Cultura y Libros

La hora de la poesía

La flecha de la nostalgia, de Sebastián Villar Rojas, es un largo texto que oscila entre el amor, la mirada social y una visión cósmica, sin perder jamás el impulso rítmico.

Domingo 24 de Diciembre de 2017

El largo poema que compone este libro forma parte de una experiencia artística integral, ideada por Nicolás Bacal, que tomó como punto de partida el fenómeno de la hora oficial.

El poema fue leído y grabado por Eloí Cruz, la locutora que precisamente grabó la hora oficial en Brasil, emulando el tono robótico que había utilizado para congelar el tiempo en 1982, conforme explica el propio Bacal. Agrega que el resultado fue una pista de cincuenta minutos en un loop que insertamos en una línea nacional y gratuita.

El texto fue editado en una edición bilingüe ―castellano y francés―. En el mismo, la operadora brasileña como sujeto lírico emprende un largo monólogo interior, donde cíclicamente se construye el texto con la reiteración del motivo Observatorio nacional en la primera parte y luego con el uso de la pregunta como recurso reiterado, lo que sirve de base para que el poema acaezca en áreas diferentes, desde lo social, el amor ―o más concretamente las relaciones―, hasta la reflexión existencial entrelazada con referencias a la ciencia ―tiempo, espacio, universo―.

No resulta nada sencillo sostener con igual intensidad un texto único prolongado, si bien en este caso Villar Rojas logra darle un armazón que en buena parte del mismo arrima hallazgos de poeticidad, y que además posee valor autónomo por sobre el conjunto de la puesta en escena.

Por momentos puede remedar a cierta poesía de Leónidas Lamborghini, en tanto la estructura de un largo texto que se sostiene en repeticiones o giros. Además transita diferentes tonos, desde la pregunta acerca de "si ese cuadro de la barca/ a punto de ser comida por una ola/ ¿caerá algún día de su sueño?" hasta "un piyama party con todos mis ex novios".

Flecha efectivamente como símbolo inmediato del tiempo irreversible pero también de la nostalgia, matizando su paso inexorable y que en la voz de Eloí Cruz ―que es la voz del tiempo― se torna vivencia, recuerdo, dolor.

"Sí sé/ que el ritmo es un regalo de Dios" podemos atisbar que ese tiempo que no admite contemplaciones se puede sublimar en ritmo precisamente en el poema.

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