Jueves 29 de Octubre de 2020
Para Florencia Bonelli no hay límites. Porque cada historia que escribe es un éxito. Y lo acaba de ratificar con la flamante publicación de "La tía Cósima", su último libro, que propone nuevas búsquedas pero que no por ello agota el fenómeno, al contrario. De hecho, a menos de un mes de su salida transita la tercera edición, con la primera agotada en preventa. Es la escritora de ficción más vendida en el país, con 3 millones de ejemplares a lo largo de su obra de más de 20 títulos y traducida a cuatro idiomas.
Florencia Bonelli, la gran referente de la narrativa romántica e histórica, irrumpe ahora en la escena con una nueva historia, contemporánea y cuya particularidad toca, en cierto sentido, su propia vida. Por eso la explica y la califica de "distinta" y "psicológica". Además remarca: "Lo importante es que nos sigamos enamorando porque creo que el amor es lo único que le da sentido a la vida, que la hace digna". Como desde el inicio de su carrera, como en este presente, sostiene que el amor es el eje.
Desde Suiza, donde vive, Bonelli habló mano a mano con La Capital y se refirió a las particularidades de "La Tía Cósima", el primer libro en el que la protagonista ronda los 50 años, como ella. Es novela contemporánea y se impone desde la narración en primera persona, un recurso que es arma de doble filo pero que experimenta con holgura no sólo desde la mirada de Cósima Facchinetti, la protagonista mujer de esta historia, sino también desde la de Ignacio Lanz Reuter, el otro personaje central. Lo hace con soltura, la misma que utiliza para explicar cómo la atravesó y confesar que en verdad este libro nació como un cuento y terminó no sólo siendo una novela sino también un modo de sanación para la protagonista y para ella como escritora, curativa de la angustia que provocan las injusticias y la crueldad humana.
Este libro también viene a imponerse desde la temática. Cósima Facchinetti es una psicóloga eminencia en el tratamiento del autismo en los niños, con una vida profesional consolidada y tranquila. Pero tiene un pasado que aún la lastima: haber sufrido bullying en su adolescencia. Sin embargo, un día esa vida apacible y segura da un giro inesperado, la pone de nuevo cara a cara con ese pasado y le exige analizar la opción del perdón, otro tema tan recurrente en la obra de esta novelista cordobesa que saltó a la fama con "Bodas de Odio" e "Indias Blancas".
¿La tía Cósima viene a romper un poco con los parámetros de tu propia obra?
Es una novela bastante diferente de las anteriores, nació de un modo diferente y por eso es distinta, tiene algunas cosas de las que enseguida las personas que conocen mi obra van a darse cuenta. Por ejemplo, yo siempre echo mano del recurso del narrador omnisciente y en este caso está escrito en primera persona, en la voz de Cósima y de Ignacio. Nació como un cuento en realidad, cuando escribo cuentos, no sé por qué, escribo así, en primera persona. Y esta novela fue un cuento que nació cuando hice una pausa en la investigación que estaba haciendo de la historia de La Diana que fue una historia durísima de investigar porque tuvo que ver con la guerra de Bosnia y las consecuencias que vinieron después, con el tráfico humano. Estaba muy abrumada por eso, necesité hacer una pausa para recuperarme, para tomar un poco de respiro, sanar un poco eso y empecé a escribir La tía Cósima (...). Cuando llegué a la página 400 me di cuenta de que esto era una novela, una novela muy distinta, una novela que no tiene conflicto bélico, ni cuestiones geopolíticas, ni espionaje, ni es armamentística, que es lo que viene caracterizando mi obra. Era una historia mucho más íntima. Una historia de sanación que ayuda a sanar a la protagonista pero que también me ayudó a sanar mucho a mí. Me di cuenta de que La Diana me había hecho mucho daño, más allá de que tiene un final feliz como todas mis historias, pero fue terrible. Esta historia me sanó, por eso es distinta. (...) Es distinta porque es más psicológica.
La novela trata el tema del bullying, un tema duro del que quizás hoy se hable un poco más que en otras épocas, ¿por qué decidiste abordarlo como eje?
Los novelistas, por lo menos yo, necesitamos sobre todo un gran conflicto: si una novela no tiene un gran conflicto es muy aburrida. Y, sin duda, que te hagan bullying deja una marca, por más que pasen años, por más que te hayas recibido en el primario o secundario hace 40 años. A mí me hacían bullying en los últimos años del primario porque era muy buena alumna. Hoy cualquier cosa puede ser motivo de bullying, que uses lentes o que no los uses, que seas lindo o que no lo seas, que seas alto o que seas flaco. Cualquier cosa porque, en realidad, la persona que ejerce el bullying tiene un gran dolor, una gran amargura y está enojada, cualquier cosa la enoja, hasta que pase un pájaro volando, entonces no importa por qué te hagan bullying, es porque quieren descargar el odio, que es el caso de este protagonista. Yo quería hacer la historia de una chica de mi edad, más o menos 50 años, y dije qué hay, qué conflicto se puede generar en la adolescencia que perdure para siempre: el bullying.
Otro tema que abordás es el perdón, que también está muy presente en tu obra, como en la Trilogía del Perdón, justamente. ¿Qué opinión te merece este tema?
Es notable pero siempre las historias en las que abordo el perdón son las más difíciles de aceptar por las lectoras. Es difícil perdonar, yo lo sé. Pasa que no me parece que haya otra vía si queremos que el mundo no siga siendo el manicomio que es. El perdón es una resolución personal difícil de tomar, lo reconozco, lo experimento en carne propia, es difícil. Lo que pasa es que cuando hay arrepentimiento del otro lado y hay una actitud que pide perdón es más fácil. También para deshacerse del rencor, porque el rencor te carcome. Es un tema que no puedo no tocarlo porque me nace. Me parece que esta es la única vía que tenemos como especie.
¿Cómo fue escribir en primera persona? Porque en este libro el relato va desde la mirada de Cósima pero también lo hacés desde la de un hombre, Ignacio Lanz Reuter.
El desafío fue hablar desde la mirada del hombre, ya de por sí somos bastantes distintos y ni te digo yo de Ignacio Lanz Roiter. El desafío fue lindísimo, todo el tiempo fue estar chequeando. Fue divertido. Un desafío que podía caer en la inverosimilitud, pero hasta ahora mis lectoras no han dicho nada de eso, al contrario, les ha gustado.
Tus lectoras parecen tener un papel muy importante en tu carrera. Más allá de los cambios que podés introducir en tus obras, ¿hay algo que no negocies respecto a lo que sabés que tus lectoras o lectores esperan?
Yo amo a mis lectoras, siempre lo digo, yo soy lo que mis lectoras me permiten ser, yo soy porque ellas quieren que sea escritora. Yo crecí y mis libros se han hecho populares gracias al boca a boca, a que los regalan, los comparten entre amigas, a que arman un club de lectura. Mis lectoras son súper importantes, las adoro y cuando viajo a la Argentina paso mucho tiempo con ellas. Pero cuando yo me siento a escribir, me siento a escribir para mí, yo soy la primera lectora, yo soy una lectora que escribe, no me considero escritora. Entonces, en realidad, no me siento limitada por lo que ellas dicen. Creo que somos demasiado poco libres los seres humanos como para que encima me venga a poner yo limitaciones en algo que me hace inmensamente feliz, que es escribir, que es cuando me siento más libre que nunca. Espero no hacerlo nunca porque creo que le quitaría mucho de la magia. Voy viendo, expandiéndome como ser humano y con eso se expande la literatura, pero no lo hago para satisfacer a los lectores, no porque perdería la magia y sobre todo la alegría, escribo lo que me nace del corazón y lo que a mi me gustaría leer.
¿De qué nos enamoramos?
Te enamorás de tantas cosas… Yo estoy enamorada de lo que hago, de mi oficio, de mi marido, de mis sobrinos. Todo el enamoramiento con distintos tenores, lo importante es que nos sigamos enamorando porque creo que el amor es lo único que le da sentido a la vida, que la hace digna. El tema es seguir enamorándose, de una causa, de un grupo de amigos, enamorarse, vivir en ese estado de perenne alegría que solamente te da el amor, porque cualquier otra cosa es fugaz.