Periodistas

Leila Guerriero: "Cuesta tener algo para decir que no tenga que ver con lo que está pasando"

En diálogo con La Capital, una de las mejores cronistas de la lengua española contó cómo pasa los días de aislamiento en Buenos Aires

Domingo 27 de Septiembre de 2020

"Hay enfermedades empeñosas. Su rastro viene de lejos y se aferró con fuerza endémica a provincias como Corrientes, Formosa, Entre Ríos, Misiones, Chaco. Y, desde allí llegó a Buenos Aires. No parecía seguir ninguna lógica al elegir sus víctimas y no había tratamiento efectivo". El párrafo tiene trampas, saltos, y parece referirse al virus del que todos hablan y escriben desde hace seis meses en el mundo entero. Pero no. No se trata de un retrato del coronavirus, sino de la lepra, y está extraído de un texto publicado en 2009 por la periodista Leila Guerriero, quien como si se tratara de un loop vuelve por estos días a escribir sobre una enfermedad contagiosa que nadie puede dejar de evocar aunque quiera.

Esta mujer nacida en 1967 en Junín es una autora errante de crónicas emblemáticas (una de las últimas transformadas en libro es "Opus Gelber. Retrato de un pianista" sobre Bruno Gelber). También escribe columnas de opinión que se publican en distintos medios de América y Europa. Es editora y tallerista. Guerriero encontró varias resonancias semánticas entre aquel texto que se publicó en La Nación y los que escribe hoy, en cuarentena, puertas adentro de la casa que comparte con su pareja y dos gatas. Un encierro que es casi un escarnio para alguien que hasta antes de la pandemia no se cansaba de decir que "el oficio de periodista no se ejerce encerrado en una redacción diez horas".

El aislamiento obligado no la detuvo. Miró la vida desde el balcón, dio más clases de periodismo narrativo que nunca y escribió porque dice que si no lo hace no vive. Pero tiene claro que no es momento para grandes cosas, como sería encarar el proyecto de la crónica de su vida.

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_La cuarentena obligó a muchos a reconfigurar el oficio periodístico y hasta a escribir siempre sobre el mismo tema. ¿Te pasó algo de esto?

-Las respuestas son muy personales. Cuando empezó todo esto leí sobre cómo impactaba la pandemia en la creatividad de los escritores de ficción. Algunos decían que no podían hacer casi nada más que escribir sobre esta situación porque le resultaba muy invasiva y otros escritores, en cambio, siguieron con proyectos empezados. Pensando en espejo, lo que a mí me pasó fue pensar que no es el momento de hacer el gran proyecto de crónica de mi vida. Si esto se prolongara me haría un planteo más profundo. He hecho algunas entrevistas, estoy escribiendo columnas (en el diario El País, de Madrid). Si no escribiera, no podría vivir. Si no lo hago todos los días, lo hago en la semana y si no escribo en mi cabeza, aunque no ponga las letras en la pantalla. Pero esa escritura se hace ahora ardua por la falta de estímulo externo. Cuesta tener algo para decir que no tenga que ver con lo que está pasando. Es decir, todos tenemos cosas para decir de la pandemia, pero una como autora no puede estar batiendo siempre el mismo parche. Me esfuerzo en buscar otros temas y los encuentro aunque la pandemia se cuele y terminemos siempre hablando de ella.

_¿Lo contrario sería forzar el presente, hacer que no pasa nada?

-Sí y fue una posición que impregnó todo, sobre todo cuando comenzó la pandemia. No sólo los medios hacían como que no pasaba nada. Y me parece que eso producto de una época en que el bienestar, el confort y el disfrute tienen un valor por sobre toda experiencia que tenga que ver con lo introspectivo o sentir melancolía, como si fuera un peligro o algo negativo, que mejor no hablar. Veía en esa imposición de "quedate en casa a disfrutar, mirar pelis, hacer gimnasia y cocinar", un discurso monolítico dirigido a determinadas clases sociales y no a la mayoría de la gente. El 80 por ciento de la sociedad no estaba tomada en cuenta en ese discurso, Por ejemplo las mujeres del trabajo doméstico, brutalmente invisibilizadas. Me produce mucha irritación porque soy periodista, alguien que ve el mundo y lo cuenta y no se puede no contar eso.

_Ahora se hace mucho eje y se empieza a escuchar de manera recurrente la palabra "cansancio".

-Es una palabra muy livianita para disfrazar a una pulsión oscura y hasta es irrespetuosa para mucha gente que parece no tener siquiera derecho para estar cansada, porque no tiene trabajo o como no puede ir a su trabajo no le pagan, o está conviviendo en una pareja conflictiva y con muchos chicos. La falta de perspectiva es para mí lo que abruma, lo que aniquila la psiquis en estos días que parecen todos iguales. La perpetuación indefinida de todo esto es lo que nos pone mal, no el cansancio. Creo que si aún con cansancio físico nos dijeran que esto se termina en una fecha, estaríamos más aliviados.

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_¿Cual es el tema del relato que sobrevuela esta pandemia?

-Para mí el miedo, más que la enfermedad. Miedo al contagio, a la muerte propia, a la de mis seres queridos, a perder el trabajo, a tener trabajo y poder perderlo, a si me va a gustar la vida que tendré después de esto, a si veré a mi familia que vive a quinientos kilómetros si le llega a pasar algo o me pasa algo a mí. Hoy en día todo es un drama: que se te rompa un caño, o un diente. O como le pasó a un amigo de Colombia quien me dijo que le dolía el oído: no sabía qué hacer ni a quien llamar, si ir o no ir al hospital, cómo ir; no sabía si lo atenderían o si por el contrario lo dejarían en la puerta. Es miedo a lidiar con el imprevisto mínimo, una pequeña tragedia angustiante.

_¿Y cómo seguir escribiendo sobre lo mismo sin sentir que ya está todo dicho?

-No hay recetas pero no creo que pase por buscar lo atractivo sino con qué conecto ahora, qué es lo que le interesa y afecta a mucha gente. Creo que se han producido muchos textos buenos en esta pandemia, más allá del aluvión, de diarios personales o Twitters. Muchos los hicieron muy desgarrados, hasta con ingenio o un humor muy negro. En algún momento pasaremos a escribir de otras cosas.

_ ¿A partir del Covid repensaste tu trabajo del hospital Sommers, el último leprosario del país en General Rodríguez?

-Volví rápidamente a él y a otros textos que no eran míos sobre VIH. Ví muchas consonancias y resonancias en el campo semántico. Esto de estigmatizar al contagiad, la figura del sospechoso, el aislamiento, el temor al contagio, el confinamiento, la falta de información que en ese caso era terrible porque se engañaba al paciente para llevarlo al leprosario y se le decía que se quedaría un día y algunos llegaron a vivir allí 30 años. También la denuncia, porque si bien la lepra y el covid son enfermedades de denuncia obligatoria, el impacto que produce denunciar a una víctima es heavy.

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_ Vos decís que no te formaste en talleres sino leyendo y mirando cine, pero das desde hace años muchos talleres y ahora virtualmente. ¿Cómo te llevaste con los zoom?

-No me cuesta la tecnología pero reconozco que es un sobreesfuerzo el de lograr presencia en ausencia. Este año di más talleres que nunca. Y aclaro, yo no los hice, no porque no los necesitara, tal vez, sino porque cuando empecé con el oficio en los 90 no se dictaban tantos talleres de periodismo, sí había de literatura. Recuerdo que me quise postular en uno de (Ryszard) Kapuscinski, en el 2002, en Buenos Aires pero no quedé elegida y ya no me postulé más. La idea de que yo dé talleres me la ofrecieron desde el exterior. Cuando empecé tenía sólo dos estantes de libros periodísticos...

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_¿Y ahora?

-Ahora uno...dos...tres... (cuenta desde donde está sentada y se detiene en el estante 20).

_Pensaba que te quedaste afuera del taller del periodista y ensayista polaco Kapuscinski y qué diría si se enterara aquél pasante embelesado que alguna vez dijo de vos: "Si sale el muñeco de Leila, me lo compro”.

-A todos nos puede pasar quedar afuera, por qué habría de ser la excepción. Y con respecto a esa anécdota, ¡sí!, qué risa, alguien me dijo eso del muñeco alguna vez. También me pasó que un periodista que fue a un seminario me regaló una muñeco articulado del jugador de básquet Gigante González, un personaje sobre el que hice un perfil. Aún lo tengo acá en mi biblioteca. Me parecen comentarios y gestos encantadores, de dimensión humana, una forma de conexión, aunque a veces se puedan dirigir a mí nerviosos, tembleques . Yo pasé por lo mismo.

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_¿Con quiénes?

-Ahora no recuerdo particularmente, pero he preparado tres días cómo acercarme a un entrevistado importante y hasta cómo saludarlo, y luego sólo me salió sólo un "hola".

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