Cultura y Libros

Mujer en su ventana

Domingo 26 de Agosto de 2018

Olga Orozco

Ella está sumergida en su ventana

contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.

Todo fue consumado en su destino,

definitivamente inalterable desde ahora como el mar en un cuadro,

y sin embargo el cielo continúa pasando con sus

angelicales procesiones.

Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;

allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada,

y alguien en cualquier parte levantará su casa sobre el humo

y el polvo de otra casa.

Inhóspito este mundo.

Áspero este lugar de nunca más.

Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche

―¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?―,

pero nadie lo ha visto, nadie sabe,

ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,

los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,

aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos

prometidos.

Ella oyó en cada paso la condena.

Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,

la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,

como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,

hubieran sido el verdadero límite,

el abismo final entre una mujer y un hombre.

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