Cultura y Libros

Entre el azar y el lenguaje

En el Museo Estévez se expone hasta fines de diciembre Mundo estampado, la obra reciente del artista Rodolfo Perassi. Los trabajos bordean la frágil línea entre pintura y escultura, y están referenciados en su niñez y sus queridos maestros de plástica

Domingo 17 de Diciembre de 2017

Rodolfo Perassi se mueve dentro del Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez como si fuera un espacio más de su propia casa. Y esta libertad no se sabe bien si le viene por los años que el artista trabajó ahí o porque la medianera de su casa está pegada a la de la antigua residencia de la familia Estévez. Lo cierto es que unos pocos pasos separan la puerta de su taller de las del museo. Un empleado del Estévez camina esa distancia mínima, toca a la puerta de Perassi y le avisa que un fotógrafo del diario lo busca para retratarlo. Perassi entra, saluda, pide con confianza un par de banquetas para sentarse y entonces comienza a hablar sobre Mundo estampado, la muestra que permanece hasta el 31 de diciembre y que reúne una serie de sus obras recientes que bordean la frágil línea entre pintura y escultura.
Los trabajos están confeccionados con pedazos de telas pegadas y luego pintadas en muchos colores. Los trozos textiles provienen de viejos jeans que el artista dejó de usar, de telas que recolecta en algunos de sus viajes y de otras que le suelen regalar. El arte de Perassi está investido de ese espíritu de reutilización. Hay detrás de cada obra suya una búsqueda de qué hacer con lo que está ahí adelante, deshecho, disperso, caótico. Pero al mismo tiempo disponible para ser unido, reconstruido, vuelto a significar. Es así que la mirada de Perassi está tan puesta en lo casual como en la pulsión por ordenarlo todo. Él mismo lo resume así: "Trabajo con el azar y con el lenguaje".
Quien mira estas obras contempla también la historia personal del artista, su mundo íntimo, su infancia. Es que Perassi se crió viendo a su mamá, modista del barrio, trabajar con retazos de tela. Ya de chico jugaba a unir esos recortes que ella dejaba de lado. "Sin darme cuenta fui usando algo que tenía mucho que ver con mi niñez. El trabajar con telas fue como volver a lo que veía hacer a mi madre, cortando y cosiendo rectángulos al modo del patchwork", cuenta.
También está metido en las obras ese movimiento de la ciudad hacia el campo para pasar las vacaciones de verano que remite al universo de su infancia. Las excursiones al taller de carpintería, las montañas de hierro que trepaba para escoger de ahí pedacitos, partes, pequeñas piezas de máquinas para rearmar lo propio.
"Comienzo por el dibujo, pintando y empleando fragmentos y pedazos", dice y continúa: "Como en un texto, un cuento, una novela acá la solución es el lenguaje. Nada te puede sacar adelante si no es el uso del lenguaje".
Su producción está basada en emociones, pensamientos, fragmentos de su historia personal que son moldeados por las distintas habilidades artesanales que maneja y también por la reflexión que le dieron tantos años de psicoanálisis.
Una de las obras que se expone en el Estévez y que ilustra el texto que escribió el curador Guillermo Fantoni es quizás el mejor ejemplo de este destello de la memoria ampliado por la experiencia psicoanalítica.
Cuando comenzó a hacerla recortó un gran pedazo de fibrofácil. De pie, lo miró desde arriba y enseguida se le clavó un viejo recuerdo. La forma dibujada en el suelo era idéntica a la de un cuero de vaca que de niño tenía apoyado al costado de su cama y usaba como alfombra. Luego reverberaron otras escenas vividas en su niñez en el campo, como la de una vaca a la que tuvieron que sacarle un ternero muerto de adentro y al día siguiente ella también terminó muriendo. Tal vez todos esos retazos terminaron por darle forma a la realización que, casualmente o no, tiene una perforación en el centro. Enseguida apareció el lenguaje y con él, el nombre de la obra le vino a la cabeza: Vaca muerta con ternero.
Madera, plástico, hierro, tela son los elementos que elige para poner en juego su trabajo. Su obra no siempre estuvo hecha de estos rezagos de distintos materiales. Perassi empezó dibujando. En sus comienzos predominaba lo surrealista y el elemento siempre presente —desde el inicio hasta hoy— es lo cromático, a partir del uso de colores muy fuertes. Trabajó con diversidad de materiales, fue artesano, diseñador de una cristalería y también se dedicó a la publicidad. Todos esos nutrientes de la plástica y las artes visuales están entre medio de las distintas capas de Mundo estampado, como también están los maestros a los que Perassi nombra en orden y casi como un mantra: Julián Usandizaga, Pedro Sinópoli y Juan Grela. "Se trata de que las influencias te pertenezcan y te sirvan. Esa es un poco la cuestión que me importa. Vos podés mezclar todo, son los permisos necesarios que te deja el encontrarte con personas que admirás. Ahora siento que los puedo mezclar", dice.
Perassi se inició en la plástica estudiando un poco en la Escuela Provincial de Artes Visuales y otro poco en la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. Su formación tomó curso sistemático estudiando dibujo y grabado con los maestros a los que tanto recuerda. Con Usandizaga entre 1972 y 1979, con Sinópoli de 1979 a 1980 y con Grela de 1982 a 1988. Con este último realizó un mural, en el cual como discípulo pudo intervenir a la par de su maestro.
Tampoco es casual que su mayor formación haya sido en talleres. Como si todo en Perassi se remontara a la infancia, como en el psicoanálisis —una de sus disciplinas constitutivas junto al arte—, en el inicio de su periplo educativo aparecen su padre Enzo y el bar que atendía. De chico, al volver de la escuela, Perassi tenía que atravesarlo para llegar a su casa. Y al hacerlo se encontraba con los parroquianos, hijos de inmigrantes anarquistas o marineros que anclaban en el puerto de Rosario. Y entonces el niño Rodolfo o Belmondo como lo bautizaron ahí mismo por su parecido con Jean-Paul, el actor francés, se interesaba por quedarse y escuchar las largas charlas. Recién llegado de clases, en esas mesas de bar se topó con otro tipo de educación. La que le enseñó a desconfiar de las instituciones y le dio las claves para rebelarse contra la educación más tradicional.
"Cuando vas a un taller sabés que vas a aprender y que no te van a mentir como en el colegio. El taller para mí no tenía ese cascarón propio de la educación formal. Como hagas las cosas en el taller siempre va a estar bien. Porque ahí no hay nada que aprobar, uno va al ritmo que tiene, a lo que puede y como puede", dice de aquello que aprendió y que hoy disfruta de enseñar a los que pasan por su propio taller.
Las obras que expone en Mundo estampado son similares en su planteo pero con variaciones de color y forma. Algunas hasta partieron de fragmentos de obras anteriores que, a través de un nuevo proceso, se convirtieron en otra cosa.
Así, lo que para cualquiera podría ser un inconveniente para Perassi se torna una posibilidad. En cada elemento azaroso que se le presenta, él ve cómo lo puede utilizar. Y siempre ese hacer es a partir del lenguaje. "En el fondo es tener un juego y jugarlo. Si empiezo a hacer algo y tengo claro lo que voy a hacer, inmediatamente dejo de hacerlo. Me aburre ir adonde ya sé que puedo llegar", dice. Y entonces hace lo que más le place: jugar.

Data
Mundo estampado
Museo de Arte Decorativo
Firma y Odilo Estévez
San Lorenzo 753
De 9 a 15 horas.

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