponsal de guerra que ha cubierto diversos conflictos bélicos en la región. La imagen que describen sus palabras impacta. Premiada por sus coberturas, dice que aquello que comenzó en la región como una consecuencia de la Primavera Árabe, con reclamos reformistas, hoy es una guerra interminable, donde es casi imposible definir los actores en juego (hay decenas de países involucrados). Menos aún, precisar las políticas de alianzas de los actores en juego. Pero lo cierto es que la "dictadura criminal de Siria sigue en pie" y la cuestión no se salda sólo con victorias militares.

   Sophie tiene 39 años, nació en Bruselas y desde niña siempre viajó de un lado para el otro. Esa condición para ella representó un golpe de suerte, algo que debía aprovechar y pensó que le gustaría encontrar una profesión que le facilitara compartir esas experiencias. Se imaginó periodista. Empezó sus primeros informes en una radio en Taiwán, luego, ya en Francia, trabajó en la televisión francesa y ahí se entrenó en la realización de informes audiovisuales.
   La Primavera Árabe la sorprendió viviendo en Beirut (Líbano), aquello que comenzó con revueltas de ciudadanos en Túnez y Egipto luego se extendió hacia distintos territorios de Oriente Próximo (como lo llama la periodista) para luego transformarse en una guerra interminable.
   Sophie brindó en Rosario conferencias sobre su labor y visión de los conflictos, invitada por la Alianza Francesa —y con el auspicio del Sindicato de Prensa de Rosario—, charlas que reiteró en distintas ciudades del país y también de Chile. En diálogo con Cultura y libros, habló de su experiencia como corresponsal de guerra y brindó detalles sobre la debacle humanitaria que provocan los múltiples conflictos.
   "Vivía en Beirut cuando empezaron las revoluciones árabes, entonces fui a Libia para cubrir una revolución que luego se torna una guerra, lo mismo que en Siria. Fui por una revuelta popular que se convirtió en guerra. Así entré en el género y me volví reportera de guerra, nunca pensé que iba a hacerlo", cuenta la periodista.
   —¿Recordás cuál fue tu primer cobertura de guerra y lo que sentiste?
   —La primer cobertura fue en Bengasi, en Libia. Cuando llegué hacía dos días que las fuerzas de Gadafi se habían ido, los rebeldes habían tomado el lugar. En ese momento, no se conocía mucho de la situación, era algo fantasmal, pero yo sentía un fuerte deseo por entender lo que ocurría ahí. Casi no había periodistas extranjeros para cubrir en el país. Todo el mundo quería hablar, toda la población quería contar lo que ocurría y todos pensaban que Gadafi iba a volver. Efectivamente, tiempo después el frente de Gadafi vuelve a una de las ciudades clave del país. Recuerdo muy bien las primeras bombas que explotaron en el desierto, fue mi primera cobertura en un frente de guerra antes de que interviniera la Otán. Vi también a los gadafistas que llegaron hasta Bengasi, para mí fue una oportunidad ver lo que ocurría. Fue algo increíble lo que sentí, tenía suerte de estar ahí y poder contarlo. Sentí que ese era mi lugar, quería contar eso. Y quería continuar con eso. Era el 2011, luego seguí la cobertura en Siria.
   —¿Y cómo llegaste a Siria?
   —Fui a Siria porque estaba ahí cerca, sabía que estaban pasando cosas importantes y decidí ir a verlo. Era el 2011 llegué a Homs, entré en forma clandestina. Homs era el corazón de la revolución y vi una situación muy loca, había francotiradores, tanques. Había barrios en los que la gente cortaba los árboles para utilizarlos como combustible, para calentarse, y para evitar que los francotiradores les dispararan había hoyos de casa en casa para trasladarse. Al principio había manifestaciones espontáneas, duraban 15 minutos, eran 50 personas, como mucho, hasta que los francotiradores empezaban a tirar contra todos. A los 6 meses de ese momento, un grupo se armó para proteger a los que manifestaban y en ese momento comienzan a desertar en el ejército porque veían que era el pueblo, no grupos terroristas como les querían hacer creer. Seis meses después se constituyen en el ejército libre, era el verano de 2012. Después estuve en Alepo, segunda ciudad del país, los que reclamaban en forma pacífica fueron muertos todos. Cuando volví a Homs bombardeaban a lo loco. Todos los que conocí, murieron. No pude volver. Todos los que conocí fueron asesinados.
   —¿Qué pedían los primeros manifestantes?
   —Los primeros reportajes eran sobre los que protestaban, pedían reformas. No pedían que caiga la dictadura, recuerdo testimonios en los que la gente no quería tomar las armas, querían una revolución pacífica. Pensé que eso sería difícil, por lo que había enfrente. Seis años de conflicto. Nunca pensé que estaría en Argentina hablando de esto. No pensé que sería tan largo. Ahora ya no son dos bandos, hoy hay más de 60 países implicados. A partir de 2014 lo que se ve en Occidente es Isis, que se incrusta en el territorio, es lo que aparece en los medios occidentales. Ahora los periodistas no tienen acceso, los atrapan, son decapitados. Por eso los jefes de esos periodistas ya no avalan ingresos clandestinos al territorio. Antes del conflicto en Siria eran 23 millones de personas, ahora hay 8 millones de refugiados, cientos de miles de refugiados internos y 1 millón de muertos. Más del 90 por ciento de los muertos fueron asesinados por la dictadura, es una dictadura criminal. Hoy, en 2017, Siria es un país que no existe. Hace tiempo que ya no hay dos bandos, hoy hay intereses de Irán, Rusia, Irak, Afganistán, milicias chiiítas y sunitas, Estados Unidos, grupos kurdos, alianzas que responden a variados intereses, es como una guerra interminable. Y la dictadura sigue en pie.
   —Tu documental "Desaparecidos, la guerra invisible de Siria", realizado junto a Etienne Huver, recibió en 2016 el Premio Albert Londres (el premio de periodismo más importante de Francia). ¿Conocías lo que ocurrió en Argentina durante la última dictadura militar?
   —Conozco el tema, pero no en profundidad, mucho menos de lo ocurrido en Siria. Sé de la existencia y tarea de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, creo que existen similitudes en cuanto a los métodos, pero la diferencia es la escala, porque en Siria estamos hablando de 200 mil desaparecidos. Y a seis años del inicio del conflicto no hay reclamos ni manifestaciones. Nadie aparece con una pancarta pidiendo por ellos. La gente sabe lo ocurrido pero no puede manifestar. En Siria el tema fue a escala industrial, es un terrorismo de Estado a gran escala y que funciona no solo para eliminar a la gente sino también para aterrorizar. Encontramos a un verdugo del Estado Sirio que explicó que ellos mataban a Juan para educar a Pedro. No solo está la tortura, ahora hay algo peor, hay campos de concentración, son campos de muerte, porque se mata a la gente por el hambre.
   —Una opinión sobre los conflictos en Siria señala que Europa no ha estado muy consciente de la situación y que durante mucho tiempo lo vio como un peligro lejano. Pero desde hace un tiempo y ante la pérdida de Isis de objetivos clave en el territorio, muchos combatientes llegan a los países europeos.
   —Se sabe que los miembros de Isis que organizaron los atentados en París antes de hacerlos hicieron varios viajes de ida y vuelta de Siria e Irak hacia Europa, eso fue en 2015, el peligro, entonces, ya existía (N. de la R.: atentado en el teatro Bataclan). Hoy se sabe que el peligro existe, entonces los servicios de seguridad de Europa trabajan al respecto. De todas maneras, las victorias militares no son suficientes para acabar con Estado Islámico. Se necesita mucho más que una victoria militar, no se sabe cómo resolverlo. Podemos decir sí que se están recreando las condiciones que permitieron que Estado Islámico prospere, no hubo nada previsto sobre qué hacer después de la victoria de Raqqa o de Mosul. Hoy, y ante esta situación, podemos apostar que en unos años quizá no será la organización conocida como Estado Islámico pero será otro grupo el que lidere, porque las condiciones no cambiaron.
   —En tu trabajo "Raqqa: la batalla del Éufrates" lograste franquear la zona de conflicto al estar con los soldados kurdos, que habían recuperado el área. Al ver el documental, se desliza que EEUU utiliza grupos locales como avanzada para copar territorios. Se suele decir que EEUU crea especies de Frankenstein que luego no puede, o sí, controlar. ¿Cómo lo ves vos?
   —En este caso es un grupo kurdo muy específico, el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). que se inició en Turquía, que también es aliado de Rusia y de la dictadura siria. En toda la región hoy en día hay alianzas contranaturales, responden a una lógica de intereses variados, es muy difícil de entender y ver coherencia en esta situación. Lo que señalás es bastante ajustado a lo que ocurre. No estamos aprendiendo las lecciones de la historia y de nuevo se está armando algo que puede iniciar un nuevo ciclo de violencia.
   —¿Viviste situaciones donde tuviste miedo? ¿Afecta en tu trabajo ser mujer y cómo es eso en Medio Oriente?
   —Obvio, se siente miedo, son situaciones de guerra, sentir miedo es natural, son sentimientos que uno intenta compartir con la población del lugar donde estás cubriendo. Si no nos sentimos como ellos, ¿cómo vamos a contar lo que ellos viven? Entonces, me parece importante y sano, a la vez, tener miedo. En esta región, entre mujeres y periodistas, somos periodistas. Muchas veces digo que pertenecemos a un tercer género, en el sentido de que podemos ir con los hombres y también con las mujeres. Además hay bastantes periodistas mujeres que cubren estos conflictos. Ser periodista es complicado tanto para Isis como para la dictadura. Somos blancos en la guerra porque somos periodistas. Ellos no hacen distinción, lo que molesta es que somos periodistas.

Claves

Sophie Nivelle Cardinale dice que no conoce en profundidad la Argentina. Llegó a Rosario luego de brindar conferencias en La Pampa y Mendoza. Apenas tiene la oportunidad, pregunta por la ciudad. "¿Cómo es, qué pasa acá?", y con paciencia, escucha. Sabe que escuchar es una herramienta clave. Otra, mirar, observar.
   No le gustan las fotos, pero acepta la propuesta. Está claro que prefiere ser ella la que maneja la cámara. "Sí, yo hago todo, filmo, entrevisto, edito, escribo", explica sobre sus coberturas.
   Sophie Nivelle Cardinale trabajó como corresponsal en varios de los sucesos que se desarrollaron en el marco de la Primavera Árabe. En Libia, asistió al derrocamiento y muerte de Gadafi, en octubre de 2011. Fue una de las primeras periodistas en entrar clandestinamente a Siria. Allí cubrió desde el lugar de los hechos el conflicto que, desde marzo de 2011, derivó en una guerra civil entre las fuerzas gubernamentales y la oposición armada que desangra al país gobernado por Bashar al Assad.
   En 2013, su reportaje En el corazón de la batalla de Alepo, transmitido por el canal francés TF1, recibió el premio Bayeux-Calvados de los Corresponsales de Guerra.
   Junto a su colega francés Etienne Huver llevó adelante un trabajo de investigación sobre la política de exterminio del gobierno de Bashar al Assad en las prisiones de Siria. Su informe audiovisual Desaparecidos, la guerra invisible de Siria logró el año pasado el Premio Albert Londres, la distinción de periodismo más importante en Francia. El jurado del premio destacó: "Su película, terrible por la fuerza de los testimonios de las víctimas de Bashar al Assad y de un ex verdugo del régimen, permanecerá como un valioso documento para la Historia".
   Actualmente Sophie Nivelle-Cardinale continúa su trabajo en la conflictiva región de Medio Oriente, en especial en Irak, Turquía y Siria, y también en África central.
   Entre su filmografía se destacan Raqqa: la bataille de l'Euphrate (2017); Irak: Terre Brûlée (2016); Erdogan Land (2016); Les Naufragés Oubliés de la Mer Egée (2016); Disparus: la Guerre Invisible de Syrie (2015); Héroine: le Cauchemar Américain (2014); L'Ecole des Réfugiés Syriens (2013); Avec les Combattants de l'Armée Libre (2012); Syrte, l'Impossible Réconciliation? (2012); Terreur et Résistance au Quotidien (2011).
   Valora la experiencia de brindar conferencias porque dice que es una oportunidad para transmitir todo lo que vivió en las situaciones de conflicto y es también una forma de acercar la problemática y en particular la cuestión humanitaria de una región que aparece como lejana.
  "Yo creo que sigo siendo periodista con este trabajo de proximidad con la gente, transmitiendo mi conocimiento sobre lo que ocurre allá", comenta la periodista.

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