Cultura y Libros

"Jugar al fútbol es la sensación de que no estás sola"

La periodista y futbolista Ayelén Pujol escribió un libro donde cuenta la historia del deporte más popular en su versión femenina. Irreverente y lúcida, cuenta su historia, explica por qué el feminismo le resulta imprescindible y, sin huella de soberbia, dispara: "El futuro del fútbol es de las mujeres".

Domingo 15 de Septiembre de 2019

Para darles respuesta a sus interrogantes, la periodista Ayelén Pujol tuvo que transformarse en una arqueóloga: buscar cada pieza y armar el rompecabezas. Se enamoró del fútbol desde chiquita y asumió el juego desde el mayor disfrute. Sin embargo, a medida que crecía, chocaba con los prejuicios. Aunque por entonces no se hacía tantas preguntas. El "deber ser" hizo que ya pisando la adolescencia abandonara la actividad. De grande, sin embargo, volvió. Aunque esta vez con la cabeza llena de incógnitas acerca del fútbol femenino. La historia no habló nunca de las mujeres en este deporte. Pero estaban, y vaya si estaban. Con una trayectoria de más de cien años. Así se gestó ¡Qué jugadora!, el libro que recoge esos años ocultos pero fundamentales para que exista un presente y que rescata las historias de esas mujeres que tanto lucharon por pertenecer a un reducto tradicionalmente machista.

Enmarcada en un contexto de ebullición por el fútbol femenino, Ayelén Pujol dialogó con Cultura y Libros y, lejos de la timidez, explicó su amor por el deporte más popular de todos.

—¿Hiciste un libro reivindicatorio por donde se lo mire?

—Es difícil hablar de una misma. Creo que lo escribí para contar todas las historias que me hubieran gustado que me contaran a mí y a todas las mujeres que amamos el fútbol. Me parece que el libro que viene a llenar un vacío que es parte de nuestra identidad como país, teniendo en cuenta el lugar que ocupa el fútbol en nuestro ADN y en nuestra sociedad. En ese sentido las mujeres futbolistas no aparecían en los relatos. Estudié periodismo deportivo, estudié los grandes equipos, los inicios del fútbol, y en ningún caso había mujeres, no existíamos para la historia. Mi idea era hacer un aporte para poner sobre la mesa esta invisibilidad, esta inexistencia, este ocultamiento, y que no exista ninguna opresión más para nosotras en el fútbol.

—Contás prácticamente cien años de historia de fútbol femenino. Con tanto recorrido, ¿por qué creés que nadie pudo hacerlo antes?

—Tiene que ver con que la historia en general está contada o protagonizada por varones, las mujeres no aparecemos. En el fútbol pasaba lo mismo. Me tocó hacerlo a mí, pero ojalá a partir de ahora seamos más las que le pongamos voces al relato. También tenemos que ser más mujeres en el periodismo deportivo y en todos los ámbitos. El libro intenta ver qué pasa con el fútbol de arriba pero también con el de abajo, con el arbitraje, con los medios de comunicación. Qué pasa con las mujeres en general y en este caso con el fútbol.

—¿Cuándo fue el momento del "me pongo a escribir sobre esto"?

—Era algo que me circulaba en la cabeza desde hacía tiempo, esas preguntas que no tenían respuestas. De dónde venimos, quiénes fueron nuestras ídolas, por qué me das un póster de varones, por qué no tenemos referentes mujeres en el deporte más popular del planeta. Eso apareció desde hace unos cuantos años, lo transformé en una propuesta seria hace tres años y medio y estuve casi dos años investigando.

—Un buen equipo se arma de atrás para adelante con cuatro nombres fuertes que constituyen la columna vertebral. ¿Hay cuatro nombres o momentos que puedan marcarse como columna vertebral de esta historia?

—Sí, uno es sin dudas es el momento fundacional, que es cuando se da el primer partido, el 12 de octubre de 1923. Para mí misma fue un hallazgo, porque no podía creer que hiciera cien años casi que las mujeres jugamos al fútbol y lo que pasó en ese momento es lo que intento contar. Había un varón que había hecho la recaudación y después… Eso es como una historia que se repite a lo largo de la historia de las mujeres en el fútbol. Después me parece que el Mundial del 71, esa participación argentina y un partido contra Inglaterra 4 a 1 en el estadio Azteca con una mujer que hace cuatro goles, 15 años antes que los dos goles de Diego, hace el doble e inventa el escorpión…

—¿Y los otros dos?

—Después de eso el año 91, que es cuando la AFA decide organizar un torneo. Pero también, ¿no? Dirigentes que toman la posta de un trabajo que habían hecho dos mujeres que habían armado la Asociación Femenina de Fútbol Argentino, a fines de los 80. Lo que hizo en realidad la AFA fue tomar eso que ellas habían armado con tanto trabajo, Grondona y compañía, varones, y terminan organizando algo que es trabajo de otras pero dejando a las otras al costado. Y lo último me parece que está entre lo que pasó en 2018 con el Topo Gigio (así se plantaron las futbolistas argentinas en la Copa América para pedir ser escuchadas) y la lucha de Macarena Sánchez (a partir de su reclamo a la UAI Urquiza, que la dejó libre sin posibilidades de ir a otro club y entonces se instaló un debate que terminó en la firma de los primeros contratos profesionales en el país). Me parece que lo de Maca fue clave para el momento que estamos viviendo.

—Además de escribir sobre fútbol también lo jugás. Por eso, de los personajes que fuiste encontrando en esta historia, ¿con quién te hubiese gustado compartir cancha?

—(Se ríe) ¡A mi me hubiese gustado jugar con todas! Te digo la verdad, cada vez que hacía una entrevista me daban ganas de decir “te paso a buscar mañana y vamos a jugar”. Porque creo que hasta ahora, y espero que no se repita más, la historia de una es la historia de todas, que más o menos se repite. Todas te contaban lo mismo: recibieron agresiones, fueron tildadas de marimachos, varoneras, tortilleras. Y estaban solas hasta que algunas se encontraban con otras. Con las pioneras del 71 me hubiera gustado jugar con todas, ser suplente de ellas. Me hubiera encantado jugar con Betty García, con Amalia Flores o con la propia Maca Rodríguez en San Lorenzo.

—Hay algo que se repite en el libro y es que se señala al fútbol como sinónimo de felicidad pese a todos estos obstáculos. ¿Es así?

—Me parece que cuando tenés un deseo, eso es irrefrenable. Es una sensación salvaje que la tenés en el cuerpo. Para las mujeres el fútbol fue durante mucho tiempo un espacio prohibido, un espacio en el que te agredían, en el que no podías generar identidad. Porque no podías poner en tu currículum que eras futbolista, cuando para los varones es muy fácil asumir esa identidad. Vivir el fútbol con total libertad es eso, la sensación de felicidad que te da poder hacerlo cuerpo, pararte en una cancha, levantar la cabeza y tener a tus compañeras alrededor. Pasar la pelota, hacer un caño, un gol, festejar un campeonato pero también compartir una derrota. Es la sensación de que no estás sola.

—A vos también el prejuicio te pesó. Dejaste de jugar en la adolescencia para que no pensaran que eras lesbiana. Después volviste, ¿cuándo te despojaste de eso?

—No hay un momento sino varios, el último fue al escribir el libro. Un primer paso fue volver a jugar aunque sea en secreto, sin que lo sepa mucha gente. Personalmente creo que cuando el feminismo llegó a mi vida fue otro paso. Me parece que siempre hay procesos, pasos por dar, y eso me alegra un montón.

—Lo señalaste al principio y también en el libro hablás de árbitras y las mujeres en el periodismo deportivo. ¿Hay otro mundo muy cercano al fútbol femenino que todavía está retrasado?

—Hay un montón de pasos por dar. Veía que va a haber un torneo de Primera C de AFA en el que jugarán 18 equipos y todos tienen entrenadores varones, eso es fuerte. En el torneo de Primera hay una o dos entrenadoras mujeres. La selección argentina femenina nunca tuvo una entrenadora mujer. En AFA nunca hubo una dirigente mujer en fútbol femenino. Otra cosa, los contratos profesionales que se implementaron no son para todas sino para algunas. Todavía hay un montón por hacer. En el periodismo deportivo la mayoría de las secciones de deportes de los medios de comunicación están integradas por varones. Todos esos son pasos para dar.

—Planteás como inseparables el fútbol femenino y el feminismo, ¿por qué?

—Sí, porque hoy en día, en la sociedad en la que vivimos, que una mujer juegue al fútbol no es sólo que juegue al fútbol, son un montón de otras cosas. Porque estamos en una sociedad patriarcal que te impone qué tipo de mujer tenés que ser. A ese espacio (el del fútbol) no te lo enseñan como algo que podés vivir con libertad, creo que es algo completamente disruptivo y antisistema. En eso el feminismo tiene mucho que ver porque lo que muestra es que ese reducto que aún es machista no tiene por qué serlo y porque expuso sobre la mesa un montón de desigualdades y opresiones que estaban naturalizadas. Tienen que dejar de estarlo y eso me parece una transformación cultural increíble.

—En tu libro, Macarena Sánchez dice: “Yo me quedo acá a dar esta pelea. Porque el fútbol va a ser feminista, disidente y profesional”. ¿Va por ahí?

—Sí, totalmente, lo que hace el feminismo es generar conciencia en las futbolistas que naturalizaban un montón de violencia y empiezan a darse cuenta de que eso que parecía común no lo es. Que eso que parecía una posibilidad, un club que te daba un alojamiento en verdad no lo era, las estaban usando. Me parece que eso está cambiando y lo están cambiando las futbolistas en una alianza que no requirió un contrato firmado, una alianza social, un pacto de hermandad entre el feminismo y el fútbol.

—Señalás como Big Bang el partido fundacional en La Boca en 1923, ¿hubo otro Big Bang con lo que pasó este año con el Mundial de Francia, la vuelta del seleccionado femenino tras tres ediciones ausente y su difusión?

—No sé si un Big Bang si entendemos Big Bang como la creación de algo: había algo que ya estaba creado. Lo que pasa ahora, y esa es la idea del libro, es que esto no es una casualidad, es un volcán que entró en erupción y sucede porque tenemos un pasado, 100 años de historia y un montón de mujeres que pelearon para ir contra esto. Esas historias terminan haciendo que explote y que pase lo que pasa con Maca Sánchez, que pase lo que pasa con la selección argentina. Todo eso que ojalá, con este movimiento de la tierra, que tiembla, sirva para saber que hay cosas que no pueden pasar nunca más.

—En el libro decís: “Aún queda por responder qué es lo que en realidad se disputa cuando las mujeres juegan”. ¿Ya encontraste la explicación?

—Hay un montón de personas que están rompiendo las cabezas y los corazones y eso como sociedad nos hace muy bien. Pero creo que hay mucha resistencia todavía porque el fútbol produce un tipo de masculinidad, un tipo de sentido común que muchos lo viven como una amenaza. La verdad es que no estamos para robarle nada a nadie, de hecho que es un fútbol muy distinto al hegemónico, al que te exige que para ser campeón y macho tenés que agredir al otro, tenés que cantarle las canciones que le cantás en la cancha, tenés que ser parte de la cultura del aguante, tenés que orinar en la tribuna porque así sos más macho, o no te podés lesionar porque sos un puto, cagón o maricón.

—Con esta obra escrita y con todo lo que pasó en el último año, ¿en qué parte del camino se está pensando en un fútbol femenino argentino ideal, si es que lo hay?

—No creo que haya nada ideal. Sí hay un modelo femenino de fútbol que tenemos que es muy desigual, ¿no? Estamos en un momento de transformación. No sé si somos concientes de que a partir de este año por primera vez en la historia las mujeres futbolistas van a ser consideradas como trabajadoras, por ejemplo. Tuvieron que pasar por lo menos cien años desde la primera vez que jugamos. En cambio, los varones son profesionales desde la década del 30. Las condiciones están dadas para seguir avanzando y es un proceso que se da a nivel global. Creo que el futuro del fútbol es de las mujeres, por lo social, por lo político, por la potencia del movimiento feminista pero también por lo futbolístico, porque en un momento en el que el fútbol masculino es un fútbol de atletas, de corredores, vertiginoso, venimos a aportar otro tipo de juego, asumiendo incluso más riesgos. Priorizando la pausa, el caño, la jugada colectiva, rompiendo los esquemas en un momento en que lo otro empieza a aburrir con la lógica de éxito y de fracaso.

>> Un libro de lectura fluida

El libro de Ayelén Pujol recorre más de un siglo de fútbol femenino en la Argentina y reconstruye momentos excepcionales de los que prácticamente nunca se habló. La participación de “Las Pioneras” en el primer Mundial, el de México 1971, es uno de ellos. A la vez que reedifica historias con nombres propios que no son azarosas, porque abrieron las puertas, aun sin saberlo. ¿Quiénes fueron las primeras ídolas? ¿Dónde jugaban? ¿Quién fue la primera jugadora en pisar Europa? ¿En qué condiciones? ¿Por qué estallaron el Topo Gigio y la revolución que encabezó Macarena Sánchez? El hallazgo del primer partido disputado entre mujeres en el país en 1923 es la verdadera joya de esta obra que pretende poner luz allí donde los años instalaron la oscuridad. Con la complicidad del movimiento feminista, gran aliado, la lectura de ¡Qué jugadora! fluye como fluye una jugada aceitada en la que todo un equipo la toca de lado a lado.

>> “Esa chica es Maradona”

Ayelén Pujol nació en Monte Grande en 1982. Estudió periodismo deportivo en Deportea y trabajo social en la UBA. Escribió para las secciones deportivas de los principales medios nacionales y actualmente trabaja como free lancer, colaborando con Página/12 y La Nación y en la cooperativa audiovisual Argentina Multicolor. El año pasado fue elegida representante argentina en la votación para el Balón de Oro de fútbol femenino entregado por la revista France Football. Alguna vez, cuando despuntaba el vicio de jugar y la descosía entre varones en los torneos escolares escuchó que un compañerito decía “esa chica es Maradona”. Dejó pesar los prejuicios, largó la pelota y volvió de grande para cerrar el círculo de su gran pasión, entre otras cosas, mediante este libro. A mitad de año cubrió el Mundial de Francia, que marcó la vuelta de un seleccionado argentino femenino tras doce años, en el medio de una ola feminista y de reivindicaciones que pretende arrasar con todo.

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