Cultura y Libros

La guardiana de los laberintos

La mujer que recorre el mundo hablando de Jorge Luis Borges y de literatura japonesa asegura que el escritor era un hombre muy divertido y continúa indignada por la "intervención" de Pablo Katchadjian sobre El Aleph. A los 81 años, aunque escribe "desde siempre", recién publicó Relatos, su primer libro, el año pasado. Una charla a fondo.

Sábado 13 de Octubre de 2018

El cabello inconfundible, lacio y gris. Los ojos que se achinan aún más cuando se ríe. Lleva unos anteojos de armazón calado, tan lindos como exóticos, que si no fueran de metal y comprados en Japón podrían ser de esos de cotillón que regalan en las fiestas.

A sus ochenta y un años conserva ese mismo aire angelical ―que no se condice con la furia que desata― de sus dieciséis, cuando ya posaba al lado de Jorge Luis Borges para las fotos. Más que una simple viuda, María Kodama es la guardiana del legado literario del escritor de los laberintos. La heredera orgullosa de defender con uñas y dientes toda su obra de plagios y manipulaciones.

Kodama se mueve con paciencia oriental por el lobby del hotel rosarino donde se aloja. La invitó la Asociación Católica San Patricio y llegó invitada para hablar de sus visitas a Dublín, de James Joyce, el Ulises y, por supuesto, de Borges. Mientras trata de sentarse en uno de los sillones para hacer la entrevista, una mujer la interrumpe, le estampa un beso rojo en la mejilla y le dice: "Disculpe, pero no podía irme sin saludar a la señora Kodama". Ella esboza una pequeña sonrisa, emite un "gracias" casi imperceptible y sigue su camino, como si nada. Tiene poca voz. Anoche festejó el cumpleaños ciento diecinueve de Borges y durmió menos de cuatro horas.

"Cuando sacamos la torta, como hacemos siempre, no sonó el Happy Birthday. Porque a Borges no le gustaba. En su lugar pusimos The Wall, de Pink Floyd, que es lo que sí le gustaba a él", confiesa Kodama de lo que fue la celebración post mórtem que se repite año a año.

Es que además de Bach, la música antigua y medieval, algo de folclore, milongas y los tangos de la guardia vieja, el escritor tenía un gusto por el rock y el pop. Según Kodama, no sólo le apasionaban los Beatles y Pink Floyd: también le atraía la música de los Rolling Stones. "Una vez nos sucedió algo muy divertido. Estábamos en el Hotel Palace de Madrid esperando que nos vinieran a buscar para cenar, cuando de pronto llega Mick Jagger. Se arrodilla ante Borges y le dice: «Maestro, yo lo admiro. He leído toda su obra». Y Borges le responde: «Discúlpeme. ¿Usted quién es, señor?». Y cuando Jagger le contesta, Borges le confiesa que él tenía gran admiración por los Rolling, y que escucharlos le daba mucha fuerza para escribir. Luego supimos de una performance de Jagger con un retrato de Borges detrás", cuenta.

Para muchos, Kodama es una mujer antipática. Para Borges, Kodama era nada menos que una samurai. Él decía que ella sabía luchar. Ella dice que él está en ella. Si existe la reencarnación, ella sostiene que se volverían a encontrar. Eso sí, ella en la próxima vida sería científica y él, sin dudas, volvería a ser escritor.


Borges, cerebro y sensualidad

Aunque Kodama se siente más cómoda hablando de Borges que de ella misma, reconoce que detrás de la intelectualidad y el cerebro del gran escritor había mucha sensualidad. "Son cosas que se sienten y no se pueden explicar", dice y remarca: "Él era muy divertido".

Kodama supo de Borges cuando tenía diez u once años. Fue ahí que cayó en sus manos un ejemplar de la revista Sur. "En ese momento no sabía nada de él. Y leo lo siguiente: «Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche». Y yo dije: «¿Qué es esto?». Lo leí sin entender una palabra de principio a fin, pero quedé presa de eso hasta el día de hoy", cuenta. Tal es así que si mandaran a quemar la obra de todos los escritores salvando solo una pieza, ella salvaría de toda la obra de Borges el cuento Las ruinas circulares sólo por esa oración.

―Hace tres años me invitan de la Fundación Sur porque iban a presentar un libro de Victoria Ocampo dedicado a Borges. Me lo dan para que escriba el prólogo y de pronto encuentro una página donde Victoria le dice a Borges algo acerca de una casa con un jardín y él le contesta que es la casa de la calle Anchorena donde escribió en una semana Las ruinas circulares. Él trabajaba en la biblioteca, comía con sus amigos, pero lo que le dice a ella es que solamente quería volver a esa casa para escribir con la intensidad de ese cuento. Esa intensidad es la que le pudo transmitir a una chica de once años que intelectualmente no entendía nada. Y esa intensidad me acompaña hasta hoy.

También recuerda que una profesora de inglés y literatura que sus padres contrataron para enseñarle la ayudó a terminar de ingresar al universo borgeano.

—Ella me leía lo que estaba leyendo sin decirme el autor, supongo que para que mis padres no supieran que me leía libros de adultos. Y luego me hacía un resumen, con lo cual yo estaba fascinada. Así llegué a los dos poemas ingleses de Borges. En uno de ellos le dice a la mujer que quiere: "Con el hambre de su corazón". Y yo le preguntaba a la profesora qué era eso del hambre del corazón. No lo entendía. Y ella me decía que cuando creciera me iba a dar cuenta de que eso era el amor. Pero por suerte, nunca sentí hambre de corazón. Nunca tuve un amor desdichado.

Aunque escribe desde chica, recién el año pasado publicó su libro Relatos, donde hay cuatro ficciones con eje en dilemas universales y están ilustradas por el pintor Alejandro Kokocinski. Y tampoco le interesa mucho hablar de su propia obra. La pregunta es: ¿por qué tardó tantos años en publicar? ¿Fue acaso por Borges que no lo hizo?

―Escribo desde chica, desde siempre. Pero nunca quise publicar. Borges, incluso, me animaba a hacerlo. Y yo no quería. Para mí escribir es como bailar. Me da placer, me hace sentir en libertad. Pero luego empiezan las exigencias, como con Borges, y entonces te dicen qué tenés que escribir, cuánto y cuando. Y yo no quiero exigencias en mi vida. Bastante las tengo y son creadas por otros, no por mí. Prefiero el placer.


Una chica fuera de época

Kodama se florea con que siempre esquivó el matrimonio, que era Borges el que quería casarse. Y se define como una mujer de carácter, libre y adelantada a su tiempo.

―Mis amigos de París siempre me dijeron que yo nací en otra época. Un día vinieron a visitarme a la Argentina y en una cena me dijeron: "María, tenemos que pedirte disculpas". "¿Por qué?", les pregunté. "Porque cuando éramos chicos y vos expresabas tus ideas, nosotros pensábamos que estabas loca. Y ahora nos dimos cuenta de que naciste antes de tiempo porque en la actualidad la juventud vive como vos lo hiciste siempre, de acuerdo a tus ideas. Hoy la gente vive en casas separadas, libremente, comparte tiempo cuando tiene ganas solamente".

Y según ella en eso se parecía y mucho a Borges. "Yo creo que él tenía un espíritu muy libre y sobre todo era muy divertido. Al menos, a mí me divertía. Recuerdo que les decía a mis amigos que vinieran a casa. Y ellos me decían: «No, con ese viejo y los laberintos, ni locos». Ellos se lo perdieron. Claro que el viejo de los laberintos escribía mucho, pero hablando y estando con él, era otra historia", sostiene.


Una obra universal

Sus detractores aseguran que nadie sabe de Kodama salvo si ha iniciado un nuevo juicio. El último pleito que la llevó a la tapa de todos los diarios fue contra el escritor Pablo Katchadjian, denunciado por Kodama por atentar contra la propiedad intelectual de Borges.

En 2009, Katchadjian publicó El Aleph engordado (Imprenta Argentina de Poesía). Se imprimieron poco más de doscientos ejemplares, que fueron distribuidos entre conocidos y amigos del mundillo literario porteño.

Según el autor, el trabajo de engordamiento tuvo una premisa: no alterar nada del texto original, ni quitar palabras, ni puntos, ni comas, ni siquiera modificar su orden inicial. Eso quiere decir que el texto de Borges se mantuvo intacto, pero intercalado con el de Katchadjian. Es así que las cuatro mil palabras del texto de Borges pasaron a ser nueve mil seiscientas.

Luego de apelaciones, idas y vueltas judiciales, cartas de apoyo de infinidad de escritores y escritoras (de hacerse el juicio, César Aira, Beatriz Sarlo y Jorge Panesi serían testigos) Katchadjian finalmente fue sobreseído en 2017.

Pero Kodama sigue tan ofuscada como cuando se enteró de la existencia de la obra. Y aunque muchos fueron los escritores que la acusaron de defender más a Borges como su propiedad que a la obra, ella no se mueve ni un centímetro de lo que piensa.


―¿Sigue viendo que fue delito lo del autor de El Aleph engordado?

―No solamente lo pienso, en España han puesto presa a la persona que plagió la obra de un autor. Tengo el recorte de mis amigos que me lo mandaron. En este caso, se trata de una persona que quiere montarse de otros para hacerse famoso. No sólo lo engordó, que es una palabra que hubiera matado a Borges, sino que además alteró el texto. Y eso, que hace la gente que no tiene posibilidad de salir por sí misma, es robar.


―Hubo mucha solidaridad de los escritores, hasta un acto muy importante en las puertas de la Biblioteca Nacional en apoyo a Katchadjian. ¿Cómo vivió eso?

―No tengo idea. No me importa. No estoy en el mundo de los escritores, no publico. No estoy en ese mundo. Mi mundo es el universitario. Si no pude enseñar fue porque era imposible tener una cátedra acompañando a Borges a todas partes, ahora reemplazo esa enseñanza dando conferencias de literatura japonesa y sobre Borges. Ese es mi mundo. No conozco otro.

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