Cultura y Libros

La cuota de belleza de lo cotidiano

En Papá trajo a casa un cuatro ele, su séptimo libro, Diego Colomba amalgama en sólidos textos confesionales su particular mirada de la realidad

Sábado 15 de Diciembre de 2018

Lisandro González

Existe una serie de temas que resultan recurrentes en la obra de Diego Colomba —quien lleva publicado con Papá trajo a casa un cuatro ele su séptimo libro de poemas desde 2012—, tales como la infancia, la vida rural en un pueblo, la agonía y muerte de un padre, pero que en cada volumen se presentan con diferentes matices, con nuevos manejos y giros de la palabra.

En definitiva, no podemos terminar de escribir un libro y decidir que luego nuestras obsesiones sean diferentes. Menos si siguen pidiendo poesía, y menos aún si decantan en buena poesía, como en el caso de Colomba. Poeta que percibe "el ritmo alternante de una realidad que falla/ desaparece y se reanima/ en otra parte".

Sin secciones que lo dividan, "Papá…" alterna textos breves —de cierto tono oriental—, con otros más largos, algunos de los cuales rozan la forma prosística, utilizando los signos de puntuación pero prácticamente omitiendo el uso de las comas.

El conjunto de los temas visibles construye y trama texturas donde la realidad se transfigura por la mirada poética y se aviva con el pulso de lo existencial, la tensión de los cuestionamientos y la ambigüedad de la percepción. "Mientras contemplo/ el trigo/ llovido/ de los campos/ sé/ que todo/ —y nada—/ pertenece/ a este mundo". El poeta ve "una pelusa/ que flota/ en el aire" y se la lleva al poema; bebe agua "y se despide del mundo".

De hecho, la poesía en sí es también un tópico recurrente en estos versos con olor a polvo y tierra, que puede ser desde una supuesta gran verdad que parece oírse y se traduce en "apenas restos que quedan puras mentiras" —la experiencia de fracaso de la que hablaba Raúl Gustavo Aguirre—, hasta un "chispazo con que un mundo/ lo convida". Incluso en "Contra todo mal" establece una suerte de poética, enumerando aquellos elementos de la cotidianeidad que hacen la "materia/ poética/ del mundo", "íntima" y "extraña" a un mismo tiempo; y preguntándose el poeta —por más que luego se asuma como "ruina del tiempo"— por la posibilidad de un "inocente/ que vendrá a salvarnos".

Los textos semejan minuciosas y detalladas fotografías —en sepia, por qué no— de lo cotidiano y sus matices. Y esta tarea de construir imágenes de Colomba —incluso en aquellos poemas de más claro pulso narrativo, como "Un rumor fraterno" o "Redacción"— la caracteriza Marcelo Cutró precisamente como visiones que "podemos percibirlas como fotografías, pinturas, cortometrajes para ser proyectados en Súper 8, evocaciones familiares, o cine de autor".

De esta manera, Colomba consigue que un entorno que no siempre resplandece, con sus claroscuros, sus olores, se alce con la cuota de belleza que puede darle la poesía.

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