Cultura y Libros

Nicanor Parra y adiós a Chile

"Nos decimos hasta luego aunque sabemos que no es hasta luego, y lo mejor es irse, salir del pozo asimétrico"

Domingo 28 de Enero de 2018

Mi amigo Marcial Cortés-Monroy me lleva a visitar a Nicanor Parra. Para mí, Parra es desde hace mucho el mejor poeta vivo en lengua española. Así que la visita me pone nervioso. Bien pensado, no debería ser así, pero la verdad es que estoy nervioso, por fin voy a conocer al gran hombre, al poeta que duerme sentado en una silla, aunque su silla, en ocasiones, es una silla voladora, a propulsión a chorro, y en ocasiones es una silla taladradora, subterránea, en fin, que voy a conocer al autor de los Poemas y Antipoemas, el tipo más lúcido de la isla-pasillo por la que deambulan, de punta a punta, los fantasmas de Huidobro, De Rokha y Violeta Parra.

Al llegar nos abre la puerta Corita. Un poco desconfiada, Corita, aunque se nota que no es mala persona. Después nos quedamos solos y al poco rato escuchamos unos pasos que se aproximan a la sala. Aparece Nicanor. Sus primeras palabras, después de saludarnos, son en lengua inglesa. Es la bienvenida que ofrecen a Hamlet unos campesinos de Dinamarca. Después Nicanor habla de la vejez, del destino de Shakespeare, de los gatos, de su primera casa en Las Cruces, que se quemó, de Ernesto Cardenal, de Paz, a quien estima más como ensayista que como poeta, de su padre que tocaba instrumentos musicales y de su madre que fue costurera y que con los restos de tela fabricaba camisas para él y para sus hermanos, de Huidobro, cuya tumba se ve desde el balcón, al otro lado de la bahía, sobre un bosque, una mancha blanca como una cagada de pájaro, de su hermana Violeta y de su hija Colombina, de la soledad, de algunas tardes en Nueva York, de accidentes de coches, de la India, de amigos muertos, de su infancia en el sur, de los choritos que cocina Corita y que en verdad están muy buenos, del pescado con puré que cocina Corita y que tambíen está muy bueno, de México, del Flandes indiano y de los mapuches que combatieron del lado de la corona española, de la universidad chilena, de Pinochet (Nicanor es profético en lo que respecta al fallo de los lores), de la nueva narrativa chilena (pondera a Pablo Azócar y estoy completamente de acuerdo), de su viejo amigo Tomás Lago, de Gonzalo de Berceo, de los fantasmas de Shakespeare y de la locura de Shakespeare, siempre aparente, siempre circunstancial, y yo lo escucho hablar en vivo y en directo y luego lo veo en un video hablando de Luis Oyarzún y siento que estoy cayendo en un pozo asimétrico, el pozo de los grandes poetas, en donde sólo se escucha su voz que poco a poco se va confundiendo con las voces de otros, y esos otros no sé quiénes son, y también se escuchan sus pasos que resuenan por toda esa casa de madera mientras Corita escucha la radio y se ríe a carcajadas, y Nicanor sube al segundo piso y luego baja con un libro para mí (que tengo, desde hace años, la primera edición, Nicanor me obsequia la sexta) y que me dedica, y entonces yo le doy las gracias por todo, por el libro que no le digo que ya tengo, por la comida, por las horas tan agradables que he pasado con él y con Marcial, y nos decimos hasta luego aunque sabemos que no es hasta luego, y luego lo mejor es irse cagando leches, lo mejor es buscar una salida del pozo asimétrico y salir disparados y en silencio mientras los pasos de Nicanor resuenan pasillo arriba y pasillo abajo.

Publicado en

Entre paréntesis,

Editorial Anagrama


Yo no soy un anciano sentimental

una guagua me deja totalmente frío no tomaría en brazos una guagua
aunque el mundo se estuviera
viniendo abajo
que cada cual se rasque con sus uñas aborrezco las fiestas de familia
prefiero que me peguen un garrotazo
en la cabeza
a tener que jugar con un sobrino
tampoco me impresionan los nietos
es decir me ponen los nervios de punta

apenas me ven volver de la costa
se me tiran encima con los brazos
abiertos
como si yo fuera el viejito pascuero ¡puta que los parió!
qué se habrán imaginado de mí

Advertencia

Yo no permito que nadie me diga
Que no comprende los antipoemas
Todos deben reír a carcajadas.

Para eso me rompo la cabeza
Para llegar al alma del lector.
Déjense de preguntas.
En el lecho de muerte
Cada uno se rasca con sus uñas.

Además una cosa:
Yo no tengo ningún inconveniente
en meterme en camisa de once varas

Epitafio

De estatura mediana,
Con una voz ni delgada ni gruesa,
Hijo mayor de un profesor primario
Y de una modista de trastienda;
Flaco de nacimiento
Aunque devoto de la buena mesa;
De mejillas escuálidas
Y de más bien abundantes orejas;
Con un rostro cuadrado
En que los ojos se abren apenas
Y una nariz de boxeador mulato
Baja a la boca de ídolo azteca
-Todo esto bañado Por una luz entre
irónica y pérfida-
Ni muy listo ni tonto de remate
Fui lo que fui: una mezcla
De vinagre y de aceite de comer
¡Un embutido de ángel y bestia!


Roberto Bolaño

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario