Cultura y Libros

La libertad de los cuerpos

En su reciente libro Somos Belén la periodista Ana Correa plantea cuestiones candentes de la condición femenina en el marco de un momento histórico crucial para el avance de los derechos de género.

Domingo 22 de Marzo de 2020

Belén no es Belén pero todas somos Belén. El nombre ficticio protege la verdadera identidad de la joven tucumana que pasó 29 meses presa tras un aborto espontáneo. Tampoco hay un rostro que nos muestre a Belén. Hay en su lugar una máscara o, mejor dicho, muchas máscaras que sirven para resguardar su imagen pero también para multiplicarla y que todas tengamos su cara. Porque Belén es una y somos todas.

Y es esa insignia blanca —que en agosto de 2016 cuando la joven recuperó su libertad recorrió el mundo— ilustra sobre un fondo verde la portada de Somos Belén (editado por Planeta), de Ana Correa, presentado en diciembre de 2019. La del libro de Correa no fue una presentación cualquiera. Esa noche, en el auditorio de la Facultad de Derecho, no sólo estaban Belén, las máscaras, los pañuelos verdes (que son desde hace quince años el símbolo de la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito), también estaba el que entonces era presidente electo: Alberto Fernández. Su presencia no hizo más que enfatizar lo que ya había adelantado en la campaña electoral y lo que terminó de ratificar en en la apertura de las sesiones legislativas del 1º de marzo donde también rodeado de pañuelos verdes dijo: "La sociedad debe respetar la libertad individual a disponer libremente de sus cuerpos".

Si algo quiso hacer saber la periodista y activista Ana Correa con su libro Somos Belén fue que esa libertad de decidir no estaba dada en Argentina, y que además en el país había mujeres privadas de su libertad por haber abortado.

"Durante el debate por la interrupción legal del embarazo sentí una mezcla de frustración, tristeza y sensación de injusticia, porque fueron muchos los legisladores que mintieron diciendo que en Argentina no había mujeres presas por aborto. Y quienes sí sabíamos de este tema, que hasta hace poco no aparecía en los grandes medios, conocíamos que había existido el caso de Belén", dice Correa.

El logro de la autora no es sólo contar un caso que hasta el momento no había sido contado, también hacer que una historia particular cruce fronteras —como la propia lucha por el aborto legal— y se haga carne en una geografía trasnacional.

Correa viajó a Tucumán, donde reconstruyó el proceso judicial revictimizante por el que pasó Belén desde que quedó detenida el 21 de marzo de 2014, pero no se queda solo ahí. La escritura hace un puente entre la vida pasada de Belén y su presente en Constitución, Buenos Aires. Es así que la historia se reescribe a partir de ese hecho pero también del mundo íntimo y los vínculos que habita: su madre, su hermana, su sobrina a la que le hace muñecos de peluche desde la cárcel, su ex novio, su actual compañero, la lectura, sus abogadas a las que llama "ángeles" y la amistad con las demás presas.

El libro cuenta con un prólogo de Margaret Atwood, la consagrada narradora canadiense y autora de El cuento de la criada, una novela de ficción pero con mucho de relato testimonial. Ahí Atwood narra la historia de Defred, secuestrada por el Estado junto a otras mujeres con un único mandato: poner su cuerpo al servicio de parir. La protagonista de la novela —escrita por la autora canadiense en los años ochenta— registra sus vivencias en una serie de cuadernos que esconde con la esperanza de que alguna vez alguien los descubra y los saque a la luz.

Dar a conocer una historia individual y a la vez colectiva fue el deseo que movió a Correa para escribir en clave feminista una historia política, conmovedora y refulgente a la vez. Y de paso contarle al mundo que la República de Gilead (de la que escribió Atwood) en algunos lugares como Tucumán parece más una realidad que una distopía.

EN_DASHBelén no dio casi notas. ¿Cómo llegaste a ella y cómo se estableció el vínculo de intimidad entre las dos para que te contara su historia?

—Cuando tomé la decisión de escribir el libro para mí era fundamental saber si Belén fundamentalmente, pero también su abogada, estaban de acuerdo en hacerlo. Me contacté primero con Soledad Deza, su abogada, y ella fue quien le consultó sobre la posibilidad de encontrarnos para que le contara la idea de escribir el libro. Hablamos por teléfono y quedamos en un encuentro en el lugar en el que estaba trabajando. Ella primero me hizo varias preguntas. Le preocupaba sobre todo que la reconstrucción de la historia no implicara molestar a su familia, ya que habían sufrido mucho con todo el caso, ni que trascendiera su verdadera identidad. La verdad es que fuimos generando un vínculo de confianza desde el primer momento. No se trataba de pararme frente a ella para hacerle preguntas, íbamos teniendo conversaciones en donde yo escuchaba lo que ella tenía ganas de contar.

EN_DASHEn el libro te centrás en el caso de Belén, pero a la vez queda claro que no es un caso aislado. ¿Qué reflexión haces de esto que es como ir de lo particular a lo general, o como decimos en el feminismo: "lo que le pasa a una les pasa a todas"?

—Es tal cual lo planteás, por eso el título del libro. El "Somos Belén" es una forma de decir que cada una de las violencias que vivió Belén las han vivido muchas otras mujeres. Belén no es la única mujer que fue acusada de homicidio por un aborto espontáneo. Parece increíble pero al día de hoy en la Argentina se denuncian penalmente eventos obstétricos adversos. No todas las mujeres terminan presas, pero al tener esa amenaza el sistema (de salud, judicial, estatal) las trata como personas que carecen de derecho, pasan a ser sujetos que pueden y son perseguidos y maltratados por el Estado.

EN_DASHAparecen datos de un Informe de la Defensoría General de la Nación donde se analizan las causas penales por aborto. Son pocas en todo el país, pero Tucumán no entregó esos datos junto con otras provincias. ¿Qué relación hay entre la clandestinidad y el rol de los Estados en no adherir a los protocolo?

—Hubo tres provincias que no informaron sobre causas penales por aborto: Salta, San Juan y Tucumán. Según el informe de la DGN, entre el 2011 y el 2016 hubo 167 causas por aborto propio, de las cuales 7 fueron en la Provincia de Santa Fe. De todas maneras es importante señalar que más allá de las cifras informadas, la clandestinidad es peor en las provincias que no han adherido al protocolo de aborto legal y en la que hay altas tasas de embarazo adolescente. En provincias como Santa Fe o distritos como la Ciudad de Buenos Aires, hay casos penalizados, lo cual es gravísimo. Pero hay provincias en las que ni siquiera se judicializan pero la tortura a las mujeres y niñas es muy grave: Tucumán, Salta, Jujuy, Formosa y Chaco, por nombrar algunas.

EN_DASHEl libro cuenta con un prólogo de Margaret Atwood. ¿Cómo fue pasar del deseo de que la autora firme el prólogo a que eso se haga realidad? ¿Qué significó para vos leer El cuento de la criada?

—Cuando leí El cuento de la criada me pareció que, además de ser una gran novela, era un manifiesto feminista. La forma en que describe lo que padecemos las mujeres cuando nos imponen tolerar el maltrato, por ejemplo. También me impactó que en el prólogo Atwood se refiriera al robo de bebés durante la dictadura argentina como uno de los antecedentes en que está inspirado el libro. Así como en el debate sobre la legalización del aborto me pareció que una persona que se iba a conmover mucho era la autora canadiense, cuando más me metía en la historia de Belén y la de Tucumán, me convencía de que a ella le iba a interesar saber que hay lugares en los que Gilead es casi una realidad. Contar con el prólogo de Atwood habla de la generosidad inmensa de ella, y de su compromiso absoluto con la defensa de los derechos de las mujeres en todo el mundo. En lo personal por supuesto que fue una gran emoción, no sé si podría describirla. Desde lo colectivo, ayuda a sentir que no estamos solas las que reclamamos simplemente porque cese la tortura institucionalizada a mujeres y niñas.

EN_DASHA lo largo del libro aparece el llanto como algo recurrente. Hasta hay un capítulo que se llama "Llorar". ¿Cómo reapropiarnos desde el feminismo de algo que siempre estuvo asociado a un exceso de emocionalidad o a un signo de debilidad de las mujeres?

—Eso es algo que me surgió cuando hacía las entrevistas para el libro. De repente descubría heroínas y mujeres que habían logrado dar vuelta un sistema judicial perverso pero que al hablar lloraban. Y contaban cómo habían llorado. A la propia Belén le decían la llorona en un momento en la cárcel. Me quedé pensando en cómo puede ser que nos avergoncemos por llorar. ¿Desde cuándo llorar es una debilidad? ¿Por qué esa construcción que además nos culpabiliza por tener empatía? Entonces me aventuré a decir que el feminismo también nos enseña que llorar no es una debilidad, nunca más avergonzarse por eso. Vergüenza tienen que tener los que con indiferencia absoluta son capaces de condenar a una mujer sólo por ser mujer.

EN_DASHMientras se debatía en el Congreso la ley de interrupción legal del embarazo escribiste un texto personal en La Agenda de Buenos Aires y el artículo tuvo muchísima repercusión. Ahí recordabas un momento durísimo de tu vida que aparece en menor medida pero mencionado en el libro. ¿Cómo fue trabajar también en ese registro de la primera persona con parte de tu biografía personal?

—El libro está escrito desde ese registro de primera persona y pasa a la segunda en forma intermitente. Por un lado, no me salía de otra manera, por otra parte, cuando lo daba para leer a todos les parecía un plus. En la relación con Belén fue importante el momento en el que le conté que yo había pasado por una situación similar, aunque sin todas las penurias de la criminalización. Ante sus prevenciones sobre la difusión de la identidad lo que le transmití también fue eso, que la entendía perfecto. Una no siempre está preparada para contar lo que vivió sobre algo que la mayoría de la sociedad lo relaciona con un crimen. Yo tardé doce años en animarme a hablar. ¡Es un montón! Y porque creía que iba a poder ayudar en el debate lo hice. Me generó muchos problemas. Hasta los que se venden como aliados pueden castigarte por hablar. Pero también me hizo sentir más libre ser capaz de contar.

EN_DASH¿Y qué hay de esa red de mujeres (la periodista Celina de la Rosa, la cabo Candela, la primera en creerle al llegar al hospital, Soledad Deza y el equipo de abogadas feministas, la hermana de Belén que en 2019 terminó de pagar el crédito que sacó para costear los honorarios del primer abogado que tomó el caso y no hizo nada, las otras presas con las que Belén hizo un cartel de Ni Una Menos el 3 de junio de 2015, Yanina Muñoz, la militante de Mumalá que propuso en una asamblea usar las máscaras) que aparece en el libro tejiendo una trama sorora que sostiene a Belén?

—El libro contiene la parte más oscura de nuestra sociedad y también la más luminosa, la más revolucionaria. Es esa trama sorora de la que hablás. Es increíble lo que lograron esas mujeres, lo que logran tantas redes de mujeres y de personas no binarias para dar vuelta las injusticias. Suelo decir que no se asusten con el libro, que hay tragedia pero también, y fundamentalmente, optimismo. Si la marea feminista logró vencer ante una injusticia consolidada desde el patriarcado, mirá todo lo que podemos lograr para adelante. En lo inmediato, estoy convencida de que lograremos que en 2020 el derecho al aborto seguro y gratuito sea ley.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario