Cultura y Libros

Más allá del bien y del punk

El escritor y periodista especializado en rock Juan Carlos Kreimer mantuvo largas charlas con Pil Trafa, ex líder de la legendaria banda Los Violadores, y así nació una obra que revela secretos del movimiento más inconformista del siglo pasado.

Domingo 22 de Octubre de 2017

Juan Carlos Kreimer no necesitó del ropaje ni de los accesorios punk. No usaba ni cresta ni tachas. Sin embargo su nombre siempre estará atado a la historia punk. Es que Kreimer fue, más por azar que por olfato, el cronista de ese movimiento en el mismo momento en que estaba naciendo. Eran los años setenta cuando se exilió en Londres y estando allí se propuso escribir un libro sobre un argentino exiliado también en la capital británica. La idea no prendió y no le quedó más opción que aceptar un pedido de sus editores: retratar la movida punk que se estaba gestando en Inglaterra y que marcaría la historia de la contracultura mundial. Kreimer tenía 32 años, venía de trabajar en diarios y revistas argentinos tomando aquello que los periodistas cultos no tomaban o ni siquiera entendían: las bandas emergentes de rock. No era punk. No llevaba esa vida. Pero se lanzó a documentar el fenómeno. Observó su nacimiento, acompañó oscilando entre la comprensión y la crítica, dejó testimonio de esa experiencia y hoy, a la distancia, se anima a decir que resonó con ellos. El libro Punk: La muerte joven (editado en Barcelona en 1978), escrito a contrapelo de la historia, no pasó desapercibido. Se reeditó varias veces y en 2015 Planeta decidió lanzarlo en una versión aumentada y corregida, con ilustraciones y fotos originales, y un texto a modo de epílogo que cuarenta años después invita a cerrar el ciclo: Punk. La muerte joven e historias paralelas.

Pil Trafa (Enrique Chalar), pionero del punk argentino, cantante y compositor en la legendaria banda Los Violadores, lo leyó. Y cuando la editorial lo invitó a escribir su propia historia a modo de biografía dijo que sólo la haría en una especie de mano a mano con Kreimer.

Más allá del bien y del punk. Ideas provocadoras (Planeta 2017) se llama el libro que el escritor y periodista tejió en el diálogo con el ex líder de Los Violadores. El recorrido no se agota en los grandes hitos, las anécdotas y la experiencia de más de treinta y cinco años de dos protagonistas de la escena punk, sino que bucea en las raíces filosóficas y sociales de un movimiento que, lejos de haberse agotado, sigue teniendo proyección y expansión en pleno siglo XXI.

Las largas charlas que mantuvieron en lugares bien distintos como la casa del cantante en Perú, las aguas termales de Machu Picchu, bares porteños o limeños, en la trastienda de los ensayos de Los Violadores previos a su vuelta en 2016 al Luna Park, se mezclan con las voces de otros (pensadores, docentes, periodistas) que a modo de contexto dan una perspectiva interdisciplinaria de la movida que en Argentina coincidió con la salida de la dictadura, la guerra de Malvinas y los primeros tiempos de la democracia. Era 2015, Kreimer subió al escenario del Punk Fest en Vorterix mientras se hacían los cambios para pasar de Stuka y Los Fusers a Pil y Los Violadores. Micrófono en mano, habló a la multitud: "Aunque muchos de ustedes tengan familia y trabajen muchas horas por semana y hayan acotado ciertas costumbres, en cada uno de ustedes hay alguien que sigue siendo aquel punk. La buena noticia que vengo a traerles es que ese alguien de ustedes, que en su momento avergonzó a sus familias, compañeros de colegio y confrontó a la sociedad, ese chico raro al que muchas veces les costó sostener, y al que muchas veces debieron sacar de la cana, es el mejor de ustedes". Buscar capa por capa, bucear para sacar lo mejor de uno mismo es para Kreimer la quintaesencia de la punkitud.

EM_DASH¿Cómo fue tu llegada al punk o, más bien, cómo llegaste a Pil y a Los Violadores?

—Era el año 1982 y acababa de volver al país. Si bien en ese momento ya me estaba apartando del periodismo cultural o, mejor dicho, contracultural, me enteré de que había un recital de Los Violadores en el Auditorio Kraft. Y me encantó la idea de ir a ver algo con artistas locales. Me encontré con que las letras que cantaban no eran copias de otras canciones, si bien tenían la estética de la música rápida, de pocos acordes, estas letras hablaban de la represión. Para ese entonces, sentía que había cerrado un ciclo. Me había ido del país en 1975. En esa época trabajaba en redacciones de revistas y diarios y los periodistas de la parte más culta no se metían en eso del rock y el punk, entonces aprovechaba y escribía sobre mis amigos y gente que conocía que tocaba y hacía cosas que me gustaban. Ellos me lo dejaban a mí y yo lo tomaba con gusto porque un poco le puse palabras a todo ese movimiento. Pero al regreso al país sentí que más importante para mi trabajo como comunicador era ponerme al servicio de la reconstrucción. Veníamos de la dictadura y fue ahí que fundé la revista Uno Mismo, una publicación de autoconocimiento, de sanación, de solidaridad, de otras cosas que nos hacían falta. Y no podía estar en dos ambientes. Y debo admitir que yo no tenía conciencia del trabajo que había hecho mi libro en Argentina.

EM_DASHTe referís a Punk. La muerte joven, editado en Barcelona en 1978 y que en 2015 no sólo se reeditó sino que además lo ampliaste.

—Cuando me pidieron reeditar Punk. La muerte joven ya tenía unas cinco ediciones, de las cuales algunas las hice yo mismo. Desde la editorial me sugirieron que le agregara algunas partes al libro inicial. Cuando me puse a escribir tenía tanto material guardado de aquella época que escribí cien páginas más y me di cuenta de que era otro libro. No toqué ni una coma del anterior pero le agregué atrás "Historias paralelas". Me gustó escribir sobre eso porque hablaba de mi vida, de las personas que había conocido y además me permití escribir bien, que es algo que a mí me gusta. No solamente informar como quien informa de un día para el otro en un diario, sino escribir desde lo que sentía, desde la garra. Salió y tuvo cierta repercusión. Al principio creí que iba a ser una especie de revival, pero empecé a recibir llamados de algunas personas y un día me llaman de la Editorial Planeta contándome que Pil había leído el libro, que estaba contento con la nueva versión y que le ofrecieron escribir a él pero que les respondió que no lo hacía si no lo escribíamos juntos. Y entonces yo, que estaba en otra, sentí que ese imprevisto me estaba invitando a hacerlo. Y me dije: ¿por qué no? Entonces me fui a Lima a reunirme con Pil que vive en Perú y por compromisos laborales no podía venir. Y además si él venía iba a ser un reportaje. Viajar a Perú me permitía verlo en su ambiente. Así que nos tomamos una semana, nos fuimos a Cuzco, nos íbamos al barrio Barranco en Lima a desayunar y grabábamos horas, trabajamos por Skype, lo acompañé a los ensayos de Los Violadores. Mientras él no estaba me di cuenta de que estaba su historia y que él citaba a muchas personas que estaban alrededor suyo y que estuvieron cerca de su vida, así que pensé en hablar del contexto que lo rodeaba e hice otros reportajes. Cineastas, políticos, hay muchos estudiantes que tomaron al punk como fenómeno emergente. El texto con la vida de él y el contexto que me pareció que había que armar.

—¿Y cómo le encontraste el formato a este libro que es un ida y vuelta con Pil pero que tiene historia, entrevistas y reflexiones tuyas también?
—Cuando nos reunimos dijimos que no queríamos una biografía tipo bronce, usar su vida como si fuera una novela y como si fuera el crecimiento de un chico de barrio que tenía tal familia de clase media y que un día empieza a soñar, de lo que le pasa con la música, tomarlo asimismo como elementos de una ficción que es la vida de él aunque podría ser inventada por un novelista. Entonces es interesante porque al aceptar la vida tal cual era sin querer encumbrarlo empezamos a hablar muy naturalmente, muy de verdad, hablamos algunos temas varias veces, para entender lo que pasaba, no sólo para entender los hechos sino los imaginarios que movían esos hechos, de repente todos los pensamientos, ideales, aspiraciones que estaban en juego, para llegar a ese lugar. Había pasado por marchas, contramarchas, dudas. Y en la carrera de un artista siempre hay muchos saltos, no es una línea recta, tuvo momentos fáciles, pero también muy difíciles.

—Tanto es así que también está el momento de la separación de la banda...
— Los egos de los compañeros, los propios, el ambiente, el rechazo de los demás rockeros. Porque los grupos de rock se separan en su mejor momento. Uno dice: "Qué tontos, justo ahora que les va bien". Pero para llegar a esos momentos, pasaron por muchas situaciones que a veces no las pueden procesar. Y hasta hay bronca, hay peleas, como en las parejas, irse de gira y vivir veinticuatro horas juntos, maneras de ser, que irritan. Pudimos empezar a hablar para contar qué pasó y cómo fue la historia de cuatro chicos que vivieron la represión, una multinacional como Sony se entusiasmaba con ellos, y qué pasaba con ellos que esa pasión por crear se convertía en una obligación de producir un disco por año. A veces es más fácil subir que mantenerse arriba.
—Y además del punk pareciera que hace años que con Pil comparten otras filosofías. Vos desde el zen y él desde el tai-chi...
—Pil se dio cuenta de que para poder seguir cantando no podía llevar el tipo de vida de excesos que llevaba cuando era joven. En un momento tuvo que empezar a hacer ejercicio, mantenerse, y encontró en las artes marciales una manera de sacar su furia, mover el cuerpo, su energía. En mi caso yo hacía mucho que meditaba. Soy budista y digo que rápidamente soy no budista, es decir, un paso más que ser budista. No ser nada. Encontramos que muchos de los principios fundamentales del budismo y tradiciones orientales tenían mucho que ver con el punk, no solamente Pil y yo. Hasta Johnny Rotten habla de eso. O Patti Smith, que es la madrina del punk, con el Dalai Lama. Lo que ambas corrientes están diciendo es que hay que buscar sacarse las capas que va poniendo el sistema alrededor tuyo y que te condicionan para ser otro. Y llega un momento en que te olvidas de quién sos, de lo que querías ser, de lo que sentís. Desaprender todo eso que aprendiste y llegar a ver y aceptar lo que es. Por cierto, que eso no borra el sentido crítico pero si da una actitud muy diferente para hacer las cosas. Y Pil, si bien no es un gran lector de budismo, tiene una filosofía muy parecida a la de los que hacemos zen. Tanto en el budismo como en el zen hay más que una teoría y una práctica. Pil en la música hace una rutina bastante budista.

—¿Y qué hay del lugar de las mujeres en el punk?
—El punk nace de dos mujeres, Patti Smith con toda su lírica y toda su actitud. Y Vivienne Westwood, que le hacía la cabeza a Malcolm McLaren sobre lo que tenía que hacer. Westwood era una chica que tenía una visión de la gran jugada. Las ideas fueron de la mujer, pero él era el que la llevaba a la práctica. La que le decía que había que ser más agresivo, que tal canción tal cosa, o que convenía que la movida promocional se hiciera con mucho escándalo. Fue la ideóloga. Había varios grupos de bandas femeninas, por cierto los varones copan la escena pero había más bandas de mujeres en el punk que en el rock. Nunca supe bien por qué.

—¿Cómo ves al punk hoy?
—No hay ninguna banda punk nueva. Ninguna de la que pueda decir: "Esta es la banda punk del momento". Pero si decimos que el punk no existe, entonces no existe. Y si decimos que vive, entonces vive. Digamos que por suerte se desprendió de la tradición punk y se quedó con el espíritu punk. O sea que tomó los ideales y los sigue llevando adelante. Trascendió por completo el fenómeno musical, tanto que en cierta forma hasta empezó a decaer como género. Hoy es difícil encontrar una canción punk que pegue tanto como en su momento pegó Represión, de Los Violadores. Lo que existe hoy es la actitud de muchos músicos que vienen de entonces, del público que aún sigue acompañando y de muchas personas que sin llamarse punks siguen esa línea de pensamiento filosófico y existencial y tienen actitudes en la vida que son muy punk. Uno puede ver eso en mucha gente que hace teatro, en algunos escritores jóvenes, en esas personas que hacen algún tipo de arte o están en alguna movida creativa. También en algún tipo de militancia social. Hay gente joven que tiene una manera de pensar muy parecida al punk y que en una de esas están yendo a las cárceles a enseñar a otros a leer y escribir. El punk salió de ese rechazo hacia un sistema opresor que no tenía en cuenta estos valores. Con los años esas ideas se fueron asimilando y hay muchos más punks de espíritu de lo que la gente cree. Hay montones de editores, de sellos independientes, de gente que está haciendo películas por su cuenta y por fuera de las corporaciones y del Estado. Y eso es punk.

El hombre que medita en dos ruedas

La bicicleta llegó a la vida de Juan Carlos Kreimer como a la de cualquiera. Tenía cinco años cuando se subió por primera vez a una. La diferencia es que él nunca dejó la bici y ella tampoco lo abandonó. Siempre tuvo una. Cuando vivía en Castelar, en los años sesenta cuando se mudó a la Capital y casi todos tenían motoneta. Más tarde, cuando se fue a vivir fuera del país y se dio cuenta de que pedalear era mucho más barato que viajar en subte. Pero sobre todo, era más atractivo. Vivía en Londres y pensaba: "¿Cómo voy a pasar por debajo de la ciudad viendo paredes negras? Mejor ir por arriba, en bicicleta". El momento de pasear se le hacía fantástico. Y al volver a la Argentina ya casi en la lona y sin un mango se volvió a subir a la bici. "Con más razón. Era pobre", dice y agrega: "El tiempo que perdía si iba en colectivo me di cuenta de que rendía más si iba con la bici. Luego, cuando nacieron mis hijos los llevaba al colegio en bicicleta". No vino en dos ruedas a Rosario, simplemente porque no podía. Pero ya sabe que al bajar del micro lo primero que hará será subirse a una para hacer las cosas que tenga que hacer. Kreimer también tomó apuntes sobre el arte de pedalear. Y un día, comentando el asunto con un editor de Planeta, salió la idea de publicar. El libro se llama Bici Zen. Ciclismo urbano como meditación y ha sido traducido a varios idiomas: ruso, italiano, turco, alemán, inglés. "A veces hay que dejarse fluir. Uno muchas veces trabaja un año y se esfuerza, y pasa que nadie te quiere publicar o que te publican pero nadie te lee. Y de repente hay que seguir el envión", dice. Como en la bici.

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