Cultura y Libros

Guerra de Soda, esa manía de dibujar historietas

Jazmín Varela acaba de publicar su primer libro de historieta, Guerra de soda, un relato que puede ser leído como el tránsito de una niña hacia la adolescencia pero contado de una manera muy particular. El detalle hace la diferencia.

Domingo 19 de Noviembre de 2017

La protagonista de Guerra de soda es una niña muy particular. Cuenta su vida como entrando y saliendo de cuadro. Porque Guerra de soda es una historieta en formato libro. Jazmín Varela es su autora y es muy parecida a la protagonista. "Sí, sí, es autobiográfico", dice mientras una sonrisa cómplice le ilumina la cara. Jazmín es dibujante y Guerra de soda es su primer libro, creado a partir de un ejercicio en un taller. Dibujar para ella es algo natural, una suerte de mantra que la conecta de una manera especial con los colores. "Más que con materiales, yo dibujo con colores", dice sobre su forma de crear. Y destaca la importancia de dibujar con otros, una actitud que va como a contrapelo de la imagen del ilustrador solitario.

Dibujado y guionado por Jazmín, el libro comienza con una Jaz pequeña que va al jardín. Lejos de la imagen romántica del niño o niña que llega a la escolaridad con entusiasmo, la cuestión no parece sencilla. Y esa es una clave que se repetirá por todo el libro. A través de anécdotas más o menos pequeñas, incluso detalles, es posible ser parte de la historia de una niña que se convierte en adolescente lejos de los lugares comunes o impulsados por cierta industria de la narrativa. No hay princesas ni príncipes, tampoco superhéroes, sino más bien un conjunto de anécdotas contadas con cierto toque cómico y hasta irónico.

La autora narra desde su propia vida, pero lo hace de una manera particular. Sin dejar los hechos que marcaron su experiencia, busca el detalle, se ubica en la periferia de ese escenario y desde allí cuenta, dibuja.

El esfuerzo de una familia para que vaya a un buen colegio hará que la pequeña padezca ciertos ritos que aparecen como imposiciones pero que ella sabe sortear con astucia. La separación de los padres, abuelos contenedores ante las crisis, cumpleaños o una salida a tomar un helado sirven para traccionar la historia preciosamente dibujada. Y cada tanto alguna foto, a modo de intervención en la trama, reforzará la sospecha de lo autobiográfico en la historia.

Editado por un sello de Buenos Aires (Maten al Mensajero), con distribución nacional, Guerra de soda permite conocer los trazos de una dibujante rosarina que dialogó con Cultura y libros.

—¿Cómo es un día tuyo de trabajo?

—Me gusta trabajar desde Rosario. Vivo cerca de la Terminal de Ómnibus, tengo un local de camping. Un día mío arranca cuando me levanto, abro el local, arriba tengo mi casa. En invierno que viene poca gente subo a mi casa y me pongo a dibujar, por ahí tocan timbre, corto, bajo y atiendo. Después subo y sigo dibujando, así estoy la mayor parte del día. A a la tarde intento salir, juntarme con otros dibujantes, o hacer otra cosa porque trabajo, dibujo y vivo en el mismo lugar.

—¿Para vos dibujar se convirtió en un trabajo?

—A veces es un trabajo pero la mayor parte del tiempo, no. Depende si es dibujo, ilustración o historieta. En general si es ilustración ahí si se siente que es más un trabajo porque es algo que te encargan, que tengo que poner mi cabeza en función a la idea de otra persona. Pero cuando es historieta o dibujo, como todas las decisiones las tomo yo termina siendo más divertido. Para mí dibujar es como una especie de meditación, llega un momento en que entrás en un ritmo que es como repetir un mantra, te colgás. Es una cosa rara.

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—Imagino que como la mayoría empezaste a dibujar cuando eras chiquita. ¿Dibujabas un poco más que el resto?

— Sí, dibujaba mucho cuando era chica, creo que tiene que ver con el hecho de haber sido hija única y tener mucho tiempo de ocio o para estar sola. Después dejé de dibujar en la adolescencia y no sé bien por qué paso eso. Me reencontré con el dibujo cuando estudié diseño gráfico y ahí arranqué otra vez. Siempre tenía como presente que a mí me gustaba dibujar y también es como que tengo el recuerdo de que cuando era chiquita yo me decía "quiero ser dibujante". Creo que fue cuando terminé de cursar la carrera, que había tenido la materia Ilustración, descubrí que había posibilidades de vivir del dibujo. Esto fue hace ocho años. A partir de ese momento empecé a dibujar mucho, en el medio intenté dedicarme al diseño gráfico, me anoté en una agencia, empecé a trabajar ahí pero no me gustó. Después seguí dibujando con un estilo más infantil y tratando de trabajar de eso pero tampoco resultó, así que iba trabajando de lo que podía y sosteniendo el dibujo. Mientras, asistía a talleres.

—Supongo que para poder narrar tenés que ser muy observadora.

—Sí, tal cual, eso me gusta mucho, soy de anotar observaciones, hago listas para no olvidarme, después por ahí uso poco de eso, pero lo hago igual, me sirve.

—Publicaste un fanzine en la Editorial Municipal de Rosario y ahora Guerra de soda, ambos son bastante autorreferenciales...

—La Jaz que aparece en el libro creo que es bastante fiel a la Jazmín de esa época y a la de ahora. Casi todo lo que hice en historieta es autobiográfico, me resulta bastante natural arrancar por ahí. Todavía no probé de hacer algo que sea pura ficción, aunque, obvio, en lo que hago me tomo algunas licencias, no tengo tan buena memoria. Creo que hay algo terapéutico, es como volver un poco al pasado y resignificar un montón de cosas. Está bueno y lo disfruto, al menos por ahora. También creo que volver al pasado a través del dibujo es muy distinto a hacerlo sólo pensándolo. Al dibujar tenés mucho tiempo para pensar profundamente las cosas y también para pararte en la periferia de los problemas, en los detalles, en situaciones satélite de un gran problema que, me parece, es eso lo que construye un problema grande. Y me gusta como detenerme en eso, pensar, reírme. Hacerlo así no es algo denso y doloroso, sino que lo disfruto y me río.

—¿Cómo operan las fotos en la construcción de la historia?

—Se fue dando solo, algunas historias las empezaba a contar y recordaba la foto o al revés, como aparecía una foto, aparecía la historia para contar. La foto me permite transportarme a ese momento, y la foto no es solamente esa imagen sino también un montón de otras cosas en torno a ese momento.

—¿Cómo surgió el libro?

—El libro surgió hace dos años, yo no hacía historieta y con las chicas del Festival Furioso de Dibujo invitamos a Power Paola a dar un taller de historieta autobiográfica. Me anoté. Había un ejercicio que era contar en dos páginas una situación vergonzosa que hubiera sucedido en la niñez, y ahí salieron dos páginas que luego fueron parte del libro. Me divertí haciéndolas, y pensé "voy a agregar un par más a ver qué pasa" y terminé en un fanzine de diez páginas. Ese trabajo quedó como apartado, y el año pasado José Sainz (editor del libro) me comentó que estaban trabajando con Santi Kahn (editor responsable de Maten al Mensajero) en una colección nueva para este año y que quería proponer ese fanzine para publicar y así fue que quedó en la editorial.

—¿Qué es el Festival Furioso de Dibujo? ¿Vos sos una chica "furiosa"?

—Sí (risas). El festival surgió en 2014. Un grupo de dibujantes de Rosario decidimos juntarnos para dibujar porque en general es una actividad solitaria y está bueno poder compartirla. Y nos prestaron una sala en Lavardén, todos los jueves. Programamos una muestra para fin de año, como para darle un cierre a esa actividad. Y a medida que fuimos programando la muestra le agregamos una charla, después un taller y pensamos en invitar a alguien que hable de la gestión y se terminó transformando en un festival. Este año ya va por la cuarta edición, sumando voces y continuando con nuestra formación que eso fue lo que nos interesó siempre.

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—En tus trabajos se nota claramente una voz femenina, una necesidad de visibilizar una problemática que atraviesa a la sociedad.

—Siendo mujer es imposible correrse de ese lugar, y también hay cuestiones por crecer en esta sociedad. Y cuando tenés la oportunidad de expresarte para visibilizar determinadas situaciones, creo que hay que aprovechar esa oportunidad. No sé si en este libro en particular, pero ahora estoy trabajando justamente en eso, en un conjunto de retratos que ponen en practica la sororidad.

— Porque a la vez el ambiente del dibujo, de las historietas, estaba bastante copado por hombres y por sus miradas...
—Sí, puede ser, igual no creo que sea algo propio del dibujo o de la historieta, puede haber pasado con el dibujo como pasa con otra disciplina o actividad. A mí siempre me recibieron con muy buena onda. No viví discriminación en el ambiente del dibujo, sí lo vivo en el día a día en la sociedad.
—¿Y qué significa para vos haber sacado un libro en plena era digital?
—Para mí es muy importante, yo ya venía haciendo fanzines en papel, editados por mí o por otros. Sé que cuando hay una editorial hay respaldo, distribución, es más masivo. No me gusta trabajar en digital, me gusta pintar, usar lápices. Me gusta lo analógico.
—¿Cómo es tu trabajo?
—Puedo dibujar en cualquier lado, voy mucho de camping y dibujo en medio de la naturaleza. En mi casa tengo un espacio donde todo sucede ahí, una especie de living donde está la mesa donde dibujo. Mezclo mucho las técnicas, trabajo más por colores que por materiales, quizás por eso prefiero trabajar en mi casa porque tengo todo ahí, los acrílicos, las acuarelas, las témperas, voy eligiendo por colores y voy mezclando todos los materiales. El libro está hecho en microfibra, fue la primera vez que trabajé en microfibra, no estaba acostumbrada.

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Rosario, ese imán que atrae las miradas

Guerra de soda, de Jazmín Varela, se publicó en la editorial Maten al Mensajero. Surgida como una extensión de una revista de igual nombre, tiene su sede en Buenos Aires pero distribución nacional. Su editor responsable es Santiago Kahn y asegura que en Rosario hay como una suerte de imán que hace que las miradas se posen en esta ciudad. Casualidades o no, lo cierto es que el nombre de la editorial está inspirado en un cuento de Roberto Fontanarrosa.

"En Rosario pasan muchas cosas, tiene como un imán, siempre volvemos. En el caso concreto de la historieta, Crack, Bang, Boom es como que ordenó un montón de cuestiones y generó una suerte de calendario. En el que están la Feria del Libro, como gran evento del año, y Crack, Bang, Boom, un hito que marca el año nuevo de la historieta argentina. En la convención rosarina se dan grandes lanzamientos, firmas de contratos, se conocen nuevos autores. Rosario se ha convertido en lugar de gestación de lo que ocurre con la historieta en el país", sostiene Kahn.

La editorial publica sólo papel. Kahn con una sonrisa señala: "Somos luditas, queremos romper las máquinas para evitar el progreso. Creemos que todavía hay mucho de lo que tiene que ver con la discusión de la literatura, de las narrativas, que pasa por el papel. Porque la manera de producir sigue siendo a través del papel, porque el espacio principal de la lectura sigue siendo el papel. El desafío desde la editorial es llegar a más lugares, no sólo distribuimos en Buenos Aires sino también en Rosario, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, y todo el tiempo estamos tratando de ampliar esa red. Sabemos que hay muchos autores por descubrir".

José Sainz es un gestor cultural incansable. Desde Rosario, y hacia fin del año pasado, se sumó a la editorial y alteró un poco el plan. "Como en la revista tenemos un poco de todo, pensábamos sacar un par de historieta, un par de narrativa, pensando que de ese modo era un plan parejo, pero de historieta sacamos mucho más. Y ocurrió, primero, porque hay un montón de obra que está buenísima y luego porque al final del primer año conocimos a José. Fue él quien nos presentó un plan que terminó siendo una colección, de la cual este año sacamos tres libros, distintos estilos, distintos trazos, distintas ciudades, más o menos un mismo rango etáreo y el primer libro de cada uno", detalló Kahn.

La nueva colección de historieta de Maten al Mensajero, coordinada por Sainz, está dedicada a la producción de autores emergentes. Durante el 2017 fueron publicados Notas al pie, de Nacha Vollenweider; Lo salvaje, de Pablo Vigo, y Guerra de soda, de Jazmín Varela. En el 2018 saldrán Los huesos, de Juan Pez; La barranca de la muerte y otras historias, de Javier Velasco; Planes para toda la vida, de Antolín, Fiestas, de Victoria Rodríguez, y prometen más.


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