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Fotos de familia (1)

PoesíaEn una, ella mira hacia el frente, con los ojos entrecerrados y un gesto que tal vez quiso ser una sonrisa.

Domingo 29 de Diciembre de 2019

En una, ella mira

hacia el frente,

con los ojos

entrecerrados y un gesto

que tal vez quiso ser una

sonrisa.

La blusa de cuello redondo,

el saco de paño cuyo color

quedó olvidado para siempre

borrado por el blanco

y negro de la fotografía,

los pequeños aros

que parecen brillar aún,

enmarcan un rostro apacible,

una joven mujer cuya mirada

parece estar buscando allí

afuera el sentido de estar allí,

sentada e inmóvil esperando

el destello de ese fogonazo

que la aterra y emociona

a la vez.

Pienso, mirando esa imagen

que el tiempo

ha ido amarilleando,

que ella sabía que su rostro

detenido en ese rectángulo de

papel iba a ser, estaba segura,

tal vez el único recuerdo,

la única certidumbre a la que

acudir cuando la necesidad

de rescatarla del olvido

y de la disgregación que el

olvido provoca con crueldad,

nos acuciara una tarde

hasta obligarnos a buscar

esa fotografía, a volver a

mirar la blusa, el saco de

paño,

los aros, el gesto que tal

vez haya querido

convertirse en sonrisa.

Pienso por qué esa es

la única fotografía, la

mínima huella, el solitario

documento que testimonia

su presencia en la infancia

lejana,

en el patio de tierra,

en el cotidiano rito del balde

de agua para aquietar el

polvo impalpable del

verano.

No se fotografiaba la rutina

de la casa, los rostros de la

gente, las zanjas, el molino.

Ella sabía que todo eso

no quedaría guardado

en una imagen:

ni la felicidad ni los pesares

de su vida, ni el bullicio de

nuestro corretear sin descanso,

ni los árboles cuyas hojas

caían lentamente en el otoño.

Y que por eso, esa mirada

que la fotografía capturó

para siempre, no miraba hacia

afuera sino hacia adentro de ella

misma, buscando como nosotros

después, en el corazón mismo,

por qué no, la certeza

de que ese día en que

estuvo sentada e inmóvil,

esperando un luminoso

fogonazo, sería

un hilo que no se rompería

nunca, el vínculo que nos sigue

uniendo y convocando

en la luminosa oscuridad

de la noche.

Rafael Ielpi

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