Cultura y Libros

"En un examen hay drama, comicidad y suspenso"

En su documental Las facultades, muy comentado en el festival, la joven directora Eloísa Solaas introduce su inquisitiva cámara en una situación muy especial.

Domingo 11 de Agosto de 2019

Registrando exámenes orales en distintos centros de estudios, Eloísa Solaas supo obtener –como quien logra sacarle lustre a un diamante en bruto– un muestrario de gestos, sensaciones y momentos tensos que disparan reflexiones diversas. No por nada su documental Las facultades (título que parece aludir a las partes de una universidad y, al mismo tiempo, a las capacidades de una persona) fue una de las producciones más comentadas por los asistentes al Bafici. Antes de su presentación en Rosario, Cultura y Libros dialogó con la joven directora.

–El gran tema de Las facultades parece ser la adquisición de saberes. ¿Tuviste también la intención de exponer el valor de la educación pública en estos tiempos en que desde algunos sectores es desprestigiada?

–En principio, la única intención que tuve fue meter una cámara en la situación de examen oral, escena que en sí misma tiene, o puede tener, mucha riqueza desde el punto de vista cinematográfico y documental. Hay suspenso, drama, comicidad y tensión. Por otro lado, me interesa todo lo que cuentan un rostro, los gestos, el primer plano. Finalmente, también tenía curiosidad por los contenidos de las materias, los lenguajes específicos de cada carrera y los lugares como fondo. Las cuestiones vinculadas al valor de la educación pública fueron apareciendo solas como parte de lo que iba encontrando en ese tejido. Sin dudas, creo en ese valor, pero no quise hacer una película celebratoria ni crítica de una práctica o de la universidad pública en general. De hecho, quería filmar también en universidades privadas, pero el recorte se fue definiendo ya que allí el sistema de evaluación oral es menos frecuente. Sí me interesaba observar el posible acceso a la universidad de alguien en condiciones muy marginales. Las cuestiones más políticas fueron apareciendo solas.

–Durante los exámenes circulan ideas sobre grandes temas por lo que tu película termina pareciendo un recorte de la sociedad, en el que asoman las problemáticas que inquietan a los seres humanos.

–Me interesaba la posibilidad de que hubiera conexiones entre temas muy generales desde distintas disciplinas, como para generar más consistencia y cohesión entre las partes. Algo de los temas universales me parecía necesario. Busqué materias bastante troncales, de primero o segundo año de las carreras, fáciles de identificar, con mucha resonancia en lo contemporáneo pero también con cierta atemporalidad. Y hay algo con la muerte. Aunque buscando un tono general vivo, plural y un final con características optimistas.

–Es interesante que no hayas recurrido a la ironía, aunque el material daba para eso.

–Lo que busqué fue presentar situaciones incómodas con las que todos nos pudiéramos identificar, sufrir un poco, reírnos como quien puede finalmente reírse de sí mismo y seguir adelante, porque de todo eso algo queda. No son actores sino chicos que están estudiando, no me interesaba su intimidad. Sólo el carácter íntimo de la situación pero en tanto escena pública. La búsqueda de conocimiento y superación es difícil pero también libera, se dirige a la transformación de uno mismo y a la de la comunidad, tal vez suena idealista pero creo que es así. Lo contrario sería la mirada morbosa o televisiva cuando se muestra a gente que se quiebra y queda totalmente expuesta, a veces humillada, para no hacer nada con eso.

–¿Por qué los espacios no son recorridos por la cámara?

–No estaba para nada interesada en la narrativa de las paredes o de las inscripciones en ellas. Todo lo que se ve tiene que ver con la acción que se desarrolla: rendir exámenes. Sí me gustaba la fuerza icónica de algunos planos muy generales de los edificios desde afuera, como un plano de situación clásico que luego puede pasar abruptamente a un plano muy corto y a una situación más íntima de un personaje. También me interesaba trabajar con detalle descriptivo los ambientes en términos sonoros, tanto en planos cortos como en el interior de las aulas.

–Los momentos en los que te detenés en las flores a las que aluden unas estudiantes, o en las cortinas de las ventanas de un aula movidas por el viento, alivian un poco la tensión.

–Básicamente busqué que la película respirara, que tuviera ritmo y que no fuera muy predecible en su despliegue visual, que mantuviera la atención del espectador sin dirigir demasiado la mirada. Ciertos planos, por funcionar como contraste con los anteriores, o por ser más contemplativos o bellos, ayudan a esta distensión o reseteo mental.

–Es curioso que casi no se ven teléfonos celulares ni carteles de los centros de estudiantes.

–Lo de los teléfonos celulares no lo había pensado. Supongo que es natural no tenerlos cerca durante un examen o mientras se está estudiando. Sí hay muchas botellitas de agua mineral y mate. Y respecto a los carteles, casi no hay en las aulas, que son los espacios en los que se desarrolla la acción principal. No me planteé evitarlos, simplemente están fuera de campo y hubiera sido artificial querer meterlos.

–¿Cómo lograste que quienes aparecen en el documental no se incomodaran al verse filmados?

–¡No lo logré! En general todos estaban incómodos. Aunque, en general, estaban más preocupados por el examen que por la cámara… Cuando el encuadre no requería correcciones en toma lo dejaba fijo, me alejaba de la cámara o miraba para otro lado y le pedía al sonidista que hiciera lo mismo. Otras veces trabajé con teleobjetivos, entonces de hecho no estaba muy cerca de ellos. Por supuesto que siempre se trató de equipos técnicos muy reducidos, como para que nuestra presencia no resultara invasiva.

–¿Por qué en un momento no se registra un examen sino una clase?

–En primer lugar, para que la película tuviera una forma abierta. Algo de terminar y empezar de nuevo: un nuevo cuatrimestre, seguir estudiando. Además cobró un sentido muy especial que el estudiante que apareciera allí fuera Jonathan (Argüello), a quien primero vemos estudiando y rindiendo en la cárcel. Cuando filmamos su parte sabíamos que le faltaba un año y medio para cumplir su condena, pero nunca consideramos que ese evento podía integrar la película por el cronograma de rodaje que teníamos planteado. Los tiempos no pudieron cumplirse, eso nos acercó al momento de la liberación y decidí filmarlo. Luego surgió la pregunta sobre la continuidad de sus estudios y sus posibilidades concretas. Tenía doce materias de sociología aprobadas pero ningún recurso y el peso de la cárcel. En Jonathan la cuestión de la transformación se jugaba de manera muy fuerte. En la secuencia del final se está presentando por primera vez a clase fuera del penal, en un aula llena de civiles. Se habla de la construcción de sentidos en la economía y él interviene justo en el final de un paneo involuntario. Hay algo muy encendido en ese momento.

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