Domingo 04 de Marzo de 2018
Murió Alberto Lagunas…
Murió de un empacho de cine,
de una sobredosis de
James Dean y de Alain Delon, de
Burt Lancaster y de Pablo Echarri…
¿O se habrá muerto de frío,
un día en que se enfrentó con el
espejo, despojado de sus
grises harapos, y se comprobó gris
y pequeño, pequeñísimo y gris,
igual que una polilla?
¿Quiénes heredarán su saco raído
y su gorra, que ahora son como
de espantapájaros, o como
bloques imperecederos, de granito?
Murió Alberto Lagunas,
el amigo de las Ocampo linajudas
y de la Pizarnik atormentada…
(Si Alejandra se hubiese enterado,
hubiese escrito una vez más:
"alguna vez se olvidarán
las culpas, se emparentarán
los vivos y los muertos").
¡Pobre Alberto, hermano de
Thomas Mann, de Virginia Woolf
y del alado Federico!
Alberto es un lindo nombre
(un poco cursi pero lindo),
porque parece nombre
de persona joven, de adolescente
que sigue acariciando sus
candentes ensueños,
sin que lo avergüence para nada
la barbita de viejo.
Murió Alberto Lagunas,
tal vez de una indigestión de
soledad, de desamparo, de
destierro, de olvido…
¿O lo habrá matado la mala praxis
de una ciudad de acero,
de una ciudad construida
enteramente en inhumano acero?
No sé si los vecinos hallaron
su cadáver (su pequeño cadáver)
y tampoco eso es
algo que me importe…
Prefiero imaginar que su cuerpito
de vieja polilla, de polilla
viejísima, fue llevado en triunfo
por un grupo de jóvenes
que antes vivían en un friso del
Partenón, y que bajaron expresamente
para rendirle este homenaje.
Ah, y además propongo que de
ahora en más, para compensar tanto
desprecio, en todas las películas,
después de los créditos y antes de
que se enciendan las luces de la sala
(antes de volver a una
realidad que es más oscura y
temible que la muerte),
aparezca una frase que diga:
"Murió Alberto Lagunas".
Para que todo el mundo se dé por
enterado, porque Lagunas
murió sin que nadie lo supiera…
¿No les parece vergonzoso?
Rubén Echagüe