Domingo 06 de Mayo de 2018
Fabián Burgos no es un artista más en el panorama plástico argentino. En su vasta obra, siempre controversial, se divisan dos hitos trascendentes, no solo en nuestro país sino para el resto de América. Con la instalación de una inmensa tela impresa de 34 por 88 metros sobre el Edificio del Plata en la avenida 9 de Julio de Buenos Aires, y otro vistoso mural pintado en la fachada del complejo de condominios Brickell Heights de Miami (en donde ―según sus propias palabras― lo conocen hasta los taxistas), Burgos "salió del placar" y adquirió una relevancia inhabitual para alguien que se dedica a la plástica.
Ajeno a solemnidades y especulaciones, nuestro hombre es un artista que trata de desmarcarse de los lugares comunes: no les teme a los rótulos, ni tampoco a marcar agenda con alguna declaración provocadora sobre cuestiones del arte. En una entrevista reciente disparó: "El arte verdaderamente revolucionario es silencioso, porque el silencio del trabajo en el taller puede inocularse en el sistema con más eficacia que saliendo en una tapa de revista o diario". Y agrega que la provocación solo sirve para fijar ideas y es una manía esnob con el objetivo de que el otro reaccione. Sin embargo, sí le otoga valor al gesto de patear el tablero con fines de ruptura.
En Rosario, la idea de la provocación en el arte no es extraña. Hace unos años se pintó la fachada completa del Museo Castagnino de negro, decisión que dio pie a una serie de críticas y discusiones acerca del efecto que se quería provocar, ya que no estaba muy claro si tal efecto se dirigía al público que frecuenta los museos, o más bien a los simples transeúntes de la ciudad. Acerca de esta anécdota, Burgos comentó: "Me hace acordar a aquella de cuando Ringo Starr se fue de vacaciones y le prestó la casa a Jimi Hendrix. Este, endemoniado y genio como era, le pintó todas las habitaciones de negro. ¡Cuando Ringo volvió lo quería matar! Aunque volviendo a ese gesto del arte para acompañar a la gente: es como ser músico y hacer un hit para que lo canten en la cancha, eso son los murales, algo muy vital, emotivo e importante para mí".
En el mundo de Burgos la creación estética recurre a diversos campos, entre ellos, la música: varias de las atmósferas de sus obras son como un disco de Pink Floyd o alguno de los Beatles, de los lisérgicos. Burgos trabaja con el espacio y no con el objeto, podría decirse que prefiere pintar la sombra de una botella, a la botella. "¡Exacto! Me parece que la sombra, el vacío, el espacio entre los objetos, me dicen más que el objeto mismo".
Sus obras abstractas son espacialidades hechas de pintura acrílica, un juego de ilusiones ópticas que ponen al espectador en otro plano, uno más lúdico, en donde el devenir de las formas es una mutación alrededor de las figuras geométricas.
En relación con las condiciones que debe tener un artista hoy para ingresar al circuito comercial, Burgos cree que las cosas han cambiado para mejor en relación, por ejemplo, con lo que sucedía tres décadas atrás, cuando él se fue haciendo un nombre en el mundillo del arte: "Quizás es un exceso de optimismo lo que te voy a decir, pero me da la impresión de que antes se podía engañar más con el efecto y la careteada. Me parece que desde los años ochenta a esta parte ―el hito lo marco en los ochenta, pues tomo el período de la dictadura como una pesadilla que ocultaba toda historia― la espesura de una obra tiene más protagonismo y ayuda a que el verdadero artista se posicione mejor".
Para Burgos el arte es político: "Es una posición frente al mundo. Aun con mecanismos inconscientes operamos en política mientras hacemos arte. El gran director de cine francés Jean-Luc Godard decía que un encuadre era una definición estética/ideológica, por lo tanto, política. Lo mismo se da para un color. La elección de un color es una decisión política".
Si hay algo a lo que Burgos no le tiene miedo es a las definiciones. En relación con el arte callejero, no vacila en señalar: "Lo que llaman street art, graffitis, murales callejeros, etcétera, me parece que parten de un concepto de literalidad unidireccional. Ya sea con su mirada estética o política, están más cerca de la certeza de la artesanía que del desconcierto y la insensatez del arte. Pero esto no pasa sólo en el street art o los grafitis, también puede ocurrir en un cuadro de caballete, una instalación, performance o escultura. Cuando el artista condiciona su mirada a certezas previas, es más un comunicador que un artista". Quizás un tanto como provocación, y quizás otro tanto por ser un outsider de la movida que se genera por fuera del museo y del canon artístico agrega, sin pelos en la lengua: "El arte callejero no me parece arte".
Fabian Burgos fue el artista elegido para inaugurar el Ciclo de Artes Visuales 2018 que organiza la Asociación Cultural El Círculo. Acerca de la muestra que está presentando en la sala Dr. Juan J. Trillas, Burgos comentó: "Por distintas razones, no hago una muestra individual desde hace cinco años, más o menos. Pasan los días y estoy cada vez más nervioso, porque me encuentro en un momento bisagra en mi vida como artista y persona. Creo que es una muestra con muchos quiebres y bisagras. Desde luego, estoy más nervioso que presentando los murales en Miami o la gigantografía en la 9 de Julio".
"Es como ser músico y hacer un hit para que lo canten en la cancha: eso son los murales, algo muy vital, emotivo e importante para mí", cuenta Burgos.
Bio
Fabián Burgos nació en Buenos Aires en 1962. Estudió con Luis Felipe Noé y luego en el taller de Ahuva Szlimowicz hasta 1988. En 1991 recibió una mención de honor en el Premio Nuevo Mundo para jóvenes artistas y ganó una beca para estudiar en el taller de Guillermo Kuitca. Durante ese período sus cuadros aún presentaban pinceladas fuertes y expresivas.
Sus pinturas ópticas surgen de su estudio de revistas científicas, que lo llevó a la conclusión de que la ciencia y el arte óptico son formas relacionadas de comunicar la verdad. En 2008 intervino en el programa de intervención urbana Arte en el Plata, organizado por los ministerios de Cultura y de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad de Buenos Aires y la Fundación Banco Ciudad. Su obra, titulada Velocidad, era una gran tela impresa de 34 por 88 metros, que cubría la fachada del Edificio del Plata y era visible desde la avenida 9 de Julio.
Burgos fue curador de las muestras Horas recientes (2000) y Resonancias (2002) y, como docente, dirigió varias clínicas de arte en su estudio y en Casa Bruzzone, Mar del Plata. Ha participado en exposiciones tales como Crimen & ornamento, Centro Cultural Parque de España (Rosario, 1994); Crimen es ornamento, Centro Cultural Ricardo Rojas (Buenos Aires, 1994); Rational Twist, Apex Space (Nueva York, 1996); El tao del arte, Centro Cultural Recoleta (Buenos Aires, 1997); Vértigo, Fundación Proa (Buenos Aires, 1997) y Arte abstracto (hoy) = fragilidad + resiliencia, Centro Cultural de España en Buenos Aires (2005). Vive y trabaja en la Capital Federal.
Data
“De la velocidad al cuadro inmóvil”, la muestra de Fabián Burgos, se puede visitar de lunes a viernes de 10 a 12.30 y de 16 a 20 en el teatro El Círculo. Va a estar expuesta hasta junio.